
Título:“Transgresiones”
Técnica:Mixta sobre papel algodón
Dimensiones: 32X48 cm
Autora: Martha Baxin
Año de realización:2023
Título:“Transgresiones”
Técnica:Mixta sobre papel algodón
Dimensiones: 32X48 cm
Autora: Martha Baxin
Año de realización:2023
Título:"Viaje Imaginario en el Lago"
Técnica: Grabado en linóleo.
Autora: Violeta Juárez
2018.
Título:"Viaje Imaginario en el Lago"
Técnica:Grabado en linóleo.
Autora:Violeta Juárez
2018.
Por Javier Huaman
“Lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo lo llevas”
Séneca
Se había puesto su vestido más elegante, por la ciudad lucía sus finísimos zapatos, haciendo sentir con sus tacones firmeza y seguridad. Por donde iba enamoraba a más de un semental, pero ella no respondía a esas miradas lascivas y dándoles la espalda, disipaba alguna oportunidad amatoria.
Al llegar a su destino, indicó que tenía cita programada. Unos minutos después, la puerta del consultorio se abrió, ella ingresó con su elegante andar.
El doctor miró a contraluz las tomografías, leyó el informe médico y dio su diagnóstico con un tono a sermón rutinario:
―No hay nada que hacer, esto es irreversible, lo siento señora.
―¿Cuánto tiempo? ―preguntó ella, tratando de ser valiente.
―Seis meses, y le aconsejo que para entonces ponga en orden todos sus asuntos ―fue una frase imperativa.
Ella se quedó pensativa unos instantes, para luego marcharse, dejando en el aire del consultorio el aroma de su perfume.
Una vez en casa, ella cruzó la gran sala y corrió las cortinas; tras las ventanas, pudo ver el jardín y el ocaso de aquel inolvidable día. «Se muere el sol, se muere el día, me muero yo», pensó. Llevó a sus delgados labios un vaso de Gin & Tonic; poniendo el codo sobre la chimenea de mármol, y cuidando siempre; de no manchar unos papeles mecanografiados sobre el escritorio.
Sintió su vida flaquear, pronto viviría con un dolor agonizante. No quiso ponerse melancólica ni tampoco llorar, trató de ser de hierro, como le había enseñado su padre, pero no pudo, la cruda realidad era innegable. Se moría.
«Cómo es la vida, a mi mediana edad me viene a dar esta enfermedad, yo que todo el tiempo me cuidé, no lo entiendo» Dijo en la soledad de la habitación. Sacó un espejo de su bolso, todavía mantenía su hermosura, y así se la imaginaría siempre, incluso cuando llegue su hora final. Probó una copa más y siguió reflexionando: «En el colegio, la maestra decía, que todos los días muere una célula de nuestro cuerpo, sí, tenía razón, pero en mi caso son miles de células; y esto me empuja ante el inevitable fin».
El esposo llegó para saber cómo estaba su mujer, la encontró en la sala viendo la noche; y el rostro de la luna triste se ocultaba entre las nubes, impotente de consolarla. Ninguno de los dos habló, al cabo de unos instantes, sin perder su garbo; ella volteó a mirarlo, hubo cierta tensión, como en una pelea de gallos.
Ella dejó el vaso en el escritorio y le dijo:
—Hoy estuviste muy profesional en la consulta, tu diagnostico me sorprendió y aún trato de asimilarlo; pero lo que más me llamó la atención, fue tu frase: “le aconsejo que para entonces ponga en orden todos sus asuntos”. Escúchame querido, esos “asuntos” ya los puse en orden.
Y agarrando las hojas mecanografiadas, las aventó en la mesa:
—Son los papeles del divorcio, hoy los he firmado, ¡Vamos! ¡Cógelos! ¿No es eso lo que tanto querías? —exclamó, al mismo tiempo que se arrepentía de no haberlo hecho tiempo atrás.
Él quiso decir algo, pero ella con un ademán de que no la interrumpiera, continuó:
―En este momento de mi vida, solo puedo cargar una cruz, y esa es mi enfermedad. Y añadió una frase estoica: “No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho”. Y nuestro amor hace años que se perdió.¡Así que se acabó! Me marcho a disfrutar y resistir lo que me queda de vida; toma las llaves si quieres, y no me jodas más, ¡Adiós!
La puerta se cerró bruscamente, y solo quedó el eco del sonido de sus tacones.
Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar.
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?
El grito que destroza la barrera ontológica
En Ygrámul el Múltiple (cuarto capítulo de La historia interminable) Atreyu, dejando atrás el Pantano de la Tristeza, se interna en las Montañas Muertas, “un desierto de piedra en el que no había un ser vivo… ni siquiera los buitres que suelen seguir a los caminantes perdidos” (Ende, 2022, p. 77). Sabe que si sigue avanzando se encontrará en el Abismo Profundo con Ygrámul el Múltiple, terrible criatura que adopta innumerables formas y posee un veneno que, aunque mata en una hora, “da también a quien lo recibe la facultad de trasladarse al lugar de Fantasia que desee” (Ende, 2022, p. 86). En un intento desesperado por llegar al Oráculo del sur, Atreyu se deja envenenar.
Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo IV aborda varios tópicos filosóficos: la desesperanza y la pérdida del impulso para continuar, el compromiso con los demás, la relación entre lo real y lo imaginario, la exigencia de que el que gobierna respete la esencia de los seres, etc. En esta quinta entrega de La filosofía interminable de Ende, nos sumergimos en dicho apartado para reflexionar en torno a la conexión subyacente entre el libro y la realidad exterior.
El trueno que provoca esta filosófica reacción en cadena es un grito que proviene de otro mundo. Esta es la escena:
Atreyu camina al borde de un gran abismo y se encuentra con una gigantesca telaraña que cuelga de un extremo a otro. Atrapado en sus hilos hay un majestuoso dragón blanco y, mortificándolo, una extraña criatura compuesta de innumerables bichos azules que cambia continuamente de forma: “tan pronto parecía una araña gigante de grandes patas, muchos ojos ardientes… como se convertía en una gran mano de largas garras… y al momento siguiente se transformaba en un gigantesco escorpión negro” (Ende, 2022, p. 82).
Ygrámul, la bestia proteica que ataca al dragón de la suerte, siente la presencia de Atreyu y “da la vuelta con la rapidez de un relámpago, y su aspecto era horrible: ahora era sólo un rostro gigantesco de color azul acerado, con un único ojo” (Ende, 2022, p. 83).
En ese momento Ende cambia la tinta verde por la púrpura y apunta: “Bastián lanzó una pequeña exclamación de horror” (Ibidem.). Y, retomando el verde en el siguiente renglón, relata cómo “un grito de horror resonó en la garganta [de la montaña], rebotando de un lado a otro como un eco” (Ibidem.). Todos se sorprendieron porque no había alma humana que pudiera emitir sonido alguno en cientos de kilómetros a la redonda.
Un paréntesis: recordemos que La historia interminable está escrita en dos tintas: “en púrpura se narra lo que ocurre en el mundo real de Bastián y en verde lo que sucede en el mundo imaginario de Fantasia” (Garnica, 2024a). Y aunque ambos mundos conviven en “el no-lugar del lenguaje” (Foucault, 1968, p. 2), de acuerdo con la lógica interna del libro se trata de dos dimensiones insalvables.
Así pues, con un grito que nace en el “mundo real”, pero que se escucha en el “mundo imaginado”, Ende destroza una barrera ontológica.
Con la breve exclamación de horror de Bastián, La historia interminable se convierte en libro-rizoma que distribuye “en una sola página, en una misma playa: acontecimientos vividos, determinaciones históricas, conceptos pensados, individuos…” (Deleuze y Guattari 2002, p. 15), “no es una imagen o representación del mundo, sino que hace rizoma con él” (Garnica, 2020, p. 141). Como sugerimos en La infinitud exponencial del libro rizoma: el relato sin fin de Ende, al “estar escrito en dos tintas que jerarquizan ontológicamente lo narrado, sigue los principios de conexión y heterogeneidad y saluda al mundo exterior” (Garnica, 2024b).
Finalmente, iluminado por un relámpago de metaconciencia, Bastián, quien hasta el momento se considera un lector pasivo al margen de la historia, se cuestiona si los personajes del libro pudieron escuchar su grito, pero el sentido común le advierte: “No es posible” (Ende, 2022, p. 84).
Y tú, ¿de qué manera te conectas con el relato y con esta reflexión?, ¿qué ocurriría si agregas un comentario al final de este escrito?, ¿podría escucharte?
En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo IV de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que tratamos con un libro fantástico y peligroso que amenaza, mi querido lector, con convertirte en un personaje más del libro… “pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión” (Ende, 2022, p. 37).
Créditos de la imagen:
«Trato con la oscuridad por una luz de esperanza» ilustración de: Tomás «Yami» Hernández.
Referencias.
Deleuze, Guilles y Guattari, Félix (2002). Mil mesetas. Pre-Textos.
Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.
Foucault, Michel (1968). Las palabras y las cosas. Siglo XXI.
Garnica, Roberto (2020). Elementos para una escritura y una antropología rizomáticas. Cuicuilco Revista De Ciencias Antropológicas, 26(76), 129–151. Recuperado de https://revistas.inah.gob.mx/index.php/cuicuilco/article/view/15464
Garnica, Roberto (2024a). La aventura de la recursividad, en La filosofía interminable de Ende. Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2024/10/06/la-filosofia-interminable-de-ende-la-aventura-de-la-recursividad/
Garnica, Roberto (2024b). La infinitud exponencial del libro rizoma, en La filosofía interminable de Ende. Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2024/11/17/la-filosofia-interminable-de-ende-la-infinitud-exponencial-del-libro-rizoma/
Miguel Almanza
Despierta como antigua madre o destino indudable. Desde allá: lejos y hace tiempo, en una trayectoria constante como pensamiento se intensifica —no puede escapar de sí—; resucita del archivo muerto de la memoria como devorador de hombres, entre limo viviente, el último de la familia inesperado invade nuestras conciencias. Así llega este número hasta tu mirada, una colección de sueños y pesadillas de artistas mexicanos emergentes.
Las culturas chocan y luchan, se conocen y mezclan; lo quieran o no. Así lo mexicano, una amalgama surgida de culturas milenarias y conquistadores europeos. Es difícil definir lo mexicano como algo homogéneo, las generalizaciones inducen al error: el estereotipo es una parodia. Tal vez, una característica mexicana es la diversidad de formas, los colores y el alto contraste.
Un reflejo de ello es la comida, la mezcla del dulce y lo picante. Así también se busca la diversidad de voces y miradas en los estilos de ilustración y cuento, el uso de los símbolos endémicos es un recurso, pero no un requisito. Que ni el chovinismo o el nacionalismo nos engañe, lo que buscamos es autonomía de pensamiento.
La propuesta es mostrar una visión de lo mexicano sin caer en el cliché, sin generalizar; al contrario, tal vez lo mejor sea particularizar cada región, cada lengua relegada, cada historia no dicha. En estos cuentos e ilustraciones se implica la visión del creador, y a la vez, se representa su tiempo y espacio.
No basta que los sucesos ocurran en México, es la visión particular desde esta parte del mundo: la perspectiva de cómo se ve en lo cotidiano y lo fantástico aquello que da miedo, fascina y aterroriza: lo diferente. Es un llamado al autoconocimiento, a dejar de buscar en temas o arquetipos importados lo que siempre ha estado en nosotros; a revelarnos ante la colonización cultural y la guerra cognitiva que nos han dicho que lo nuestro no es suficientemente válido, bello o complejo.
Buscamos la perspectiva artística particular del mexicano(a) asumiéndose como tal, en un mundo cada vez más tecnologizado y globalizado. Y de esta perspectiva, esta colección da digno ejemplo.
«Ojo de Pez.»
Grabado en linóleo.
Violeta Juárez
2016.
Violeta Juárez
ARTISTA GRÁFICA
Diseñadora de la Comunicación Gráfica por la UAM y Maestría en curso de Artes Visuales con especialidad en Grabado en Posgrado de Artes y Diseño FAD-UNAM, Estancia Académica e investigación en la Universidad Politécnica de Valencia, Taller de Buril en La Universidad Politécnica de Valencia.
Incursión en diversos talleres como: talleres libres de Serigrafía Artística y Grabado en Academia de San Carlos UNAM, taller de Litografía en La Ceiba Gráfica A.C., Taller Veta Gráfica y Taller Nacional de la Universidad de las Artes de Aguascalientes.
Ha participado en diversas Ferias de grabado a nivel nacional e internacional
como La Guelaguetza Gráfica ‘19, el Salón de Mini Estampa ‘18, el Encuentro de Gráfica Libre e Independiente en Guadalajara, La Feria Nacional e Internacional de Grabado en Aguascalientes en diversas ediciones, Tianguis C.A.C.A.O. de la UNAM en Oaxaca, Exposición Mujeres Mexicanas México – UK, en Newcastle Inglaterra, así como reseñas culturales en la revista “Nolyx Anitnegra” de la Sociedad de grabadores Xylon de Argentina y publicación de imágenes en revistas y suplementos de periódicos como “La Soldadera” de Zacatecas,
referentes a la cultura y el arte en México Ha participado en diversas exposiciones colectivas, e intercambio de obra a nivel nacional e internacional.
Por Roberto Carlos Garnica Castro
La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias.
Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito meteorológico que me compartió el maestro Antonio Pérez Jiménez.
Juan Aktsin, el que retumba en el fondo del mar
Era 24 de junio al mediodía. De algún modo los animales y los sabios sentían en sus cuerpos la transición de la primavera al verano. La pequeña Sen (Lluvia) y su abuelo Kiwíkgolo, el Señor del monte, caminaban bajo la mirada del poderoso Chichiní (Sol).
—Abuelito, ¿es cierto que siempre llueve el día de San Juan? —inquirió Sen.
—Así ha sido desde tiempos inmemoriales —sentenció Kiwíkgolo.
—Pero, no está ni un poquito nublado.
—El andar de Kgatuxawat (la Naturaleza) es misterioso, mi río celeste.
En ese momento se escuchó un terrible estruendo que hizo brincar a Sen.
—¡Son truenos de tormenta abuelito!
—No, es el rugido de Juan Aktsin que está encadenado en el fondo del mar.
—¿Hablas del Señor del agua y el trueno? —preguntó asombrada.
—¿Quieres qué te cuente cómo amarraron a Juan Aktsin y lo exiliaron en el fondo del mar?
A Sen le brillaron los ojitos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.
—¡Sí, abuelito!
—Escucha mientras seguimos adelante.
Y fue así como, mientras los abrazaba el corpulento Chichiní y una nube gris florecía en el horizonte, Kiwíkgolo narró esta historia:
***
«Juan Aktsin era el aprendiz de los dioses y vivía con ellos. El pequeño nunca supo de dónde vino ni cuándo nació.
Un día que los dioses debían salir le encargaron el lugar.
—Nosotros no estaremos durante un tiempo. Por favor, cuida la casa —le dijeron.
Le hicieron muchas recomendaciones y, de manera especial, le advirtieron:
—Juan, por ningún motivo te acerques a este baúl.
Pero Juan Aktsin era muy curioso y no respetó la prohibición. No sólo se acercó al baúl, sino que lo tocó, lo abrió y hurgó en sus entrañas.
Allí descansaban una misteriosa capa y una espada brillante.
Se puso la capa y empezó a volar. Atravesó las nubes. Nunca había experimentado una emoción tan grande. Se sentía el Señor del cielo.
Entonces levantó la espada plateada y la agitó. Hasta el más leve movimiento de la poderosa punta producía un relámpago. A Juan le divirtió mucho eso: ver las luces multicolores, oír los ensordecedores truenos. Pero esa imprudencia abrió de par en par las compuertas del cielo y desató las tempestades prohibidas; el agua, el aire y el fuego amenazaban con destruir la tierra.
Cuando los dioses regresaron, se dieron cuenta del trascendental peligro y se preocuparon. Intentaron detener al travieso Juan, pero nadie pudo hacerlo.
La única persona que quizá podía evitar la catástrofe inminente era la Virgen.
—¿Podrías detener al chamaco? Sólo a ti te obedece —le rogaron.
—Veré qué puedo hacer —anunció Ella.
Sin embargo, Juan Aktsin tampoco le hizo caso a la Virgen, se había fundido con la capa y la espada.
Como último recurso, Ella le prometió:
—¡Tranquilízate, Juan! Si dejas todo eso, te regalaré uno de mis preciosos cabellos.
El joven aceptó; se quitó la capa y entregó la espada.
Entonces la Virgen se arrancó el cabello más largo y negro y se lo ofreció a Juan Aktsin.
Al muchacho se le encendieron los ojos y se le alegró el corazón. Pero en el momento que tomó el cabello éste se convirtió en irrompibles cadenas que lo sujetaron con fuerza.
Así apresado, los dioses lo arrojaron al fondo del mar.
—Allí te quedarás, Juan, hasta que descubras cuándo cumples años —lo sentenciaron.
Desde entonces, los días señalados, Juan Aktsin grita y pregunta cuándo es el día de su cumpleaños, pero ninguno de los dioses se lo revelará. No pueden liberarlo porque tomará otra vez la capa y la espada y provocará destrucción. No lo hace por maldad, sino por juego y diversión, para él las luces de los relámpagos y el ¡brooom!, ¡bruuum! de los truenos es pura fiesta».
***
—Y fue así, mi niña, como Juan Aktsin fue atado con cadenas y exiliado en el fondo del mar. Y cuando se escucha un fragor que parece trueno, incluso los días en los que el cielo está despejado, el grito no viene de arriba sino del fondo del mar, es Juan Aktsin que quiere saber cuándo es el día de su cumpleaños.
—¿Y cuándo cumple años, abuelito?
—El 24 de junio.
—Estoy un poco confundida, esta historia me recuerda la de Tajín y los siete truenos, ¿Juan Akstin es Aktsini-Tajín?, ¿es San Juan?, ¿quién es la Virgen?
—Sen, mi hermosa niña, ésas son otras historias y deben ser contadas en otra ocasión.
Agradecimiento:
Al maestro Antonio Pérez Jiménez, por compartirnos la historia de Juan Aktsin.
Crédito de la imagen:
Espartaco Garnica García. «La espada de Juan Aktsin»
Por Victor D. Manzo Ozeda
La multitud ruge. No es el rugido orgánico de los cuerpos amontonados bajo el sol abrasador del coliseo, pero es el mismo en su esencia. Un clamor sordo, pixelado, que se extiende por las redes como una marea incontenible. No hay arena, pero hay un escenario. No hay gladiadores, pero hay víctimas. La cultura de la cancelación no es otra cosa que el circo romano renacido, adaptado al siglo XXI: un espectáculo de condena pública donde el placer no está en la justicia, sino en el castigo.
Antes, los gladiadores luchaban por sus vidas mientras el público exigía sangre. Hoy, los «culpables» son arrastrados a la arena virtual, expuestos, despojados de contexto, y ofrecidos como sacrificios al dios de la moral moderna. El «cancelado» no es un humano; es un símbolo, un avatar de todo lo que el público rechaza en sí mismo. La multitud no lo odia por lo que hizo, sino porque en él se refleja su propia fragilidad, sus propios errores que, por suerte, todavía no han sido descubiertos.
Los emperadores ya no alzan el pulgar hacia arriba o hacia abajo; el juicio se dicta en hilos de Twitter, en foros, en comentarios replicados hasta la saciedad. Pero el veredicto es siempre el mismo: culpable. Porque en este circo no hay espacio para la absolución, para el arrepentimiento, para la redención. No se busca educar al acusado ni transformar al público. Solo se busca el espectáculo, la emoción efímera de ver a alguien caer.
La multitud cree que su furia es justicia, pero en realidad es hambre. Hambre de castigo, de sentir que su propia moralidad está intacta, de señalar con el dedo y gritar «¡no soy yo, es él!». Cancelar a alguien es el nuevo deporte de la época: una manera de demostrar superioridad sin necesidad de construir nada. En el coliseo romano, la violencia era física, brutal, inmediata. En el circo moderno, la violencia es simbólica, pero no menos devastadora. Y como en los viejos tiempos, cuando el espectáculo termina, la multitud se va a casa, satisfecha, esperando el próximo sacrificio.
Pero hay algo perverso en este circo contemporáneo, algo que lo distingue de su antecesor histórico. En el coliseo, los gladiadores sabían a lo que se enfrentaban. Entraban a la arena conscientes de su destino, preparados para luchar o morir. Hoy, nadie sabe cuándo será su turno. Cualquiera puede ser arrastrado a la arena sin previo aviso. Una palabra mal dicha, un comentario descontextualizado, un tuit de hace diez años. Las reglas no están claras, porque no hay reglas. Solo hay una multitud que observa, que espera, que ruge.
Y, como el coliseo, la cultura de la cancelación necesita víctimas para sobrevivir. Es un ciclo interminable, un motor que no puede detenerse porque vive de su propia destrucción. Si un día no hubiera nadie a quien cancelar, el circo se derrumbaría. Pero siempre habrá alguien, porque la multitud siempre encuentra una nueva razón para gritar. La cancelación no es el fin; es el medio. Un medio para perpetuar el ruido, para mantener viva la ilusión de que el mundo puede ser purificado a través del sacrificio.
Sin embargo, el verdadero espectáculo no está en la arena, sino en la multitud misma. Porque lo que el circo romano moderno revela no es la culpa del cancelado, sino la hipocresía de los espectadores. Nos gusta pensar que hemos evolucionado, que somos mejores que las multitudes que pedían la crucifixión de un hombre o la muerte de un gladiador. Pero el circo nos delata. Seguimos siendo los mismos, disfrazando nuestra sed de sangre con el lenguaje de la moralidad, escondiendo nuestra crueldad detrás de pantallas y palabras bonitas.
El circo romano nunca desapareció; solo cambió de forma. Y, como entonces, su fin no será la justicia, sino el hastío. Porque llegará un día en que la multitud, aburrida de su propio ruido, buscará un nuevo espectáculo. Y cuando eso ocurra, el coliseo quedará vacío, y lo único que quedará será el silencio de nuestras propias contradicciones.
Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar.
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?
La esperanza como superación del nihilismo
En La Vetusta Morla (tercer capítulo de La historia interminable) Atreyu se interna en la Gran Búsqueda y recorre fantásticas regiones en las que habitan mágicos árboles que cantan al crecer, personas que capturan la luz de las estrellas, seres con cuerpo de fuego, hombres “que nacen viejos y mueren cuando son bebés” (Ende, 2022, p. 62). En el bosque de Haule se enfrenta por primera vez a la Nada y en el Pantano de la Tristeza pierde a su fiel amigo Ártax. Finalmente, se encuentra con la Vetusta Morla, quien ha vivido tanto que sólo percibe sinsentido y desesperanza.
Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo III aborda varios tópicos filosóficos: la relevancia y el poder de los nombres, la existencia al margen del tiempo, la tristeza y la desesperanza, el carácter de la Nada, la relatividad, el sentido de la vida, etc. En esta cuarta entrega de La filosofía interminable de Ende, nos sumergiremos en dicho apartado para reflexionar en torno al sinsentido de la existencia humana.
Recurriendo a potentes imágenes y símbolos, Michael Ende retoma el tema de la Nada. Reconoce que hablar de ella es un contrasentido pues, como asentó Parménides, “a la nada no le es posible ser” (Parménides, 2008, p. 309). Así pues, aunque entiende que es extraño “decir que la nada aumenta” (Ende, 2022, p. 63), de alguna manera ésta crece con la aniquilación. La describe como algo que en realidad no se ve, “no era un lugar pelado, una zona oscura, ni tampoco una clara; era algo insoportable para los ojos y que producía la sensación de haberse quedado uno ciego” (Ende, 2022, p. 64).
A pesar de su irrealidad, el contacto con la Nada tiene efectos: “no se siente nada. Sólo te falta algo y cada día te falta algo más” (Ende, 2022, p. 63), hasta que dejas de existir. Además, posee un poder de atracción irresistible.
No se trata sólo de un problema ontológico sino de una preocupación antropológica. La intuición de la Nada puede inclinarnos a la tristeza, la desesperación e incluso el suicidio. Una de las partes más desgarradoras de la historia es cuando Ártax, el caballo parlante de Atreyu y su fiel compañero, muere en el Pantano de la tristeza: empieza por hundirse un poco, considera que deben volver, que no tiene sentido perseguir “algo que sólo has soñado” (Ende, 2022, p. 67); conforme avanza se siente enfermo, “la tristeza de mi corazón aumenta. Ya no tengo esperanzas, señor. Y me siento cansado, tan cansado… Creo que no puedo más” (Ende, 2022, p. 67), hasta que, sin resistencia, abraza la muerte. Lo más terrible es que Atreyu no puede hacer nada para salvar a su amigo.
En el diálogo con la Vetusta Morla, una tortuga que ha vivido eones, se profundiza la cuestión. La anciana explica que su larga experiencia le permite comprender que “nada tiene importancia… Todo da lo mismo, exactamente lo mismo” (Ende, 2022, p. 70). En sintonía con el Eclesiastés que declara: “¡Esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse!… Una generación se va y viene la otra… El sol sale, el sol se pone… lo que pasará es lo que ya pasó, y todo lo que se hará ha sido ya hecho” (Ecles. 1, 2-9); la tortuga explica: “todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno…, el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer, y lo que nace debe morir” (Ende,2022, p. 70-71).
Esta postura no es solo nihilista sino también relativista, escéptica y pesimista: “Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante” (Ende, 2022, p. 71), “si fueras tan viejo como nosotras sabrías que no hay más que tristeza” (Ende, 2022, p. 71).
De manera radical se sugiere, haciendo un guiño al existencialismo, que la Nada nos rodea. Sin embargo, “Atreyu recurrió a toda su fuerza de voluntad para contrarrestar el entumecimiento que le producía la mirada de la Vetusta Morla” (Ende, 2022, p. 71). Entonces se sobrepone y grita: “no es verdad que todo te dé lo mismo ¡Ni siquiera tú crees lo que dices!” (Ende, 2022, p. 71)
En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo III de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero hemos mostrado un interesante acercamiento al problema ontológico y antropológico de la Nada que propone superar la depresión y la inmovilidad con la fantasía y la esperanza.
Referencias.
Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.
Eclesiastés (2002), en La Biblia (2002). Editorial Verbo Divino.
Parménides (2008). Fragmentos, en Eggers Lan, Conrado (2008). Los filósofos presocráticos. Gredos.
Crédito ilustración de la entrada: «Duelo en el valle» por Yami Hernández @yamiherdez