Día de fiesta

Autora: Gabriela Ladrón de Guevara de León.


No me gusta que me digan lo que tengo que hacer. Nunca me ha gustado. Desde niña lo detestaba. Era una de las cosas que más me disgustaban de la criada que me cuidaba. Mi mamá contrató a una sirvienta para que me cuidara, decía cursimente que era mi nana. Claro que no, es mi criada. Sí, se encarga de alimentarme, arreglarme para ir a la escuela y revisar mis tareas, pero es una empleada de la casa. Y ahora, es mi empleada.

No me molesta que ella me cuide, pero tampoco quiero darle un rol que no tiene. Mi mamá me regañaba, por eso aprendí a no decir nada, le digo “Nana” y listo. Pero por dentro sé que era solo una sirvienta. Pero disimulaba para ver contenta a mi mamá. Ahora, afortunadamente, ya puedo hacer y decir lo que me venga en gana.

Mi mamá siempre ha sido bella, muy bella, pero casi nunca la veo. Tiene una vida social muy ocupada y yo lo entiendo. Ser bella es una obligación y yo también tengo que seguirla. Ella es tan perfecta. No puede encargarse de cosas como llevarme a la escuela o alimentarme, ya que es tan hermosa que no la imaginaba en la cocina o a la puerta del colegio. O no me la imagino. Y nunca la imaginaré. No es su ambiente, ella es para lucir.

Mi padre no era tan importante. Era guapo, no podía ser de otra manera para estar al nivel de mi mamá. Pero no tenía gran importancia. Era un empresario y bueno, se encargaba de llevar el dinero a casa y de tener a mi mamá contenta. Para eso servía excelentemente. Y dicen que era muy inteligente, pero ya viste que no tanto como creía.

Obviamente, yo siempre he querido ser como mi mamá, para ser como ella, tengo que seguir sus pasos. No es tan difícil. Debo cuidar mi aspecto, ser buena estudiante, tener muchas amigas y tener una conversación entretenida. Siempre me he parecido a mi mamá, así que bella, ya soy bella, el tener buenas calificaciones nunca ha sido un problema, tampoco las amigas, soy simpática y le doy a la gente justamente lo que busca y como conversadora, bueno, sé de todo y conozco muchos temas, además, hablo con soltura, sin problemas. Y como tú sabes, puedo fingir cariño y apego. ¡Qué asco!

Pero sigamos hablando de mi mamá. Ella es bella y perfecta en todo sentido. Desde que se levanta, se ve hermosa y está de buen humor. Claro, también lo aprendió, como yo. Me imagino que lo aprendió con la vida. Yo tuve la fortuna de tenerla como ejemplo, aprendí al verla. En fin, por eso mi padre estaba loco por ella. Siempre tiene la sonrisa lista al saludarlo, y era muy tierna y cariñosa.

Jamás la he visto despeinada, mal vestida o con el maquillaje corrido. Como te digo, ella es perfecta. Tan alejada de ti. Y bueno, yo quería ser como ella. Obviamente, jamás se me hubiera ocurrido ser como tú. Mi mamá podría haber sido modelo, estoy segura. Y además, tiene tan buen gusto. Toda su ropa es hermosa y combinable. Eso lo he aprendido y tengo mi closet acomodado como el de ella. Es más, algunas de sus cosas ahora están ahí.

Sí, era una vida perfecta, todo estaba en su lugar. Y eso me gustaba. Cada día se embonaba de manera perfecta con el siguiente y con el anterior. Y me sentía segura. Pero llegó el cáncer y mi mamá, poco a poco pasaba más tiempo en cama que siendo encantadora. Perdió su hermoso cabello y adelgazó muchísimo. No puedo decir que me dolía verla así, creo que nada me ha dolido realmente en la vida, pero sentía cómo todo se caía alrededor.

Mi mamá falleció hace dos años. Lo sabes. Pero ella está más viva que tú, más viva que mi padre. Sí, es una ironía de la vida. Recuerdo que más de una vez, la sirvienta me regañó por hablar de ella en presente. Pero ahora puedo hacerlo. Mamá, estás conmigo, sigues bella y encantadora.

Pero mi padre decidió que mi mamá no es tan perfecta. Tan tonto. Empezaron los problemas. Apenas la enterró, empezó a salir con busconas, lagartonas, interesadas. No lo podía creer. Bueno, esperó un año y te llevó a la casa. Cuando te vi, tan ordinaria, tonta, no podía creerlo. Sí, claro, muy estudiada y todo eso. Profesora universitaria. ¡Qué risa! Y sin pizca de gracia. Y tan estúpida. Querías ser mi amiga.

Y todo por la cursilería de que estabas enamorada de mi padre. ¡Qué patética!

Claro, al principio fingí. No me interesaba enemistarme con mi padre, quería que me siguiera dando todo lo que quiero y necesito. Al fin y al cabo, solo tengo doce años, es su obligación, es su deber como mi padre. En fin. Ya no vale la pena.

Y luego se casó contigo, que no vales nada. Y lo peor, me dijo que te tenía que querer y respetar porque eras su esposa y él te amaba. Nunca me ha gustado que me digan qué hacer. Pero teníamos que vivir los tres juntos, con la sirvienta.

Y así, llegó este día de fiesta. Este día en el que puedo decir que estoy satisfecha. No me siento feliz, eso me falta, creo que nunca me he sentido realmente feliz o triste, pero siempre ha podido fingir esas emociones. Pero creo que soy feliz en algún modo extraño. Afortunadamente, la sirvienta no está. No me gusta que ande fisgoneando por aquí.

Y luego este viaje en el automóvil. Tan conveniente. Y el tonto de mi padre insistiendo en que está feliz de que nos llevemos tan bien y que estemos creando lazos tan bellos. ¡Qué asco! Solo de oírlo, se me revolvió el estómago. Por eso maté a mi padre. Pero eso, solo tú lo sabes. Para los demás, soy una hija doliente e inocente. Pero sé que tú cuidarás mi secreto. Al fin y al cabo, también estás muerta.