Presagio 2

Autora: Alejandra Romano

Esta obra está realizada en acuarela en un formato de 8.5 x 11 pulgadas respondiendo a la conceptualización e inspiración de arte fantástico y simbolismo, la libélula simboliza sabiduría, cambio, transformación y luz. 

Alejandra Romano, es diseñadora gráfica e Ilustradora egresada de Universidad del Tepeyac, participando en eventos como Feria del libro con AMDIilustradores, convención La Mole, exposición Día de muertos, exposición colectiva Homenaje a Leonora Carrington, Leonardo Da Vinci y colaboración para color digital en cómic independiente. 

Contacto :

FACEBOOK

INSTAGRAM

BEHANCE

Tit y Fay

Autora: Laura Mónica Rodríguez Mendoza (LEMON)


Apenas había logrado quedarme dormida cuando sentí mucho frío y dos luces pequeñitas aparecieron sobre mi cabeza.

—¿Entonces, es ella?

Preguntó una de las lucecitas. Yo me desperté llorando de miedo y ya no supe que contestó la otra luz. Mi mamá entró corriendo a mi cuarto muy preocupada, y me dijo que qué me pasaba. Le conté de esas lucecitas que me visitan todas las noches desde hace unos meses. Al principio no les hice caso porque pensé que sólo estaba soñando y además no les entendía nada, pero hoy las escuché clarito y me espanté cuando una de ellas habló de mí. Mi mamá me miró con una cara rara, me dijo muy seria que no dijera mentiras, que no inventara cosas para no ir a la escuela y se salió aventando la puerta. Ya no pude dormir.

Al otro día, en el salón no podía tener los ojos abiertos y la maestra me regañó. Otra vez César me jaló las trenzas y Daniela me quitó la silla cuando me iba a sentar. Todos se rieron cuando me caí al suelo y me gritaron “quiere llorar”, pero ahora no tenía ganas ni fuerzas para llorar. Lo hacían todo el tiempo, siempre me molestaban. A mi mamá ya no le dije nada porque cada vez me creía menos, ni lo de la escuela ni lo de las lucecitas, y ya sólo se la pasaba peleando con mi papá.

Una noche la escuché llorar quedito y la puerta de la entrada se cerró de un golpe. Me asomé por la ventana y esa fue la última vez que vi a mi papá. Mi mamá entró a gritarme que todo era mi culpa, que por mí él se había ido y me sacudió muy fuerte antes de encerrarse en su cuarto. Me aguanté las ganas de gritar y casi me quedo sin aire por las lágrimas, pero me dije que tenía que ser valiente y hablar con las lucecitas.

Estaba tan cansada y casi me quedo dormida esperándolas, pero al fin aparecieron. Las miré bien y parecen haditas. Se llaman Tit y Fay. Les dije que las hadas no existen y se rieron porque no son hadas. Les platiqué lo que pasa en la escuela y con mis papás y ellas me dijeron que me iban a ayudar. Después se pusieron a cantar una canción rara que me dio mucho sueño.

Cuando desperté, no vi a Tit y Fay, pero muy emocionada le platiqué de ellas en el desayuno a mi mamá. Ella me gritó muy feo y me dijo que estoy demente, pero no sé qué es eso. No quiso llevarme a la escuela y le habló a mi tía. Llegué tarde y me tocó en la silla de hasta adelante. Daniela me aventó papelitos con saliva que se me enredaron en el cabello y César me pegó un chicle. La maestra me tuvo que cortar un pedazo y todos se rieron por cómo me veía. Me enojé mucho y les dije de las lucecitas y que ellas los iban a castigar, pero se burlaron de mí aún más. En el recreo me escondí tras la tienda para llorar y las llamé a gritos:

—¡Tit! ¡Fay!

Pero antes de que aparecieran, me oyeron Daniela y César y me empezaron a aventar piedras. Cómo no me podían pegar porque me protegía la pared, él se subió a un árbol para tirarlas desde el techo. Una me pegó en la cabeza y me dolió mucho. Las lucecitas aparecieron y yo agarré una para echársela a César, me quemé la mano. Él se cayó y se abrió la cabeza como una sandía. La sangre se veía chistosa. Yo me reí. El árbol se comenzó a incendiar y el uniforme de Daniela también. Ahora se parecían a las lucecitas pero en grandote. Yo me reí más.

La directora llegó corriendo y se puso a gritar. Una maestra me jaló y me llevó con el doctor de la escuela, pero no sé porque, yo no me sentía mal, ya hasta se me había quitado el dolor por el golpe de la piedra. Me preguntó muchas cosas raras y luego mandó llamar a mi mamá. No sé qué le dijo el doctor, pero cuando salió, se fue sin mí. No me llevaron a mi casa, sino a un edificio muy grandote con muchos cuartos de paredes y techos blancos.

No me gustaba estar ahí. Más doctores me preguntaron por Tit y Fay y yo al principio les contaba todo, pero entonces me hacían tragar unas pastillas amargas, me dolía la cabeza todo el día y tenía mucho sueño… Lo que me puso más triste fue que ya no veía a las lucecitas y me daban muchas ganas de llorar. Una noche, las volví a escuchar:

—Si me vuelves a tocar mocosa, ya verás.

Era Fay, estaba enojada conmigo. Le pedí perdón, pero también le dije que ellas tenían la culpa porque no me habían ayudado como prometieron. Empezaron a dar vueltas muy rápido y se rieron muy feo. Me dio coraje y las quise aplastar con las manos, pero no pude. Con el ruido, vinieron los doctores y cuando les dije que ahí estaban las lucecitas, me amarraron a la cama y me inyectaron. Demente. Volvieron a usa la palabra que dijo mi mamá. Cuando todos se fueron, ellas me explicaron que significa, que es como estar loca. Pero yo no estoy loca…

Ya no le hablé a nadie de Tit y Fay para que no me dieran más pastillas ni me picaran mi bracito. Les dije que lo inventé todo porque estaba triste sin mí papá y que sólo quería regresar a mi casa. Ahora si me creyeron. Creo que los locos son los adultos. Mi mamá me vino a buscar, pero siguió con su cara rara, no me abrazaba ni me besaba, casi no me hablaba tampoco y me dijo que no podía regresar a la escuela y que tenía que tomar muchas medicinas.

Eso me hizo enojar mucho. En la noche, Tit y Fay me visitaron de nuevo, pero yo me tapé con la cobija y no les quise hablar. Comenzaron a decirme cosas feas hasta que ya no me aguanté, me levanté y les contesté igual. Mi mamá entró gritando que me callara y le dije que las viera, que ahí estaban, pero ella no podía verlas y otra vez no me creyó. Entonces me jaló del brazo para aventarme a la cama y darme de nalgadas mientras me regañaba. Yo empecé a llorar muy fuerte y las lucecitas se molestaron mucho y gritaron que ahora seríamos como ellas… Rodearon a mi mamá que me soltó espantada y se comenzó a iluminar. Dejó hasta de hablar. Ellas se rieron. Yo también me reí.

—¿Ves como no estaba diciendo mentiras mamá?

Lugares Invisibles

Autora: Adriana Letechipía.


Lo peor es no poder dormir. Desde hace diez días mis párpados son dos membranas traslúcidas, apenas y me protegen de la luz. Los ojos aún se distinguen en mi cuerpo. Dos máculas negras, gelatinosas, difusas. El pigmento de la coroides es lo que se alcanza a ver. La esclera y el iris son casi imperceptibles. No tardaré en perder la vista.

Frente al espejo desato la cinta de mi bata azul. La vesícula, de color verde, se vislumbra debajo de mi piel húmeda y viscosa; se encuentra inmersa, friable, entre lo que alguna vez fue el hígado. Puedo ver como los alimentos que consumo bajan por mi tubo digestivo, es fascinante cómo se mueven dentro de mis intestinos.

El quimo cambia de apariencia hasta salir de mi cuerpo. Observo el reflejo completo de la mujer invisible que siempre fui. La que no quería resaltar o hacer enojar a mamá. La que no se atrevió a invitar a salir a su mejor amiga. La que se sumió en los libros para no lidiar con las personas. La que se escondió en esta casa en medio de la nada.

Supe que algo había cambiado porque el color de mis lunares disminuyó, eran hermosos. Mi cabello se pobló de canas antes de quedarme calva. Mis uñas le siguieron, cayendo de una a una, suaves e inútiles. Los cigarrillos se acabaron, el vino también. Por fin soy del mismo color que mis lágrimas.

Nunca fui protagonista y nunca seré la heroína que necesitó la humanidad. «Vas a desaparecer», me dice mi reflejo. Ya no hay nadie allá afuera, excepto ellos.

Vinieron del cielo, eran la estrella más brillante. Cada día crecían en belleza y letalidad, una amenaza silenciosa en el firmamento. Me imaginaba dándole a Sofía un anillo con un diamante así de radiante. La casa del bosque de Tlalpan era el mejor lugar de la ciudad para observarlos y soñar. ¡Qué tonta!

Oh, sí. Echaron abajo unas cuantas naves y rápidamente fueron reemplazadas por cientos más, se distribuyeron por el planeta. Ni los países más poderosos lograron hacer algo significativo, eran demasiadas. Los que quedaron suspendidos como satélites nos ignoraron, demostrándonos cuan ínfimos éramos para ellos. De aquellas que aterrizaron salieron máquinas semejantes a insectos, mitad animal, mitad circuitos. Bioingeniería le llamamos.

Desde el refugio pude verlos. Mantideos excavadores de cuatro brazos, estercoleros reforzados de cinco metros de alto, isópteros voraces que consumieron lo que encontraron a su paso: animales terrestres, plantas, edificios, cableado, humanos. Aquellos que murieron por comer bombas o tanques de guerra fueron asimilados por sus análogos, logrando adaptaciones asombrosas e invencibles. Tanques fórmicos de cañón de ánima lisa.

Estaban preparando el terreno para vivir de acuerdo con sus necesidades. La técnica que usaron es muy sencilla y es una de las más viejas: consumieron todo a su paso y defecan sustancias que transfiguran el entorno. Los gases que emanan de sus detritos se cuelan por las ventanas, la tubería de agua potable, los túneles y el drenaje. Las lluvias arrastran esos humores a lugares lejanos.

Envenenaron el ambiente. Sus gases tuvieron el efecto del ácido nítrico en nuestros tejidos. Las hojas de los árboles se transparentaron y perdieron la clorofila. Murieron. Los animales sufrieron el mismo destino. Los perros, invisibles, intentan ladrar para defender sus hogares. Las aves no levantan el vuelo, sus alas cristalinas reflejan la luz del sol. Las cigarras y los grillos fueron silenciados, perdieron la dureza de sus exoesqueletos. Los ojos me lagrimean, la voz sale ronca de mi pecho.

Corrí a la casa del bosque buscando evadir los gases tóxicos, ignorando a todas las personas que suplicaron por mi ayuda. No pude ubicar a Sofía. Desapareció, y con ella la humanidad que hubo en mí. Pronto mi refugio quedó a la vista, expuesto por la muerte de los árboles. Yo misma he comenzado ese proceso.

No es tan terrible. La pirámide de Cuicuilco que permaneció por 2300 años al sur de la ciudad, por fin se derrumbó. Las calles dieron paso a un nuevo tipo de maleza. Hay animales dispersos, libres por las calles, solo que no son los nuestros. El silencio ha poblado el planeta. La humanidad se extinguirá hialina.

El color de mis mejillas menguó, justo a tiempo para no ver mi rostro demacrado, para ignorar la flaqueza de mi cuerpo que sucumbe por la falta de sueño. A tiempo para no verme morir.

Colaboradores del fanzine Delfos#1


Aquí agradecemos a todas las personas que hicieron posible esta publicación, miembros del colectivo y colaboradores de este número. A todos ustedes:

Gracias por compartir su trabajo y obra con nosotros.

Humo Humberto Morales. Autor de la ilustración de portada del fanzine Delfos#1 KAMAZOTZ TZINAKANTEKUHTL Es ilustrador y autor independiente, con una trayectoria profesional de más de 35 años trabajó en varias empresas editoriales y publicidad; autodidacta en técnicas diversas tanto tradicionales como digitales. Ha publicado tres novelas gráficas con tema de tradición cultural del territorio de los pueblos del Anáhuac, "VITZILOPOCHTLI El amanecer de un Dios", "MIKTLÁN Viaje al origen" y "TETEO Rituales de creación", además de materiales de ilustración y tiras en Webtoon. Trata temas de divulgación cultural con el programa semanal "De cuadro a cuadro" transmitido en sus redes y en su canal en Youtube.
Mayra Daniel Arganis es licenciada en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo y Maestra en Administración con especialidad en Gestión de Proyectos. En 2017 fue coordinadora de Comunicación Digital del Festival Internacional Cervantino y desde 2016 es profesora de Talleres de Gestión de Redes Sociales. Ha publicado en diversos medios como El Universal, La Jornada, La Revista del Consumidor y actualmente en NeoComunicaciones. Colaboró en la revisión editorial y corrección de estilo del fanzine Delfos#1 además de participar con sus propios textos desde el fanzine Delfos#0
Yolanda Pomposo Díaz, diseñadora gráfica egresada de la FES Acatlán de la UNAM, ha trabajado como diseñadora editorial en el periódico el Día y fue subgerente de publicaciones en CAPUFE. Creó la tipografía de portada para fanzine “Delfos”, además de ser asistente asidua al Taller Delfos de Escritura Creativa, en este número colaboró como consultora de diseño editorial.
Marisela Hernández Barrientos, licenciada en enfermería por parte del Instituto de Ciencias y Estudios Superiores de Tamaulipas, especialidad pediatría. Es la productora ejecutiva y parte de nuestro consejo editorial. Ha colaborado con nosotros brindando toda la infraestructura necesaria para realizar nuestra labor, desde el espacio físico hasta los servicios requeridos como electricidad e internet. A ella especiales agradecimientos.
Miguel Ángel Almanza Hernández, estudió ciencias de la comunicación con especialidad en periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, egresado de la Escuela de Iniciación Artística número 1 del INBAL en música clásica y guitarra. Ha participado en diversos proyectos culturales como promotor cultural, guitarrista y escritor. Ha publicado cuentos, artículos de divulgación e impartido pláticas y talleres culturales de música y literatura durante su trayectoria de más de 13 años. Actualmente es el coordinador general y responsable del proyecto cultural colectivodelfos.com y director editorial del fanzine Delfos
En este número tuvimos quince colaboradores de cuento e ilustración:
Gabriela Ladrón de Guevara de León. Mexicana. Doctora en Educación.
Profesora-Investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Narradora oral y escritora. Su poemario “Ciudad: Mujer en movimiento” ha sido publicado por Enero Once Editorial que próximamente lanzará su libro de cuentos “La extraña Vida Diaria”.
Alberto Villa. Estudió en la Facultad de Artes Plásticas, encaminado su curiosidad a la gráfica y a la investigación como practica creativa y estética. Ha acompañado algunos colegas en exposiciones colectivas tanto en Toluca como en algunos estados de la república Mexicana.
Ha desarrollado su conocimiento formando parte de equipos de estampación textil, talleres de litografía, libro objeto, diseño e ilustración y uno que otro de actuación y doblaje. También ha impartido talleres de dibujo y grabado. Actualmente es delegado de Artes Plásticas (sección UAEMEX) en  la ANEFH A.C. Estado de México; además de docente en el Colegio Panamericano de Estudios técnicos Cpet.
Ronnie Camacho Barrón (Matamoros, Tamaulipas, México, 1994) Escritor, Lic. en comercio internacional y Aduanas, y Técnico analista programador bilingüe. Autor de 2 Novelas "Las Crónicas del Quinto Sol 1: El Campeón De Xólotl" (Amazon 2019) y "Carlos Navarro y El Aprendiz Del Diablo" (Editorial Pathbooks 2020-2022), también 10 libros infantiles traducidos a 6 idiomas. Su más reciente obra es la antología de cuentos: "Entre Nosotros" (Amazon 2021). Colaboró en 11 antologías, muchos de sus cuentos, relatos y ensayos han sido publicados en más de 131 revistas y blogs tanto nacionales e internacionales.
José Luis Ramírez Gutiérrez. Nació en 1974, en la ciudad de Puebla. Es Ingeniero Industrial en Electrónica. Ha sido publicado en distintas antologías entre las que destacan: Auroras y Horizontes, Los Mejores Cuentos Mexicanos, Visiones Periféricas, El Hombre en las Dos Puertas y Silicio en la Memoria, así como en varias revistas y fanzines. Obtuvo el Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción 1998, con el cuento “Hielo”.
Carlos Jafar López Ortíz. Uriangato, Guanajuato (1977). Estudió la licenciatura en filosofía. Aparece en las antologías: “Las leyendas de la Santa Muerte” (2009) de Cal, EU; “Elegidos” 2010 de BA, Argentina; “Mariposas de humo” (2014), “Letras Interiores” (2020), “Pesadillas bajo Tinta” (2023). Coautor del libro “Gastronomía y herbolaria de los valles abajeños” (2011). Autor de los libros: “Voces del tiempo” (2003), “El vado de la carreta: Leyendas de Uriangato” (2020), y las novelas: “Fuera de Control” (2021), “T’arhetskua: Danzante”, (2022).
Israel Montalvo (México) como escritor e ilustrador ha publicado en una extensa variedad de revistas, cómics, libros y ha participado en más de cuarenta antologías literarias de cuento enfocadas en el horror y la ciencia ficción en México, España, Uruguay, Argentina y otros países de Latinoamérica. En 2016 publicó su primera novela gráfica: “El señor Calzetín volumen uno: "Momentos en el tiempo o los días regulares de un personaje medio(ocre)”  por la que obtuvo dos becas en 2009 y en 2014. En 2018 publicó las novelas gráficas: “¿Podría ser un asesino?” y “I’m fraid of americans”. Su primer libro de cuentos: “La Villa de los Azotes”(2019). En 2021 publicó la novela corta: “Abel en la cruz” y “La ordinaria locura de una muerte cotidiana".
Frenily Herrera García, Fren HG, ilustradora independiente y creadora de escenografías. Ha participado en algunas publicaciones aportando las ilustraciones de portadas de libros y la ilustración de un libro, próximo a publicar, de escritores michoacanos, como Víctor Manuel López, Alfredo Carrera y Dante Medina. Tallerista y docente en el área de artes y literatura.  
José Gaona (Ciudad de México, 1987). Ha participado en diversas revistas orientadas a la ficción especulativa, así como en antologías de cuento y minificción. Fue acreedor al 2º lugar en el Concurso de Cuento de Terror «La Cabra Negra y sus Mil Relatos», en su séptima edición. Su cuento “Un viento susurra entre las jacarandas” obtuvo el 1° lugar en el Segundo Concurso de Cuento de Terror de la revista Semillas de Sauce. Ganador de la segunda edición del Concurso de Cuento de Ciencia Ficción del Festival Semillas, organizado por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Ganador del 9° Concurso de Cuento y Poesía de Ciencia Ficción “José María Mendiola”. Y ganador del 10° Certamen de Microrrelatos Fantásticos y de Terror de Sants, España, 2022.
Osvaldo Sánchez es productor y diseñador gráfico, participó en este número con la ilustración de técnica digital titulada: “Mujer”, con el texto “Seguirás siendo arte aunque no tengas quien te admire”. Puedes encontrar más de su obra en: callavera.com
Eduardo Omar Honey Escandón, (México, 1969) Ing. en sistemas. Autor de “Códex Obsidiana”, “Cósmicos espejos humeantes”, “Cronofauna”, “Séptima Puerta” y “Firmamentos ocaso”. Participante desde la década de los noventa en talleres literarios bajo la guía de diversos escritores. Publica constantemente en plaquettes, revistas físicas, virtuales e internet. Textos suyos fueron primero, segundo, tercer lugar o finalistas. Ha sido seleccionado para participar en diversas antologías. Imparte talleres de escritura. Pertenece a la generación 2020-2022 de Soconusco Emergente. Prepara dos libros de cuentos y su primera novela.
Grace Solorzano, radica en Ciudad de México, ha trabajado haciendo storyboards para películas entre las que destaca “Jokel”, también ha colaborado en comerciales y videos. Actualmente es freelance,  últimamente hace páginas y portadas para cómics independientes en Estados Unidos. También colaboró en el “Homenaje a Oscar González Loyo, Karmaverso”.
Jorge Millán en este número colaboró con el cuento: “Revelación Pleyadiana”, un cuento de ciencia ficción sobre un niño y su pasión por las estrellas. 
Alejandra Romano es diseñadora gráfica e ilustradora egresada de Universidad del Tepeyac, ha participado en eventos como Feria del libro con AMDI ilustradores, convención La Mole, exposición Día de muertos, exposición colectiva Homenaje a Leonora Carrington, Leonardo Da Vinci y colaboración para color digital en comic independiente.
Laura Mónica Rodríguez Mendoza (LEMON). Ingeniero en Alimentos por educación, poeta y escritora por obstinación, gracias a los cursos y talleres de Doris Camarena y Ricardo Bernal. Adicta al escenario, por lo que siguió el camino del teatro y doblaje. Sus letras la llevaron a diversos festivales nacionales e internacionales, así como a formar parte de varias antologías y a crear dos poemarios propios. Tarot y astrología y magia son parte de su formación también.
Adriana Letechipía (Ciudad de México, 1984), es Maestra en Ciencias en Biomedicina y Biotecnología Molecular del Instituto Politécnico Nacional. Miembro de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (ALCiFF), presidenta de La Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México y fundadora del taller permanente y gratuito Gran Colisionador de Textos Especulativos. Autora de: “Guerras fórmicas” (Anapoyesis: Literatura, Arte y Cultura) y “Los herederos” (Espejo Humeante).

Portada de fanzine Delfos#1

La ilustración de portada lleva por título: KAMAZOTZ TZINAKANTEKUHTL fue realizada por Humberto Morales «Humo» para ilustrar específicamente el cuento «Un metro de sangre» de Miguel Ángel Almanza Hernández.

La tipografía de «Delfos» fue realizada por la diseñadora Yolanda Pomposo Díaz, además de participar en este número como consultora de diseño.


Editorial

Este fanzine tiene la intención de
brindar una visión general y específica de la fantasía, ciencia
ficción, horror y terror que se realiza en México. En esta
panorámica contemporánea que buscamos abordar, distinguimos
dos ramas que están creciendo: la narrativa en prosa y la
narrativa gráfica.
Es por eso que publicamos cuentos e ilustración, un extracto de
lo que se produce actualmente. Queremos documentar y
fomentar la comunicación entre ambas esferas que abordan estas
categorías literarias. Para así mostrar y entender que no se trata
de un escape, sino perspectivas de nuestro propio mundo y país,
visiones subversivas y fantásticas

Un artista persiguiendo sus propias ideas

Entrevista a Raúl Cruz Figueroa (Racrufi) por Joel Cuéllar


Raúl Cruz Figueroa (Racrufi) y Joel Cuéllar

El 12 de junio 2022, en el contexto del evento “Los modernos tlacuilos: Multiversos de Narradores Gráficos Mexicanos”, en el museo de la Ciudad de México, nos reunimos con Raúl Cruz Figueroa, mejor conocido como RACRUFI. Maestro de maestros del arte fantástico mexicano, se trata de uno de los artistas plásticos contemporáneos más relevantes en la escena de la ciencia ficción y fantasía de México.

Durante esta charla nos habló sobre su proceso, orígenes, trayectoria y en especial sobre las lecciones que ha aprendido a lo largo del camino de las cuales todos podemos abrevar un poco. A continuación transcribimos algunos de los extractos más importantes de dicha entrevista.

Racrufi se ha distinguido no solamente por la calidad de su técnica, la cual se hace patente al ver la obra en vivo, donde podemos corroborar que ninguna fotografía le hace justicia. También por su particular temática, la cual combina elementos prehispánicos o folclóricos mexicanos con ideas fantásticas y de ciencia ficción. Sobre esto nos comentó:

Este trabajo es el resultado, por muy cursi que suene, de mucha pasión por crear, por dibujar, por la ciencia ficción y por la fantasía. En algún momento de mi adolescencia quise darle una identidad propia a mi trabajo porque la gran mayoría de las personas que lo veía intuía que yo había tomado el robot, la nave o lo que hubiera hecho de lo que estuviera de moda en ese momento, algún programa de televisión o alguna película.

Es algo lógico, no lo considero algo malo, pero yo tenía la enorme necesidad de hacer algo propio, entonces un día se me ocurrió utilizar una cabeza de Quetzalcóatl para convertirla en una nave espacial y así surgió. Posteriormente hice el calendario azteca en una nave espacial, luego hice un robot al estilo de un guerrero mexica.

Racrufi ha utilizado muchas técnicas, desde el lápiz, la acuarela, el aerógrafo. Durante dichas exploraciones ha encontrado que el acrílico sobre tela es su preferida. Para él dicha búsqueda se puede resumir de la siguiente manera:

Todo ha sido a través del tiempo, de estar trabajando, experimentando siempre por el gusto y yo diría que incluso por la necesidad biológica de estar siempre haciendo algo.

Esto último se hace particularmente interesante cuando nos enteramos que él no cuenta con estudios de licenciatura en artes plásticas.

No tengo una carrera de licenciatura de arte, todo ha sido a través del gusto, de la práctica y la observación. Obviamente lo ideal para un artista es tener una carrera y además tener el placer o la pasión de hacerlo. Para bien o mal nadie me ha pedido un título profesional, quiero pensar que es porque mi trabajo de alguna forma habla de la práctica que ya he tenido. Yo creo que todo lo académico es básico, que se necesita realmente, yo lo he aprendido por mi cuenta pero es una preparación que sí se debe hacer.

Quizás una de las ventajas de no tener una carrera es que hay una libertad creativa, no hay un camino que seguir porque haya sido el que nos dijeron en la escuela. El uso de la acuarela, del acrílico o de cualquier otro material yo lo he hecho con base en experimentaciones, en si los resultados me han gustado o no. Pero que no necesariamente tienen que venir de una clase o de un libro y me ha sucedido que espontáneamente a través de ese acto han surgido cosas que por lo menos a mí me gustan aunque no sean estrictamente académicas.

Probablemente el mejor ejemplo de la combinación entre dicha búsqueda de identidad y la experimentación artística de Racrufi sea su uso del papel amate.

Me gusta mucho su textura, pero no sé cómo me vino a la mente esa idea, un día se me ocurrió tomar una pistola de calor y empezar a quemar ciertas áreas del papel amate y me gustó porque se vuelve rojizo y puede dar un acabado interesante.

Cabe destacar que a pesar de la longeva carrera de Racrifu, creando volantes o carteles para eventos con temas fantásticos y de ciencia ficción, esto no se tradujo en éxito económico. Por lo que se ha dedicado de manera paralela a una carrera en la ilustración y la publicidad.

Cuando yo empezaba todo esto, en la adolescencia, tenía una ilusión muy sólida y muy fuerte de dedicarme sólo a hacer arte de ciencia ficción. Mis primeros contactos fueron libros de arte fantástico que llegaban a México de Boris Vallejo, de Frazetta, de varios maestros de los 60s, 70s u 80s y ese era mi sueño.

Yo no sabía que en México no había un mercado de ciencia ficción, no hay una industria de ciencia ficción y todo lo que conocemos de ciencia ficción en México viene de fuera, especialmente de Estados Unidos.

Con los años yo tuve que aceptar esa realidad y para vivir tuve que empezar a aceptar trabajos de arte que no tenían nada que ver con ciencia ficción. He hecho portadas de libros didácticos, escolares, revistas y un montón de trabajo que no tiene nada que ver.

Gran parte de mi tiempo lo dedico a hacer arte para publicidad, no necesariamente de fantasía y ciencia ficción. No hay un mercado muy grande para ello en México, hablando de lo gráfico, yo sé que literariamente es mucho más grande.

Encuentro «Los modernos tlacuilos: Multiversos de Narradores Gráficos Mexicanos”, en el Museo de la Ciudad de México, 2022

El maestro considera importante el contacto con otros artistas con inquietudes similares.

A mí me gusta mucho porque es muy enriquecedor. La retroalimentación, el que cada uno de nosotros nos compartamos nuestras experiencias, nuestras técnicas o nuestras ideas. Por supuesto, llega a haber alguna situación en la que llegamos a encontrar a alguien que no solamente se niega a compartir, sino que además es un poco antagonista, pero es lo menos.

Es común que un autor reconocido pierda la proporción de su éxito y que la soberbia se haga presente, algo que Raúl tiene muy presente.

Por supuesto, tengo mi ego. Mi ego es parte importante para hacer la obra, me gusta que la gente admire mi trabajo, pero me gusta tener mi ego en privado. Finalmente todos somos vulnerables, falibles y quien tiene que hablar por nosotros es la obra. La mejor muestra ególatra de un artista es su obra.

Como ya se mencionó, la necesidad económica hizo que el maestro no pudiera concentrar su obra exclusivamente en los temas de su interés. Sin embargo, recientemente ha podido combinar esas dos líneas de trabajo, que hasta ahora habían sido paralelas:

A partir del Internet la apertura es mayor y ahora tengo clientes que no son de México, clientes de Dinamarca, de Estados Unidos, España u otros países, todo por Internet y que sí son temas de ciencia ficción.

Por ejemplo, hay una empresa de Dinamarca que se llama Tinmen que me encargan puros dragones, robotizados, de fuego, hace poco hice unos dragones de nebulosa, muchos tipos de dragones. Colaboro con una empresa que se llama Sivifi que hace videojuegos, les hago robots, insectos robotizados, paisajes, escenarios o escenas con un estilo steampunk. Para otra empresa de Texas les hago unas cartas de fantasía y ciencia ficción. Ahí sí son trabajos más enfocados a la temática y al concepto de la ciencia ficción.

Al ser una persona de la vieja escuela, que puede recordar el mundo previo a la revolución digital, Racrufi hace especial énfasis en la manera en la que un autor puede darse a conocer a través de las nuevas redes de comunicación mundial.

Es cierto que si nos basamos en una editorial dejando que se encargue de todo, imprimir, distribuir exhibir, promocionar y vender, el artista tiene más tiempo para crear. Pero también tiene menos ganancias y tiene menos contacto con la gente. Entonces, aunque mi naturaleza no es muy sociable y me la paso encerrado trabajando, me gusta conocer a la gente que disfruta mi trabajo, me gusta platicar con ellos porque hay una retroalimentación. Esto es algo que ha permitido el Internet porque saltas todos los intermediarios que eran los que decidían si salía o no a la venta algo, si les ponías un cierto precio o no. Bueno, pues afortunadamente ya no tenemos que buscar su bendición.

Alcatraces por Racrufi

Nos comentó acerca de la importancia del contacto directo con su audiencia, en especial pensando en los futuros artistas.

Entonces ya nosotros personalmente decidimos tener el contacto directo con la gente, a veces hay tiempo, a veces no; tiene sus ventajas, sus desventajas. Pero a mí me parece que es muy enriquecedor, quiero pensar que ayuda o que puede proyectarle a los chavos que nos vean como alguien más terrenal, más normal.

Yo tengo consciencia de que hago un trabajo que pocos o nadie lo hace, pero yo no dejo de necesitar ir al súper, pagar mi luz, mi agua. Esta idealización que se llega a hacer de los artistas me gusta aterrizarla para que los chavos que aspiran a eso se den cuenta de que no hay nada especial. Obvio hay que trabajar duro, hay que practicar, sí hay un precio que pagar pero no es para alguien especial, no es que te haya caído un rayo y te iluminó o que vienes de otro planeta.

El maestro hizo especial énfasis en lo que implica el desarrollar cualquier disciplina, en otras palabras, la importancia del oficio, del gusto que impulsa a practicar haya o no ganancia inmediata.

Sí hay cierto talento, sí hay cierta proclividad, como un deportista, como cuando hay un chavito de diez años que es mejor que otro para jugar al basquetball por ejemplo, eso es un hecho igual que en el arte. Pero puede haber alguien muy bueno para algo y si no practica simplemente no va a desarrollar su talento. Y puede haber alguien que no tena talento pero se esfuerza, practica y lo desarrolla. Entonces la clave para hacer arte o cualquier actividad es la constancia, la práctica todos los días producto del gusto por hacerlo.

No esperes a que alguien te pida algo… Yo un día dije que iba a seguir haciendo mi ciencia ficción aunque no me la encarguen y seguí ahí, trabajando. Yo no pude evitar seguir haciendo ciencia ficción y con el tiempo me di cuenta de que era muy bueno porque no esperé a que viniera alguien o que existiera un mercado, podría decir que hasta estamos abriendo un mercado. Curiosamente mis obras personales que nadie me encargó me han abierto muchas puertas de trabajos comerciales.

Finalmente nos comentó lo que considera fue la clave para convertirse en uno de los artistas plásticos más importantes en el ámbito de la fantasía y la ciencia ficción en México.

¿Cuál es la clave de esto? Que de toda la creatividad, toda esa inquietud y esa necesidad creativa del artista hay que abrir la válvula para que se desfogue. Llegó a decirme alguien que mis trabajos eran muy locales, que no iba a tener clientes de Estados Unidos, que hiciera otra cosa. Y yo dije que si llegaba a tener clientes de EUA estaría bien pero yo insistí en seguir haciendo mi propio concepto de ciencia ficción mexicana, no me importa si me lo encargan o no me lo encargan. Y el tiempo creo que me dio la razón porque ahora yo me siento muy orgulloso de tener a mis clientes pero por otro lado mi obra personal.

El secreto. Que sigan haciendo sus propias ideas aunque nadie se las encargue. Aunque el maestro no se las dejó de tarea, aunque el cliente no les encargó, sigan haciendo sus obras, practicando, experimentando y todo eso cuenta, absolutamente. Va a llegar un momento en que eso les va a abrir puertas.

Mira la entrevista completa en nuestro canal de youtube y suscríbete

Cuando haya un hueco en tu vida

Autora: Mayra Daniel


Siempre que haya un hueco en tu vida llénalo de amor.

Adolescente, joven, viejo: siempre que haya un hueco en tu vida llénalo de amor.

En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío, ve a buscar el amor.

No pienses: “sufriré”

No pienses: “me engañarán”

No pienses: “dudaré”

Ve, simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor.

¿Qué índole de amor? No importa: todo amor está lleno de excelencia y de nobleza.

Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas… pero ama siempre.

No te preocupes de la finalidad de tu amor.

El amor lleva en sí mismo su finalidad.

No te juzgues incompleto porque no se responden a tus ternuras: el amor lleva en sí su propia plenitud.

Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor

Amado Nervo

Cuando haya un hueco en tu vida llénalo de ensayo. Es lo que este 2021 me ha enseñado: mientras trataba de revitalizar el impulso creativo, buscando hasta debajo de las piedras, no me percaté como las digresiones y las ideas se multiplicaron solas. Como esos musgos que crecen sobre las rocas, en una red poco comprendida de argumentaciones que se sostenían y se recuperaban solas, sin ser notadas.

Esa tarde había llegado tarde al taller de cuento y el coordinador estaba ya presumiendo su nueva lectura: una ficción que retrata los retos de un policía que se enfrentaba al crimen organizado en México. El libro, lleno de banderitas de colores separaba los momentos favoritos de su lector.

—¡Mira nada más esta chulada! Tan solo por este párrafo ya vale la pena todo el libro.

“Lo único verdaderamente organizado en México, es el crimen”, decía el subrayado imaginario de mi amigo.

Me pareció curioso que, la réplica desgajada del sentido, fuera en sí una tesis digna para un ensayo.

Me remonté en ese momento a una poesía de mi temprana adolescencia, cuando llenaba las hojas de un cuaderno con mis poemas favoritos y me encontré este de Amado Nervio, que me acompañó por años como un mantra: “Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor”

Adolescente, joven, viejo…

El carácter atemporal del ensayo y su validez sin importar; y es que aunque la atribución hegemónica del pensar se le atribuye a los hombres, las ideas ensayísticas pueden vivir en cualquier lado y nacer de cualquier cabeza.

“No cualquiera puede ser un gran chef, pero un gran chef puede nacer en cualquier parte”

¿Cuántas veces hemos escuchado el más genial de los argumentos en la voz de un joven taxista o hemos sorprendido a la señora de las tortillas en formal locución sobre la economía doméstica? Sin importar el género o la edad, el tener ideas propicias para un ensayo no es algo privativo, por ello es el género en que nos permite indagar en la grandeza del alma humana.

¿De qué ha dependido que las ideas de ensayo dependan de hombres blancos europeos? De que generalmente tienen más tiempo para darle importancia al discurrir de sus pensamientos y uno tiene que hacer malabares entre las tareas de cuidado. Pero: ¿qué hay de ese gran ensayo que se te ocurre mientras le sacas las manchas a las calcetas de tu niño pequeño?

“Se va la vida, se va al agujero, como la mugre en el lavadero…”

En cuanto tengas un tiempo baldío

¿Cuánto tarda uno en escribir un ensayo? Esperando el desánimo de las multitudes se nos dice que el ensayo es un género exigente: requiere documentarse, se nos explica, se necesita mucha fortaleza argumentativa, se nos alerta; es una cosa muy seria, se nos previene.

Todas estas acotaciones alejan del ensayo a algunos, retomando este género como una hidra de muchas cabezas de serpiente maliciosas y dispuestas a soltarte una mordida al menor descuido.

¡No parpadees!

Sin embargo la generosa naturaleza del ensayo permite que las ideas sean incluso parabólicas, que tengan el vaivén de un barquito en la fuente: no todos los ensayos son la flecha de Guilermo Tell, ¡al contrario! Diría que algunos se regocijan en su ambigüedad y se explayan en sus metáforas.

Así como quien comienza la tarea de sembrar un huerto, sin saber exactamente el camino que tomarán las plantas que en él crecen, confiando en que las cucurbitáceas y las lilifloras tomarán cada una el espacio y la altura que necesitan, siempre que tengan el suelo fértil. Así las ideas y sus expresiones tendrán el espacio que necesitan, solo acotado por esa cerca final que es la fecha de entrega.

No pienses que tipo de ensayo

También ensayar es como bailar: mientras más piensas en ello, menos te sale; en algún momento debes dejarte fluir en ese cadencioso mar de letras tintineantes y entender que las clasificaciones son excelentes, maravillosas, muy necesarias. Todas estas taxonomías están hechas para que en las clases nos quede todo más claro.

Pero al escribir el lenguaje se desborda. (¿El ensayo será Piscis?), requiere una entrega, una rendición total, una delicada renuncia. Y es así, cuando colmada la sed de ensayar, nuestros labios saciados de ideas se detengan llegan los puntos finales y los compases de cierre que se van haciendo lentos, como el Fade Out de una canción que te encanta.

El ensayo lleva en sí su propia plenitud

¿Para qué escribimos ensayo? ¿Es para que otros piensen igual que nosotros? ¿Para demostrarnos algo? ¿Porque esas ideas necesitan un sustento material o digital que nos permita dejar una constancia de su existencia? ¿La idea misma existía antes de ser ensayada en nuestra cabeza?

El objetivo del ensayo parece ser elusivo, porque aunque leas un ensayo de algo en lo que no estás de acuerdo su propia existencia es transformativa: de la existencia del ensayo puede nacer su antítesis y su síntesis, pero sin esa semilla germinal no hay nada.

Es por ello que el ensayo lleva en sí su propia plenitud: la existencia de la idea. De allí que la frase de René Descartes podría reformularse: Pienso, por lo tanto ensayo.

Está lleno de excelencia y de nobleza

Veamos con detenimiento estos adjetivos, en el caso de Amado Nervo atribuídos al amor, en este símil, recién establecido, atribuibles al ensayo:

Excelencia: superior calidad o bondad que hace digna de aprecio y estima a una cosa o persona

¿Podemos querer un ensayo?, ¿un ensayo puede estar lleno de bondad y calidad?, ¿podemos llegar a apreciarlo y estimarlo?

En esta trayectoria de 5 meses leyendo ensayos recuerdo algunos que se han quedado a vivir en mi cabeza sin pagar renta, quizá el que más ternura me ha causado es “La anciana espacial” de Ursula K. Le Guin, pero también me hizo reír mucho G. K. Chesterton y sin duda entendí que los ensayos pueden ser excelentes.

Noble: viene de la latina Nobilis, que es lo mismo que non vilis, no vil o villano. Pero la verdad es que, Nobilis, se deriva del verbo Nosco, que es conocer, y así Nobiles es lo mismo que Noscivitas, de suerte que se llaman Nobiles, porque son conocidos, notables o notorios, en su calidad y sangre.

Ensayos conocidos y notables podemos encontrar también muchos; algunos, escritos con letra de oro en las bibliografías académicas, otros, descubiertos en revistas o encontrados en talleres como el que dio origen a estas reflexiones. Lo notable de un texto, nuevamente, no depende de su origen, si no de sus alas y las alturas de pensamiento que alcance.

No pienses: “sufriré”, no pienses: “me engañarán”, no pienses: “dudaré”

Pero eso sí, al leer ensayo siempre es necesaria una cierta complicidad, un cierto acuerdo entre ensayista y lector, en el que el mundo en el que transcurre el ensayo, sea ficcional o no ficcional, puede establecer su set de reglas del juego. Esta complicidad entregada del lector del ensayo con quien lo está escribiendo requiere esa disposición de ánimo que lleva su propia recompensa.

Ve, simple, diáfana, regocijadamente, en busca del ensayo.

El proceso mental para crear un ensayo a veces parece perseguirnos, buscarnos en las esquinas, jugar con nosotros en los letreros de los edificios y en las citas de los libros que leemos; algunos ensayos nos persiguen con regocijo, como quien juega a las escondidas, como quien se deleita provocándonos.

Seguir el juego del ensayo es seguir al propio pensamiento, ese conejo blanco que nos puede sorprender saltando de repente. Y en nuestra búsqueda de la idea siempre vamos un poco tarde, de allí que salir corriendo detrás de ella sea indispensable.

Furia del desierto

Autor: Miguel Ángel Almanza Hernández


Sobre la carretera del lado del Gran desierto de Altar, el ocaso del sol es hermoso. Pero el trailero no se fija porque todavía le restan seis horas de trayecto. Así que metió pata, el tráiler aceleró su marcha más allá de los cien kilómetros por hora.

Pasado un tiempo, se dio cuenta de que los pericazos ya se le estaban pasando, así que decidió pararse a orinar y prepararse un bazuko para el resto de la noche. Después de echar aguas, encendió su porro y respiró profundo.

A medio tanque expulsó todo el humo, escuchó ruido de pasos entre los matorrales. Iluminó con la luz del celular, y vio a una muchachita llorosa con su vestido sucio, raído y manchado de tierra con sangre.

—¿Estás bien?¿Estás herida, m´ija?

Pero la chica no contestó, solo le miraba asustada solllozando. El trailero se regresó a la cabina y le extendió una cobija sobre los hombros. Ya de cerca, notó que la muchacha era hermosísima, parecía extranjera. Seguramente era de la trata y se les había escapado, lo cual es raro. La comenzó a auscultar para buscar algún arma.

—No te asustes, estoy viendo si no te pusieron chip. Ven, súbete, te dejo en la caseta.

La muchacha dudó, permaneció congelada. Él no le dio más tiempo y la cargó en vilo, subiéndola al asiento del copiloto. Luego, encendió las luces y apagó el motor, cerró los seguros, le dijo:

—Oye, y a todo esto, ¿eres una buena mujer o eres de las malas?

La chica solo negó con la cabeza, mientras intentaba abrir la puerta.

—Si te portas bien, te puedo esconder con unos amigos, ya sé que te van a estar buscando y chance hasta una lana me dan por ti. Pero si me haces una buena mamadita, yo feliz y te saco de aquí en chinga, ¿cómo ves? —Y al decirle esto le mostró la pistola fajada en la cintura, sonriendo como por casualidad.

Ella no se resistió cuando le tomó por el cabello castaño, le restregó su pene flácido y pestilente en la suave cara, hasta que logró erectarse. Y así, mientras le ponía la pistola en la cabeza, con la otra mano le mantenía abierta la quijada.

Movía su pelvis lentamente, poco a poco, la chica dejó su pasiva resistencia y comenzó a hacerle una verdadera mamada. Sintió el placer, una oleada de sangre que le subía, luego el sabor a sal y el ansia tremenda. En el punto más álgido ella se detuvo.

—No te pares, ya casi…

Escuchó un chasquido que le recordó a las jicamas, luego sintió un ardor. Ella sonrió mientras asentía, la sangre le escurría de su boca, masticaba y engullía un pedazo de carne. Sus ojos parecían de fuego y sus dientes eran de bestia, con ellos cercenó a dentelladas hienescas toda la carne por la cual le habían dicho que era hombre. El trailero gritó con desesperación y jaló de los cabellos a la furia. Como no pudo quitársela de encima, se resolvió dispararle toda la carga de su pistola.

Cuando el trailero despertó ya era de día. Tenía mucha sed y frio, le dolía la cabeza. Sintió la humedad entre sus piernas. Abrió los ojos, su rostro quedó congelado en un grito silencioso. No pudo distinguir los restos de su pene y los dedos de la mano izquierda destrozados a balazos, se confundían unos con otros, en una gran plasta de sangre.

Tener la razón

Por Mayra Daniel


El tiempo me dará la razón”

Dicen: “el tiempo todo lo cura”; yo no estoy seguro que sea cierto. A veces, desde esta altura, pienso en que he sido poco razonable. Aunque en teoría mis pasos siempre van a un mismo ritmo, sé que los ojos que me miran, lánguidos, a veces están hechos para odiarme.

Pero, ¿acaso tengo yo la culpa? Es cierto, mi propósito es unívoco, no tengo forma de retroceder o ir más rápido: mi camino es claro y mi finalidad, exacta.

Ser el guardián del tiempo no es para nada un tema sencillo, pero tampoco puedo intervenir y hacer que el galán de esa muchachita llegue más rápido o ir más lento para que aquél joven llegue a su cita de trabajo.

Desde aquí veo muchas tragedias: perritos de peluche que se caen a los andenes y hasta uno que otro zafarrancho.

Mis días son tranquilos, hasta eso: van cambiando las publicidades en los carteles, veo nuevos peinados en las señoras y nuevos estilos en el ir y venir de los muchachos.

En todo este tiempo no he curado nada: estoy cierto, pero también he visto muchos encuentros. Parejas que corren uno a los brazos del otro, dedos que se entrelazan, mejillas que se besan.

A veces creo que no sirvo para nada, sí… Es que mis antepasados: un reloj de arena y una clepsidra, poseían éste misticismo de conectar con los elementos, pero yo fui hecho digitalmente, con un montón de cables y foquitos, a veces me siento desconectado.

Sí, he sido desconectado varias veces: una vez incluso me quedé detenido a las 14:20. Lo único que me consolaba, era saber que incluso un reloj de metro detenido tiene la razón dos veces al día.

Mi hermano está del otro lado del andén, hace mucho no lo veo de cerca. Íbamos en la misma caja el día que nos instalaron, pero desde entonces creo que estoy destinado a la soledad.

El tiempo es también una medida solitaria, quizá por eso nos entendemos. No está destinado ser para nadie, a complacer o cuidar. Diría que su vocación, por el contrario, es esa entropía del desgaste y el fallo.

Cuando me arreglaron me llevaron a un taller y quedé sincronizado con el reloj mundial; al menos eso dijo el técnico: “Quedó de diez”.

Acá abajo pasa de todo, cuando llegan los cantantes me gusta: el tiempo y la música se llevan bien. Yo solo cuento, ellos cantan: “Reloj, no marques las horas, porque voy a enloquecer… ella se irá para siempre de mí, cuando amanezca otra vez. Reloj, detén tu camino, porque mi vida se acaba, ella es la estrella que alumbra mi ser, yo sin su amor no soy nada”.

Nunca he visto las estrellas, eso me hubiera gustado. Ser un reloj que pudiera ver el cielo, que se alineara con los cuerpos celestes. Solo los conozco en los carteles de la publicidad en las paredes.

Un día dejé de ver personas: solo se iba a parar por allí el policía, hacía un rondín pequeño y se desaparecía. Debí suponer que ese sería el principio del fin.

“Si un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha: ¿en verdad cayó?”, si un reloj marca el tiempo en una estación vacía y nadie lo mira, ¿en verdad pasa el tiempo?

Así, suspendido, vi desde el andén contrario como llegaba un técnico a desinstalar a mi hermano y lo sustituía por una televisión que nunca calla su voz. Mis días están contados, concluí.