La filosofía interminable de Ende: La mentira como poder desfigurado

Roberto Carlos Garnica Castro



Ilustración de entrada: “ El secreto del lobo” por “Yami” Hernández.

Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?

La mentira como poder desfigurado

En el capítulo noveno de La historia interminable (Ciudad de los espectros), Atreyu se interna en “la capital del más famoso país de Fantasia” (Ende, 2022, p. 161). Deambula entre calles y callejas, castillos de fantasmas y casas embrujadas, gigantescas telas de araña y figuras malditas. Tiene hambre y le rodea un olor nauseabundo. A lo lejos oye “un aullido ronco y gutural que parecía tan desesperado, tan inconsolable, que a Atreyu se le partió el corazón” (Ende, 2022, p. 160). Se dirige, casi hipnotizado, hacia la fuente de dicho llamado y se encuentra con Gmork, el hombre-lobo, con quien sostiene una inquietante conversación.

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo IX aborda varios tópicos filosóficos: el carácter omnipresente del hambre, la interrelación entre la realidad y la fantasía, la necesidad de los relatos fantásticos en la vida humana, la coexistencia de múltiples mundos, la paradójica persistencia de la nada, la diferencia entre historias inventadas y mentira, el peso ontológico de los seres de ficción, el poder sujetador de las ideologías.

Como se señaló en la entrega anterior: “la Nada es el motivo que atraviesa La Historia Interminable, es el antihéroe informe que amenaza con disolver los mundos, es la no-cosa que de algún modo todo lo rodea” (Garnica, 2025). En Ciudad de los espectros reaparece el tópico de la Nada y se engarza con el de la mentira. Esta relación incluso genética (la mentira procede de la Nada) tiene un fondo existencialista pues “el hombre es el ser por el cual la nada adviene al mundo” (Sartre,1966, p. 66) y, al parecer, es el único capaz de mentir y engañarse a sí mismo.

A manera de diálogo entre un ser fantástico (Atreyu) y una entidad híbrida (el hombre-lobo), Ende expone algunas reflexiones al respecto.

El joven piel verde empieza por plantear, de manera sorprendente: Yo soy Nadie (Ich bin niemand). Así se presentan enunciaciones en las que, al darle nombre propio a la negación, no es claro si existe o no un sujeto de la acción: “Nadie me ha oído, Nadie ha venido hasta aquí y Nadie ha hablado conmigo en mi última hora” (Ende, 2022, p. 162), sentencia Gmork. Más allá del juego de palabras que evoca el grito de Polifemo cuando Ulises le clava una estaca en su único ojo: “¡Nadie me hiere!, ¡Nadie me mata!”, esto lleva a Atreyu a cuestionar su existencia y, entonces, el hombre-lobo le explica que sólo es un ente de ficción, un sueño, una invención del reino de la poesía, parte de una Historia Interminable, “real” sólo en la fantasía (Cf. Ende, 2022, pp. 165-166), nada más que el personaje de un libro.

Pero regresemos al tema de la Nada, una cosa que debilita y atrae a quienes han perdido la esperanza (Cf. Ende, 2022, p. 163), que se “presenta” como la sensación de haberse quedado ciego y que “paso a paso, irresistible y silenciosa” va “penetrando por todas partes” (Ende, 2022, 171) e, implacable, va tragándose Fantasia.

La pregunta, además, es ¿qué ocurre con los seres fantásticos que se internan en la Nada?: se convierten en mentiras, en “enfermedad contagiosa que hace ciegos a los hombres, de forma que no pueden distinguir ya entre apariencia y realidad” (Ende, 2022, p. 165), en “cadáveres vivientes” que “envenenan el alma… con su olor a podrido” (Ende, 2022, p. 166).

En este sentido, hay que comprender dos cosas:

1) La fantasía, una historia imaginada, no es lo mismo que una mentira.

2) Para un ser fantástico, más grave que la propia desfiguración, es el efecto que puede producir en los seres humanos cuando se vuelve mentira.

Con intuición foucaultiana, Ende desvela que las mentiras pueden ser muy poderosas y tener efectos materiales, pues “los hombres… viven de ideas” (Ende, 2022, p. 167). Cuando son absorbidos por la Nada, los seres fantásticos devienen “imágenes del miedo cuando, en realidad, no hay nada que temer, deseos de cosas que enferman a los hombres, imágenes de la desesperación donde no hay razón para desesperar” (Ende, 2022, p. 166); con mentiras (seres fantásticos desfigurados) se puede manipular a los hombres y hacer que “compren lo que no necesitan, odien lo que no conocen, crean lo que los hace sumisos o duden de lo que podría salvarlos” (Ende, 2022, p. 167).

Es por esto por lo que algunas personas odian y temen la fantasía y se esfuerzan en propagar la más peligrosa y fea de todas las mentiras: que Fantasia no existe.

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo IX de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Sin embargo, hemos desvelado en qué radica el poder destructivo de las mentiras y reconocido que la fantasía es importante y saludable para la vida humana.

Referencias.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Garnica (2025). La esperanza como superación del nihilismo.En La filosofía interminable de Ende, columna del Blog de Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2025/01/26/la-filosofia-interminable-de-ende-la-esperanza-como-superacion-del-nihilismo/

Parménides (2008). Fragmentos, en Eggers Lan, Conrado (2008). Los filósofos presocráticos. Gredos.

Platón (1992). Sofista, en Platón (1992), Diálogos V. Gredos.

Reseña: “Soledad”de José Luis Ramírez Gutiérrez, RAM!

Martha Camacho



Octubre 2025 (Enero 2026)

Miguel Almanza me hace llegar el siguiente cuento y me tiro de cabeza desde el principio.

“Soledad está narrado en primera persona y describe un mundo donde muchas de las estructuras que conocemos ya no son necesarias, eso sí, el texto no propone esto como una liberación ni como una utopía.

No hay aquí un patriarcado responsable: la catástrofe proviene de otro lado, y lo más duro del escenario que plantea el cuento es que no ofrece salida.

Soledad y las suyas son elementalmente sororas, pero esa sororidad no es cálida ni amorosa.

Es utilitaria.

Cooperan porque no hay alternativa. La supervivencia sustituye al cuidado. No hay esperanza —o quizá nunca la hubo— de un cambio real. Todas están en guerra constante contra la muerte y no logran sobreponerse más allá de… pero es hacer spoiler.

En una primera pasada sentí este rollo como un “cuento de abejas”: una organización funcional, biológica, impersonal, donde cada individuo cumple un rol necesario para que el conjunto siga adelante. Pero la analogía apenas se cumple; aquí no hay armonía ni propósito compartido, sólo una forma de seguir existiendo que no concede tregua.

No es un secreto que no simpatizo con los escenarios distópicos, pero este texto está construido desde un punto de vista muy claro.

Si lo que RAM! busca es plantear un mundo sin final feliz y sostenerlo sin trampas, su cuento lo logra. La idea que me deja Soledad es incómoda: no importa cuánto se modifiquen las Condiciones Iniciales (perdón por el lenguaje de teoría del Caos porque caóloga), el resultado —el resultado infeliz— puede ser el mismo.

No propone un futuro deseable, sino uno que no deberíamos permitir: un mundo donde la humanidad queda reducida a función biológica y la cooperación existe sólo porque no hay otra opción.

Quiero creer que la especie es más capaz que el cuadro que pinta RAM!, pero el cuento insiste en algo inquietante: en condiciones de desesperación extrema, no vamos a movernos más allá de lo estrictamente necesario para sobrevivir, independientemente de quiénes queden vivos.

Tal vez sea precisamente romper esas condiciones —y ampliar las miras hacia otros lados— lo que intentamos hacer cuando escribimos ciencia ficción.

Y basta: vayan a leerlo en el Fanzine 6, a RAM! le dará gusto que lo lean y, después, vayan a contradecirlo. Miguel Almanza, por su parte, me preguntará de qué manga saqué tanto rollo.

Martha Camacho. Nacida en 1963, Michoacán. Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta 1990. Publicada en Asimov Ciencia Ficción en español y en varias antologías del género, tanto en México como en España. Jurado del Premio de Novela Fantástica de Ciencia Ficción de la Universidad de Sonora 2025. 

Tierra de nadie


Cristian Fernando Guevara Hincapié


Todo empezó en un foro de la deepweb, con una vieja fotografía de un edificio llamado Surovyy-27, extremo noreste de la ciudad de Verfall: tierra de nadie. Olvidado por la historia, Surovyy-27 tenía un estilo que se inspiraba en el brutalismo soviético, ya saben: geometría radical, futurista, abrumadora casi laberíntica.

Decía un usuario anónimo que, dentro del edificio, había un muro jamás pintado: uno de los pocos muros vírgenes en todos los que había en la ciudad. Tildándolo además de lienzo sagrado.

Entonces un conocido en el negocio de las criptomonedas ofreció un pago a quien encontrara ese lienzo e hicieran un grafiti. Sencillo y directo. Podría casi parecer un timo, pero teniendo en cuenta la deplorable situación socioeconómica en la ciudad… ¿quién no se arriesgaría…?

Axolotl, RataZeta, Fiona, Machete y GatoSeco —seudónimos de artistas en la escena artística de Verfall— decidieron reunirse, colaborar para ganarse ese premio. Dividirlo.

Mientras tanto algunas voces empezaron a replicarse en el foro, decían que varios artistas estaban desapareciendo durante la búsqueda del lienzo.

¿Verdad o mentira? Dicen que los seres humanos asumimos riesgos esperando recompensas prometidas, no es necesario ir demasiado lejos, claramente tenemos los apostadores en los casinos.

Riesgo innecesario, imprudencia o vehemencia —como quieran decirle—, el grupo de artistas exploraron el noreste de la ciudad, cruzaron un enmallado, hasta encontrar varios edificios entre ellos Surovyy-27: agónico, carcomido por la falta de cuidado, intemperie y tiempo.

Cuando cruzaron el umbral de puertas oxidadas, empezaron a vivir el horror porque la puerta que les dio acceso al edificio, terminó atrapándolos, regresándoles al interior del edificio.

Descubrieron que las leyes físicas colapsaban al interior del monstruo arquitectónico como un castillo de naipes —y digo monstruoso: ni figurada ni alegórica ni metafórica ni simbólicamente— monstruoso de manera literal. Atrapándolos en un intrincado sistema interconectado.

Las paredes —recubiertas de incontables grafitis— se extendían en corredores que parecían infinitos y que, algunos, al atravesarlos, los regresaban al punto de origen.

Cada puerta estaba conectada a apartamentos en otros pisos, que variaban con cada apertura. Cada ventana reflejaba escenas que no coincidían con sus ubicaciones.

Notaron como, retirando la vista, así fuera momentáneamente, el edificio mutaba, cambiaba como si fuera un metamorfo gigante, dándole sentido a la paradoja del gato de Schrödinger: dependencia del observador. Y los grafitis, los malditos grafitis que recubrían las paredes, se deshacían y recomponían cada vez que no los miraban: reptaban, evolucionaban, intercambiaban sus lugares, tamaños, colores y apariencias.

—¿Qué? —dijo Fiona, cuando descubrió el cambio. Observaba un grafiti de una mujer siendo quemada en una hoguera y después de parpadear había un hombre siendo empalado, y cuando parpadeó de nuevo, había una mujer lapidada. Fiona sintió pavor y náuseas—. Tengo… miedo.

—Tenemos —dijo GatoSeco, sudando por montones—. Tenemos, Fiona.

—¡Marica, esto es una mierda…! —gritó RataZeta, pálido, cuando cruzó por tercera vez al mismo pasillo. Pateó la puerta con fiereza.

—¡¿Cómo salimos de aquí?! —interrogó Machete, oteando todas las direcciones con la presteza de una ardilla, llevándose ambas manos a las sienes de su cabeza: notablemente desesperado.

Pero para la desgracia del grupo, ya no había forma de salir. Solo caer en el desespero. Y, la desesperación los invadió, con una sensación que, sin siquiera haberlo visto, había alguien más ahí: observándolos en algún rincón de ese escenario abstracto, pesadilla infernal. Esperando. ¿Esperando para qué…?

Fiona, después de cruzar una puerta, dejó de ser vista por los demás, reapareció caminando en el techo, cabeza abajo. Estaba notablemente confundida:

—¡¿Có-Cómo bajo?!

—Regresa —indicó GatoSeco con sus ojos abiertos hasta más no poder.

—¡Miren! —irrumpió RataZeta con el chillido de un animal herido.

Había un grafiti: una calavera siniestra, fotorrealista, que parecía mirarlos, atrás, siluetas humanas, exhibiendo sufrimiento. Y, en la base del grafiti, una frase: “Benditos aquellos que sufren porque sus almas están llenas de delicias…”.

—¡¿Qué demonios?! —chilló GatoSeco cuando leyó.

—Tengo miedo… —expresó Fiona, mirando desde su posición invertida.

—¡Baja! —habló Axolotl.

Fiona, apresurándose, regresó por un pasillo, pero esa fue la última vez que la vieron. GatoSeco decidió buscarla, pero también desapareció.

Machete intentó buscarlos, pero Axolotl le advirtió:

—¡No! Permanezcamos juntos —invitó a ambos: Machete y RataZeta, quienes aceptaron sin dilación.

Ahí entendieron que era verdad lo de los artistas desaparecidos, seguramente atrapados en algunas de las habitaciones perpetuas.

Establecieron un complejo plan: marcaron el camino con aerosol rojo. Pero se dieron cuenta que las marcas también cambiaban de lugar o desaparecían al dejar de mirarlas. El espacio parecía estar vivo. Fue así que Machete en un momento estaba siguiéndoles y después ya no: desapareció.

Axolotl, analítico, lo entendió cuando ya era muy tarde, el edificio no era solo un lugar: era un organismo viviente, sintiente, siempre cambiante, como un parásito dimensional que atrapaba a las personas. Que, dándole un sentido simbólico, atrapaba las almas creativas, las que osaban imponer su versión de la realidad, externalizarlas en los lienzos de concreto. Súbita crítica social al sistema de oposición, porque ser diferente implica ser devorado por la sociedad… por la urbe… “porque lo diferente debía sancionarse…” ¿no? “Benditos aquellos que sufren porque sus almas están llenas de delicias…” porque los artistas sufren…

Axolotl sacudió la cabeza intentando volver en sí. Exhaló profundo. ¿Qué podían hacer? Estaban siendo devorados, no solo por las fauces y entrañas del edificio, sino por sus miedos más primitivos.

Axolotl y RataZeta empezaron a alucinar con cosas que habían vivido y sufrido; infancias destrozadas, adolescencias voraces, juventudes en frenetismo.

—¡Marica…! —expresó RataZeta cuando se detuvo a observar un grafiti.

Axolotl también observó el grafiti: todos sus amigos artistas desaparecidos estaban en un collage macabro. Cinco personas caminaban en una estructura no euclidiana, misma en la que estaban atrapados. Y su firma estaba ahí plasmada: Axolotl.

Y ambos sintieron consternación cuando vieron que en ese grafiti había una entidad abominable, que por piel tenía hileras de ojos de diferentes tamaños, con cadenas que finalizaban en garfios. Acechándolos.

Axolotl no alcanzó a reaccionar. RataZeta fue atrapado por unas cadenas, similares a las del ser abominable en el grafiti, provenientes del fondo del pasillo. No pudo hacer nada mientras su amigo chillaba. Solo pudo correr, para minutos más tarde darse cuenta que había regresado al mismo lugar donde RataZeta fue atrapado, sin rastro de él o del ser.

Cayó de rodillas, confundido.

Ese lugar atrapaba a las víctimas como un trauma psicológico. Persiguiéndolos toda la vida. Enredando cada una de sus acciones. Porque la vida es igual de compleja que ese edificio. Que una cadena enredada. ¿Acaso el edificio era una extensión de la vida misma? Axolotl entendió que nadie respondería esa pregunta cuando escuchó resonar las cadenas detrás suyo.

Cristian Guevara es un escritor y psicólogo colombiano, (1989, Cali). Considera la escritura un espacio para explorar los límites de lo real. Se especializa en poesía y cuento, con una inclinación hacia el suspenso, ciencia ficción y terror. A lo largo de su carrera, ha publicado en un centenar de revistas y antologías hispanoamericanas, algunas son: Pactum, Dogevena, Codex Sulpurista, Revista Albores Caipell, Paladín, Inquisidor, Revista Narrativa, Sonámbulo, El Creacionista, Clan Kütral, Sarape de Neón, La Navaja Extraviada, Nova Talassa, Crónicas Omicron, Aion.MX. Revista Cultural Casa Usher, Voces Indelebles, y otras, consolidando su presencia en el ámbito literario. 

Sálvate

Jessica Pavón


En este tumultuoso mundo

Resolví tomar mis alas,

Ser mí heroína, salvadora.

Alada voy por lo extraño de la vida

resurgiendo como fénix.

De cenizas de otros tiempos

De oscuridad y sombras.

Bajo sofocante sol de enero

Entre luces y lunas rotas.

Voy como abeja dejando aguijones, largando mis penas.

Transformada en otra.

¡No busques ahora a la niña rota!

Busca una loba hambrienta.

¡No busques a la mujer rota!

Busca empoderada reina:

Lejana, altiva y alada.

Jessica Pavón vive en Argentina nació el 30 de enero de 1979. Es docente de escuelas secundarias. Incursionando en la escritura colaboró recientemente con sus poemas en la Revista Literaria chilena Salió Mal, Revista Raíces (California), Visiones Peligrosas y Mujeres Aladas de México. Promueve la lectura en su comunidad en la Biblioteca Popular Enrique Gonino y participó en varias antologías: Lo que el cuento se llevó y Siembra de Versos de Editorial Luxor, Niebla de Editorial Deshoras y Código 2025 relatos policiales de Editorial La Retórica, Argentina en Letras e Invierno de Antologías del Fin del Mundo. Recientemente fue seleccionada para participar en una antología de microrrelatos Umbral de las tinieblas y Revista Amalgama de Letras de España.

Reseña de «Un pasaje sin limites»

Martha Camacho


Releo “Un pasaje sin límites” de Ronnie Camacho; una historia sobre no pagar el pasaje.

Y no logro clasificarlo.

Busco plausibilidad; toda la historia suena muy razonable, las dimensiones están más cercanas y más ‘pegadas’ entre sí de lo que nuestra limitada mente (encerrada en sólo cuatro y con una de ellas que no comprendemos muy bien) concibe y el viajero de Ronnie, quien no tiene empacho en viajar como lo hace, usando los medios que sean necesarios.

Sin importar si son éticos o no.

Genial la forma de viajar; ¿podría ser entonces la música una forma? ¿una canción específica podría llevarte a un nuevo lugar? Doble wow ¿Hay música en cada cuanto?

Quiero imaginarme un láser devorador de materia como alguna especie de agujero negro diminuto, sumamente “laserificado”, es decir, con su fuerza de gravedad ordenada y concentrada en un solo punto, deshaciéndose de lo que haga falta.

Soy una cienciaficcionera insoportable y de inmediato me pongo a calcular detalles técnicos, a imaginar los pesos entre realidades, la interactuación entre partículas, las frecuencias, todo lo que Ronnie escribe de forma directa, práctica, con apenas un toque de poesía entre sus paisajes.

Y lo que comienza como el entretenido relato entre dos que se conocen en un bar, termina en una escena… que claro que no les diré.

Vayan y descarguen el Fanzine #3 del Colectivo Delfos. Miguel Almanza quedará extrañado por el súbito interés y Ronnie con seguridad se reirá malvadamente, al haber añadido varios más, a su pasaje. Se los juro.

Martha Camacho. Nacida en 1963, Michoacán. Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta 1990. Publicada en Asimov Ciencia Ficción en español y en varias antologías del género, tanto en México como en España. Jurado del Premio de Novela Fantástica de Ciencia Ficción de la Universidad de Sonora 2025. 

LA PALABRA DE LOS ABUELOS: Chaakan, el de la cresta color de sangre

Roberto Carlos Garnica


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven tatas sabios y nanas amorosas que desean compartir sus historias.
Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito que me compartió el maestro José Luis González Santiago.

Chaakan, el de la cresta color de sangre

Jun (Colibrí) golpea la pieza de pichoco con el formón, lo hace con alegría y firmeza, pues con cada nuevo golpe se revela el ser naciente de la máscara que utilizará en la danza de los huehues. Es una tarde de octubre y ya se siente el aire de Ninín (Todos Santos).
Jun mira por la ventana cómo Chaakan (el pájaro carpintero) picotea el tronco de un cedro seco. El tac, tac, tac del mazo del niño se entrelaza con el tic, tic, tic del pico del ave.
Jun talla lo que su corazón ha soñado y, como un susurro, el olor del pichoco lo anima: “lo estás haciendo bien, pequeño”.
Chaakan descubre un gusano blanco, lo engulle y sacude su copete rojo.
En ese momento entra Kiwíkgolo (el Señor del monte), se sienta junto al niño, le pide su máscara, la examina con detenimiento, sonríe y expresa complacido:
—Jun, mi niño, posees el don, yo te sostendré para que tu staku (estrella) florezca.
El muchacho apenas lo escucha pues el pájaro carpintero ha raptado su atención.
—Abuelito, ¿por qué Chaakan tiene una corona de fuego?
—No es lumbre hijo, es un recuerdo de sangre. ¿Quieres saber por qué Chaakan tiene esa marca en la cresta?
—A Jun le brillaron los ojitos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.
—Sí, tata.
Y fue así como, inmersos en los latidos transformadores de Máspuxtu Kiwi (El Corazón de la Madera), Kiwíkgolo contó la siguiente historia:

«En la época de la penumbra, cuando los animales tenían un lenguaje común y se comunicaban entre ellos, también había un alimento común: el maíz sagrado.
Todos lo sembraban, todos lo cosechaban, todos vivían de él.
Un día, el grano de maíz empezó a desaparecer, pero, como tenían en abundancia, nadie se dio cuenta.
Pasaron los días y los meses y los animales empezaron a notar la falta del alimento sagrado.
—¿A dónde se va el maíz? —preguntaron unos.
—No sabemos —respondieron los otros.
Pasó un año y más de un año y el maíz empezó a agotarse.
Hubo gran inquietud y los animales líderes cuestionaron:
—¿Dónde está el maíz?, ¿quién se lo está llevando?, ¿hacia dónde camina?
—Nadie sabe.
Y así quedó.
La situación se agravó, ya casi no había maíz, muy pronto muchos animales empezarían a morir, la situación era cada vez más preocupante.
Entonces se convocó a una nueva reunión en la que acordaron:
—Llamemos a Chaakan que por ahí anda, que por todos lados vuela. De seguro él ha visto algo.
Así pues, le preguntaron al pájaro carpintero y éste comentó:
—No sé dónde está el maíz, no sé hasta dónde caminó, pero he visto que Kixis (la hormiga arriera) se lo llevó cargando.
—¿Dónde lo puso?, ¿dónde lo guardó?
—Eso ya no lo sé.
—Investiga y cuando veas que se llevan el maíz, síguelas y nos dices hasta dónde llegan, descubre dónde lo esconden.
Así hizo Chaakan, siguió el camino de las hormigas arrieras y vio que llegaban hasta el pie de un cerro viejo.
Volando veloz regresó a donde lo esperaban el resto de los animales y les dijo:
—Ya vi dónde guardan los granos de maíz.
—Llévanos por favor.
—Sí.
Chaakan (el pájaro carpintero) los acercó al lugar. Allí, al pie de un cerro, encontraron un agujerito y los animales que encabezaban la misión empezaron a escarbar, pero al poco tiempo se toparon con una roca dura y muy grande que no pudieron mover. El maíz aún no se veía.
—Ahora qué hacemos —preguntaron unos.
—Pidámosle ayuda a Chaakan —dijeron otros —, quizá con su pico fuerte logre romper la roca.

Así hicieron, fueron a buscarlo y le pidieron que por favor los ayudara a superar el obstáculo que les impedía avanzar.
Chaakan aceptó y llegó volando a donde estaban todos los demás animales.
Con su fuerte pico empezó a desmoronar la roca poco a poquito.
Pero no tuvo cuidado y dio un fuerte picotazo, entonces el resto de la piedra se le vino encima y le rompió la cabeza.
Se abrió el agujero y descubrieron que detrás de esa roca había muchos granos de maíz que Kixis (la hormiga arriera) guardaba.
Los animales se emocionaron mucho y corrieron a recoger los granos.
Algunos auxiliaron a Chaakan, quien por causa del golpe se había desmayado y sangraba mucho.
El pájaro carpintero sanó, pero se le quedó el copete rojo, como símbolo de la sangre y la ayuda»

—Y fue así, mi niño, como Chaakan encontró el maíz y salvó a todos los animales de morir de hambre.
—Oh, entonces el rojo sangre que pinta su cabeza es la corona de un héroe.
Jun se quedó pensativo un ratito y luego preguntó:
—Tata, ¿por qué a Kixis le crecen alas el día de San Juan y las pierde al mediodía?
—Jun, mi inquieto pajarillo, eso les pasa porque no son dioses, pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Agradecimientos:


Al Maestro José Luis González Santiago, por compartirnos la historia de Jukiluwa, a la que le nacen alas.
Al maestro José López Tirzo, por asesorarnos con la escritura de los vocablos totonacos.

Ilustración:
«El rescate del maíz» autor: Espartaco Garnica.

Literomancia: tres consejos para no caer en el amarillismo literario

Miguel Almanza


Existe en internet una proliferación de textos narrativos con intención literaria de horror o terror (gore, splaterpunk, etcétera) que no cumplen con el precepto narrativo del conflicto. Algunos escritores creen que la simple enunciación del hecho horroroso en un texto con pretensiones literarias, ya convierte su texto en crítica social, pero esto no es así. Si así fuera, el amarillismo periodístico sería denuncia, cuando todos sabemos que no; buscan la mirada fácil, utilizan el morbo para lograr ventas.

A los humanos nos fascina la muerte y la carne, son misterios. Cuando abordemos temas tabú en nuestros escritos, no debemos olvidar que la literatura busca una nueva manera de decir las cosas, una perspectiva diferente, que renueva el abordaje del tema. Primera recomendación: no caer en el efectismo, evitarlo equivale a evitar la carcajada fácil en la comedia.

¿Qué es efectista? Mostrar lo horrendo o grotesco de un accidente o crimen sin que exista una trama, busca generar emociones de modo fácil e irreflexivamente. La imagen de un perro atropellado es horrible, grotesca; causa automáticamente un efecto. Es como cuando en el cine la música suena alta para generar un “susto”, que en realidad no tiene que ver con la calidad de la trama, los personajes o la atmósfera, sino con un reflejo biológico innato del cual no se tiene control.

Para no caer en el amarillismo literario y el efectismo, propongo tres filtros de la violencia o evento tabú que puedes aplicar a tus historias:

1) El mensaje. Tener muy claro el discurso, la idea, el motivo del autor para escribir el texto y cómo se desea abordarlo. Debes saber muy bien qué quieres decir. La confusión y la ambigüedad tienen una cura muy sencilla, tiempo de reflexión, introspección, o lo que se sugiere muy seguido: pensar antes de escribir o hablar. Tener un discurso bien pensado nos hace auténticos y permite conectar con el lector pues no se le está haciendo perder el tiempo, al contrario, se le brinda algo significativo.

2) Lo explícito. Prueba de la omisión; una vez escrito el texto, trata de omitir el evento o hecho violento; o redúcelo a lo mínimo. Si la historia aún se sigue entendiendo, es que en realidad no es necesario el fragmento. La sugerencia suele ser más efectiva y memorable que lo repugnante y explícito, además de que incentiva la imaginación y permite la satisfacción de la inferencia al lector. Recuerda que todo elemento que carezca de función en la historia no merece ser mencionado.

3) Evitar la ambigüedad discursiva, resolver siempre el conflicto narrativo. A este problema le llamo el error del retrato repugnante, que muchas veces pretende ser un retrato de denuncia; una narración de este tipo suele retratar explícitamente un suceso violento y/o grotesco en el cual, el relato termina sin plantear o resolver un conflicto más allá del evento en sí. Apuesta al dramatismo del suceso y al efectismo de lo explícito; no busca enunciar un discurso claro, son textos más cercanos a lo catártico, pues carecen de conflicto: nadie detiene al malhechor, nada antagoniza para crear una lucha de voluntades que permitan crear el vaivén de la historia, es plano.

Al no tener un núcleo narrativo, el texto se convierte en un retrato de lo horroroso, como la fotografía de un evento horrible en primera plana que llama la atención. Busca repugnar o causar un efecto en el lector, pero al carecer de conflicto —y por ende de resolución—, la interpretación se hace ambigua; y el texto que buscaba ser una crítica social, también puede ser interpretado como una apología. Esto es lo que debemos evitar. Para ello resolver el conflicto narrativo es crucial, además de elevar la calidad y brindar tensión narrativa al texto, define el discurso y motivo del autor para la escritura del cuento, aunque este mensaje quede oculto o sea implícito.

Debo subrayar que el error de carecer de conflicto, despoja de la forma literaria al texto; se convierte en un suceso horroroso o una anécdota terrible, tal vez un retrato, pero difícilmente tendrá interés literario. Como dice el cuentista Guillermo Samperio en su libro Después apareció una nave (2002): “Sin conflicto, no hay cuento”. Si evitas el amarillismo literario aseguras cierta calidad de tus textos, además de ganar claridad en el discurso y temas de tus escritos.

Estos tres consejos o filtros tienen la finalidad de mejorar el nivel de tu escritura al abordar temas o eventos tabú. Te recomiendo también, a utilizarlos para analizar los textos de otros: ¿tiene conflicto la narración? ¿Es necesaria la escena violenta para el desarrollo de la trama?¿Qué reflexión nos quiere provocar el autor?

La filosofía interminable de Ende: «La Nada como problema antropológico y político»


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?


La Nada como problema antropológico y político

En el capítulo octavo de La historia interminable (En el País de la Gentuza), Atreyu y Fújur intentan traspasar las fronteras de su mundo para encontrar un ser humano que le pueda dar un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. Sin embargo, por más que avanzan, no logran acercarse a su destino pues, como les revelarán los cuatro gigantes del viento, Fantasia no tiene fronteras. En ese recorrido miran cómo la Nada se extiende por todas partes y, al internarse en una terrible tormenta, Atreyu cae de su montura, pierde el Áuryn y se precipita al mar. Unas sirenas lo rescatan y lo dejan en la playa. Cuando el joven solitario recupera la conciencia, se interna en el País de la Gentuza.

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo VIII aborda varios tópicos filosóficos: la posibilidad o imposibilidad de traspasar las fronteras del universo, la tematización de la Nada, la normalización del horror y la corrupción, la dificultad para discernir la perseverancia de la necedad, el valor del miedo y la prudencia como mecanismos de salvaguarda, la pulsión de los poderosos de pelear por pelear y los efectos devastadores de esa guerra, el lugar y la relevancia de lo monstruoso.

La Nada es el motivo que atraviesa La Historia Interminable, es el antihéroe informe que amenaza con disolver los mundos, es la no-cosa que de algún modo todo lo rodea.

Pero, como lo sugerimos en La esperanza como superación del nihilismo (Garnica, 2025), hablar de la Nada es un contrasentido pues “a la nada no le es posible ser” (Parménides, 2008, p. 309). Sin embargo, como lo aventura Platón en El Sofista, la nada debe ser algo, pues podemos hablar de ella, es lo que hace espacio a la mentira: “es necesario que lo que no es, exista de algún modo, si alguien piensa algo falso respecto de algo” (Platón, 1992, p. 399).

En ese sentido, a pesar de que la nada absoluta “es impronunciable, indecible, informulable e impensable” (Platón, 1992, p. 400), Michael Ende la personifica y la hace avanzar y crecer: “más de una vez, en aquel largo vuelo, había visto debajo, en el paisaje, aquellos lugares en que la Nada se extendía” (Ende, 2022, p. 142), “la Nada se acercaba lenta, muy lentamente, pero sin pausa” (Ende, 2022, p. 152; aunque no es algo tangible y “mirarla” produce “la sensación de haberse quedado ciego” (Ende, 2022, p. 129), su contacto tiene efectos: hace que te falte algo hasta que dejas de existir (Cf. Garnica, 2025).

La fuerza de la Nada radica también en su poder de atracción: Ende describe, por ejemplo, cómo todos los seres espectrales del País de la gentuza fueron arrastrados como hojas secas, “se precipitaron al mismo tiempo hacia la Nada y cayeron, se desplomaron o saltaron dentro de ella” (Ende, 2022, p. 152), el mismo Atreyu sintió “con espanto que también su cuerpo comenzaba a moverse, con pequeñas sacudidas, hacia la Nada” (Ende, 2022, p. 153), un deseo irresistible de precipitarse en ella se apoderó de él… y sólo el acopio de toda su fuerza de voluntad permitió que, por el momento, escapara de ella.

Estas cuestiones ya las había expuesto Ende en otras partes del libro, particularmente en el capítulo titulado La Vetusta Morla, sin embargo, en el presente apartado realiza una reflexión que nos exige profundizar en los terribles efectos de la Nada: “una cosa rara es que el horror pierde su espanto cuando se repite mucho” (Ende, 2022, p. 142), lo cual ilustra de este modo: “como los lugares de aniquilación no disminuían sino que eran cada vez más numerosos, Fújur y Atreyu se habían acostumbrado poco a poco a ellos… o, más bien, les había entrado una especie de indiferencia. Apenas les prestaban ya atención” (Ende, 2022, p. 142).

Lamentablemente, esto es lo que ocurre con fenómenos como la discriminación, la explotación, la enajenación, la corrupción, la violencia y otros bastardos de la Nada; los normalizamos psicológica y sociológicamente, es decir, los dejamos de percibir como negación y destrucción para considerarlos lo ordinario, la única opción.

Y es en ese sentido que la aventura de Atreyu y Bastián nos impele a reconocer que estamos cercados por la Nada, por una Nada que hemos normalizado y que amenaza con destruirlo todo…

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo VIII de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Sin embargo, es claro que el tema de la Nada es fundamental para Michael Ende, aunque no se trata de un problema ontológico y epistemológico sino de una grave inquietud antropológica y política.

Ilustración de la entrada “La tormenta de las cuatro caras” por Tomás “Yami” Hernández.

Referencias.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Garnica (2025). La esperanza como superación del nihilismo.En La filosofía interminable de Ende, columna del Blog de Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2025/01/26/la-filosofia-interminable-de-ende-la-esperanza-como-superacion-del-nihilismo/

Parménides (2008). Fragmentos, en Eggers Lan, Conrado (2008). Los filósofos presocráticos. Gredos.

Platón (1992). Sofista, en Platón (1992), Diálogos V. Gredos.

Reseña a Lo mejor de la ciencia ficción mexicana 2023

Luis Flores


Trascurrían los años ochenta y los aficionados a la ciencia ficción consumíamos principalmente los libros de Ficción Norteamericana, traducciones que llegaban principalmente desde España. La ciencia ficción mexicana era desconocida para el público general. Algunas revistas como Contactos Extraterrestres publicaban cuentos de CFM, pero es hasta que la Revista Ciencia y Desarrollo del CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) empieza a publicar ficciones que se tiene una verdadera difusión. Posteriormente llegaría el premio Puebla de ciencia ficción auspiciado por el mismo CONACYT y el reconocimiento a los autores que en aquel entonces cultivaban el género. El auge de aquel entonces permitió que se organizaran convenciones nacionales y toda una pléyade de revistas y fanzines vieran la luz. ¿Qué ocurrió después? Es difícil de saber, apenas iniciaba mi camino en las letras y tengo solo una versión de los hechos que puede ser errada. A finales de los años noventa y principios de los 2000 el impulso de la CFM virtualmente se detuvo. Han pasado dos décadas y la situación ha vuelto a cambiar.

En este contexto llego a mis manos “Lo mejor de la ciencia ficción mexicana 2023” (150 paginas, Kindle Edition, publicado 30 de Julio 2024). Compilado por Jose Luis Ramírez con textos seleccionados por Efraím Blanco, Laura Elena Cáceres, Miguel Ángel Fernández, Marina Gavito y Federico Schaffler.

Antes que nada, felicito y agradezco a quienes tuvieron la iniciativa de llevar a cabo este proyecto. Las circunstancias que han facilitado la elaboración de esta antología es el surgimiento de diversas publicaciones especializadas en lo fantástico y en la ciencia ficción, las cuales sorprenden con su profesionalismo.

Antes de mostrarnos los relatos seleccionados, la antología nos presenta un prefacio que explica el proceso para llegar a los mejores cuentos de ciencia ficción de entre todos los propuestos por las revistas especializadas. Siguen los comentarios del jurado quienes ahondan en los criterios para obtener esta selección. Dado que los lineamientos para llevar a cabo la selección quedan muy claros al leer la antología, me atrevo a revisar los cuentos bajo los míos.

El primer lineamiento lo nombro Ambición, esto es que tan vasto o complejo es el tema que expone el relato o el mundo que crea el escritor. En este rubro sobresale «La anomalía de Shiva» de Ajedsus Balcázar Padilla. Una historia sobre la apertura de portales dimensionales, la exploración por parte de la humanidad y de los seres que rigen tales portales.

La siguiente categoría es lo Extraño: que prepondera la audacia de las ideas, las cuales pueden ir de lo grotesco a lo sublime.

Así tenemos a «La madre sumergida» de Yuri Bautista. La historia de una madre que se obsesiona por recuperar a su bebé y el ser que usurpa su lugar. «Biofilia» de Julio María Fernández Meza. Sobre un investigador, especialista en hongos, y el descubrimiento que habrá de cambiar al mundo. «Implante obligatorio» de Axel lima Muñiz. una historia sobre la violencia y el control sobre la sociedad.

La última categoría es la Emoción; esto es la empatía que la historia logra sobre el lector. Una característica que para dominarla requiere del autor una gran malicia literaria. «Los herederos» de Adriana Letechipia (a quien conozco y felicito por este logro) es ejemplo de ello. Nos narra en voz de sus personajes la historia de una familia que sobrevivió el apocalipsis y como la vida prosigue.

«Espuma cuántica» de José Luis Ramírez. Es la reflexión de un científico sobre la física cuántica y la supervivencia de la conciencia después de la muerte.

«Calabozo de 256 pantallas» de Jorge Guerrero de la Torre nos muestra las correrías de un personaje a través de lo que asumimos como una realidad virtual.

Al final he dejado tres relatos, los cuales cumplen en las tres categorías propuestas y considero los mejores de la antología.

«El rostro de Dios» de Damián Neri (a quien también conozco y me sorprende su gran progreso como escritor) Nos presenta, a modo de documental, la reacción de los personajes ante la aparición en el cielo de un cadáver antropomorfo de proporciones planetarias que se dirige a la tierra.

«El valor de la Cresta Pufuthea» de Mical Karina García Reyes. Nos muestra un asombroso mundo con una peculiar biología, mientras conocemos la difícil vida de su protagonista, su conflicto interno y la necesaria aceptación de sus circunstancias y de su cuerpo.

El relato que a mi gusto es el mejor de toda la antología es «El lenguaje olvidado» de Gabriela Damián Miravete. Un viaje al centro de la tierra con remembranzas sobre Julio Verne donde la ficción dentro de otra ficción se va mezclando ante la mirada de la protagonista y narradora.

Esta es mi opinión después de leer a los diez jóvenes escritores. Espero que este esfuerzo se convierta en una entrañable tradición.


Publicado originalmente en el blog del autor: www.nacidoenlacurva.blogspot.com

Fuente de la imagen de la entrada: https://www.facebook.com/mejorcifimx

Luis Flores Aguilar. Nací en la ciudad de México en Julio de 1969, aficionado a la lectura, los comics y las caricaturas desde pequeño. Escribí mi primer cuento en 1987 para un concurso de la escuela que no gane. Participe en distintos talleres literarios desde 1994 hasta el 2003. Fui editor de la revista Voces de la primera Imprenta del número 6 al número 8. Coordiné el taller de Ciencia Ficción de la Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México. Gané el segundo lugar en el premio de cuento de Ciencia Ficción de la revista Conozca Mas. Después de una larga temporada sin escribir ni publicar estoy retornando al trabajo literario.

La filosofía interminable de Ende: «La voz del silencio»


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?

La voz del silencio

En La voz del silencio (capítulo séptimo de La historia interminable) se hace presente la entidad con la que Atreyu, después de traspasar las tres puertas mágicas, dialoga en un “bosque de columnas que, a la clara luz de la luna, arrojaban sus sombras negras” (Ende 2022, p. 123). Se trata de “Uyulala, la voz del silencio, voz del Palacio del Profundo Misterio” (Ende 2022, p. 125). Dicho ser invisible, pero omnipresente le revela a Atreyu la cura para salvar a la Emperatriz Infantil: se le debe dar un nuevo nombre, pero sólo puede hacerlo “una criatura humana del mundo situado más allá de las fronteras de Fantasia” (Ende 2022, p. 131).

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo VII aborda varios tópicos filosóficos: la posibilidad de ubicar y rebasar la frontera entre realidad y fantasía, el carácter belicoso de la sociedad, la relatividad del tiempo, la exigencia posmetafísica de que el lector entre al libro, la paradoja que implica comprender algo sólo cuando no existe más y, por supuesto, la pregunta fundamental de la antropología filosófica: ¿quién soy?

La primera inquietud metafísica que se nos presenta es dilucidar en qué clase de lugar se encuentra Atreyu. Se describe como un bosque de columnas que no sostienen nada, encima se aprecia el cielo nocturno, un profundo silencio lo envuelve todo, el suelo está cubierto de mosaicos con dibujos enigmáticos y proliferan escaleras que suben y bajan. No hay que olvidar que, para llegar allí, el héroe superó la mirada de las esfinges, enfrentó su imagen real en el espejo mágico y abrió la puerta sin llave. ¿Se trata del interior de Atreyu?, ¿de un supramundo?, ¿de una especie de no-lugar más allá de Fantasia? La cuestión es que allí, en el Palacio del Profundo Misterio, el niño ya no sabe quién es ni como se llama, ni cómo llegó allí ni qué busca.

Otra cuestión metafísica consiste en indagar qué es Uyulala. Emerge, en medio del silencio, como un sonido, como una “voz flotante […] muy bella y argentina y alta como la de un niño, pero que sonaba infinitamente triste e incluso parecía a veces sollozar” (Ende 2022, p. 123). En ocasiones se manifiesta muy fuerte y otras muy débil, pero nunca cesa por completo, incluso cuando calla flota alrededor en un tono constante. Es latido y respuesta. Nadie la puede ver, su “cuerpo es acento y tono” (Ende 2022, p. 126), y dejará de existir cuando la canción acabe. Finalmente, en un ejercicio de metacognición y sabiéndose parte de una historia, concluye: “somos un cuento trivial, personajes poco claros. Sueños de amor y cariño” (Ende 2022, p. 129).

Un efecto interesante ocurre cuando Atreyu le pregunta a Uyulala “¿Quién eres?”: como ella sólo comprende lo que se expresa en verso, a manera de eco le revira “¿Quién eres?”. El joven piel verde reflexiona e intenta responder: “¿Quién soy? No podría decirlo. Me parece que alguna vez sí que lo he sabido. Pero, ¿es tan importante” (Ende 2022, p. 124).

El pasaje nos sugiere que preguntar por el ser del otro es, en última instancia, preguntarnos por nosotros mismos, pero hay algo en el cuestionamiento final (¿en realidad es tan relevante saber quién soy?) que exige una exégesis más compleja y profunda.

Hasta ahora hemos destacado los rasgos filosóficos de La historia interminable, pero el camino nos impulsa, cada vez más, a reconocer los elementos simbólicos y esotéricos: esfinges, espejos, puertas sin llave, columnas sin techo, escaleras…

Es poco probable que Michael Ende leyera La voz del silencio de Helena Blavatsky, sin embargo, estimula el pensamiento identificar aquel título con el del capítulo VII de La historia interminable. Es por ello por lo que, aunque quizá se trate de un exceso hermenéutico, retomamos algunos conceptos de la fundadora de la Sociedad Teosófica para comprender de otra manera nuestro texto.

Blavatsky asevera que para escuchar la voz de Nâda se debe practicar la perfecta concentración de la mente en un objeto interior, la abstracción absoluta de todo lo relacionado con el Universo externo (lo sensorial). Nâda es “the Soundless Sound”, the “Voice of the Silence” (Blavatsky 2015, p. 1) y significa, literalmente, “Voice in the Spiritual Sound” (Blavatsky 2015, p. 73). La Mente es la gran Asesina de lo Real y, por ello, el Discípulo debe asesinar a la Asesina (Blavatsky 2015, p.1). Sólo entonces podrá liberarse de la ilusión y escuchar la Voz del Silencio.

En este sentido, retomando lo desarrollado en la entrega anterior (Garnica 2025), nuestro niño héroe se embarcó en una búsqueda mística en la que, para alcanzar la revelación, debió dejar atrás las preguntas y las dudas, enfrentar su imagen real, aprender a actuar sin finalidad, olvidarse de sí mismo, dejar de buscar y escuchar la voz del silencio.

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo VII de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que propone una forma revolucionaria y transfilosófica de concebir el conocimiento: para descubrir lo que de verdad sana es necesario buscar otras vías, abandonar los sentidos, superar la razón, mirar hacia dentro y desvelar la Voz del Silencio.

Ilustración de la entrada “Del silencio al vuelo” por Tomás “Yami” Hernández.

Referencias.

Blavatsky, Helena (2015). The Voice of th Silence. Theosophical University Press.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Garnica, Roberto Carlos (2025). El cruce de puertas como alegoría de la vida. En La filosofía interminable de Ende, columna del Blog de Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2025/06/01/la-filosofia-interminable-de-ende-el-cruce-de-puertas-como-alegoria-de-la-vida/