LA PALABRA DE LOS ABUELOS:«Kuyu, la alfarera que tejió su vestido»

Roberto Carlos Garnica Castro


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias.
Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito cosmogónico que me compartió el contador Juan García San Martín.

Kuyu, la alfarera que tejió su vestido

Sen (Lluvia) se puso en cuclillas para ver de cerca algo que llamó su atención, parecía una piedra de tonos grises, blancos, cafés, amarillos y naranjas, era como una rueda con diseños muy bonitos. Sin embargo, al mirar con más detenimiento, percibió el movimiento acompasado de una suave respiración, era un pequeño armadillo que dormía sin cautela fuera de su madriguera.

Era tal su arrobamiento que Sen no escuchó el crujir de las hojas secas que Kiwichat (la Señora del monte) produjo al acercarse.

—¿Qué beben tus ojos nietecita mía? —preguntó la Abuela.

—Veo las figuras que adornan el cuerpo de este animalito, parece un cuenco de barro o de madera, parecen dibujitos de los dioses.

—Oh, es la pequeña Kuyu (Armadillo). ¿Quieres que te cuente cómo obtuvo su curioso traje?

—Esa historia ya la conozco, abuelita —aseveró Sen con la jactancia de quien cree que ha escuchado muchas narraciones.

Kiwichat la miró con tristeza porque vislumbró que su nieta empezaba a perder la receptividad de una niña. “Ahora cree que ya sabe las cosas”, caviló.

Sen leyó cómo el rostro de la Abuela le aclaraba: “No te pregunté si conocías la historia, te pregunté si querías que te la cuente”. La muchacha reflexionó, se puso de pie y expresó con sus ojos cristalinos: “Sí, abuelita, me encantaría escuchar de qué manera Kuyu obtuvo su misterioso traje”.

Y fue así como, mientras admiraban los artísticos trazos que cubren el cuerpo de Kuyu, Kiwichat narró esta historia:

«Los animales estaban esperando el nacimiento del niño Jesús, pero no sabían cuándo llegaría. Algunos estaban muy atentos, como Sipíjchichi (Coyote); otros estaban muy distraídos, como Kitxka (Tucán); Kuyu (Armadillo) no estaba ni muy atenta ni muy distraída.

La tierna Kuyu iba tejiendo su propio ropaje, sus trazos eran muy precisos a pesar de que estaba rodeaba de negrura, la pequeña quería que la prenda quedara muy bonita, pues se trataba de una ocasión muy especial, era como un quexquén blanco y transparente con muchas figuritas. Lo tejía despacito porque en cada línea estampaba un trozo de su corazón.

Kuyu no imaginó que el niño Dios nacería antes de lo esperado. Y cuando escuchó el anunció del portentoso nacimiento, su vestido todavía no estaba listo. Entonces lo terminó como pudo, muy apurada y a la carrera. Fue así que se presentó, junto con los demás animales, a adorar al Salvador.»

—Y es por eso, mi niña, por lo que el hermoso vestido de Kuyu tiene dos tipos de hechura: una muy finita y otra como martajada.

—Abuelita, es una historia muy bonita, pero yo me sé una diferente.

—Oh, qué bien, me gustaría escucharla.

—El Abuelo me contó que, en el tiempo de la penumbra, todos los animales esperaban el cumplimiento de la profecía: pronto nacería Chichiní, el niño Sol, quien devoraría la oscuridad e instauraría una era de abundancia. Kuyu estaba distraído en sus actividades diarias, era alfarero y modelaba una olla de barro. Sipíjchichi (Coyote) siempre estaba atento a los eventos del cielo y, por eso, fue el primero en reconocer que la hora había llegado. Aulló con tal fuerza que su anuncio se escuchó en todas partes. Kuyu se puso nervioso y la olla que estaba haciendo se le vino encima; el traste se le quedó pegado a la espalda y, al ser tocado por el sol, adquirió el color de la tierra.

—Es una historia muy bonita —expresó la Abuela.

—Pero, abuelita, ¿no te das cuenta de que hablan de cosas muy diferentes?

—A mí me parece que hablan de lo mismo.

—¡No, abuelita! El primer relato habla del niño Jesús y el segundo del niño Sol, en el tuyo Kuyu es una tejedora y en el del abuelo un alfarero, en uno el caparazón del armadillo es un vestido y en el otro una olla.

—Sen, nietecita mía, es inevitable y también bueno que crezcas, pero no dejes que se apaguen tus ojos de niña. Al parecer empiezas a olvidar que la verdad es múltiple y tiene muchos colores. Es cierto que para quienes son incapaces de mirar más allá la verdad es gris y tiene una sola cara, pero…

—Entonces, ¿es cierto que la verdad porta muchos vestidos?

—Así es Sen, mi muchachita, pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Agradecimiento:

Al contador Juan García San Martín, por compartirnos la historia de Kuyu, la alfarera que tejió su vestido

Crédito de la imagen:

Aria Isabella Garnica García «El sueño de Kuyu»