Entrevista a Armando Saldaña


Armando Saldaña Salinas es escritor, guionista, traductor, empezó a publicar profesionalmente en el año 2000. Ganador del Premio de Primera Novela “Sergio Galindo” 2017 por LEYENDAS DEL CAFÉ HABANA. Mención honorífica Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2018 por LA CANCIÓN DE DURANDAL. Tiene casi diez libros publicados, entre novelas y colecciones de cuentos, en papel y formato digital, todos disponibles a través de Amazon. Escribe reseñas de cine, televisión y comics en publicaciones varias, entre ellas la revista SuperSonic de España, las revistas Horizontum y Comikaze en México, así como en los portales de Lee+, Bunker, Metrópoli Ficción, Opción (la revista cultural del ITAM), y la Revista Digital de la UNAM.

Entrevista realizada el día 29 de noviembre 2023 en Desposeidxs, la guarida cyberpunk.

Colectivo Delfos: Quisiéramos que nos platicarás respecto al panorama de fantasía-ciencia ficción que existe en México, por ejemplo, la producción contemporánea, ¿cómo la ves? ¿Qué opinas?

Armando Saldaña: Pues mira, yo la verdad estoy de acuerdo de que no estamos donde deberíamos de estar. Pero cuando escucho gente quejándose de la escena editorial en México de géneros de fantasía, ciencia ficción, de terror, inclusive; la verdad estamos mucho, mucho mejor de cuando yo empecé. Claro, como tú sabes, soy ancianito yo empecé hace mucho. En mis tiempos para empezar no había mercado, para serte honesto; si te iba bien, pues algún conocido publicaba un fanzine, y ahí tú podías meter de alguna manera un texto tuyo. Pero en cierta forma como que la recompensa, pues era esa, que te iban a publicar. Obviamente no había dinero, nadie te pagaba; y la verdad como era fanzine de amigos por amigos para amigos, pues la distribución era muy limitada. Muy poca gente te leía, entonces la verdad era un mercado completamente distinto. fanzine de amigos por amigos para amigos, pues la distribución era muy limitada.

Te estoy hablando de fines de los noventa, todavía pre-internet. En esa época “prehistórica” era muy difícil darte a conocer, no tanto tú, pero tu obra, tus escritos. Mientras que ahora con internet, es ya otro mundo. Puedes mandar tus textos a editorial para que te hagan dictamen, los puedes mandar a un concurso para intentar ganar algo de dinero, algo de plata. Y a lo que voy es que gracias al internet, ahora lo puedes hacer gratis. Puedes mandar el texto digital, en otras palabras.

En mi época si era un concurso de novela, pues tenías que imprimir tu mamotreto de trescientas páginas por triplicado, obviamente pagarlo tú, engargolarlo, mandar esos tres mamotretos en un sobre y si era un concurso extranjero —porque yo participé un par de veces en un concurso de España—, pues imagínate lo que me costaba mandar casi un kilo de texto y papel a través del Atlántico.

Recuerdo una vez participé en un concurso de novela en España y fueron casi mil pesos, ¡del puro envío! Cuando yo sabía que lo más seguro es que no iba a ganar, entonces si era muy oneroso, la verdad, pues obviamente quién tiene para andar gastando mil pesos; además, no participas en un solo concurso, intentas participar en varios. Mientras que hoy en día, ya tienes la opción de que leen tu texto en digital, están dispuestos, ya sea en PDF o en Word o lo que tu quieras. Pero es gratis. En otras palabras, aún si te dice que no, bueno, a lo mejor perdiste tu tiempo, tu ilusión; pero no te costó un centavo. Puedes volver a intentar e intentar hasta que pegue con suerte y no te está costando nada. Mientras que antes sí era una inversión demasiado costosa.

Ahora es, no sé, por eso mismo a lo que iba, una de las cosas que se ha mejorado la escena aquí en México, es que por el mismo internet ahora más personas participan. Ya no es un monopolio anglosajón, ya hay inclusive mujeres escribiendo y publicando; que ahora podrá parecer poca cosa, pero en mi época era… ¡¿Mujeres? Existía este estigma social de que la gente que leía ciencia ficción y fantasía, pues eramos puros hombres. Existía esta fantasía de que esto es para desadaptados, no es para mujeres; cuando por el contrario, la mayor cantidad de lectores que había era entre el público femenino. Pero no tenían esta apertura, si intentabas publicar un texto y tu nombre era de mujer, pues ya desde ahí, como que era una traba. Entonces esto como que se ha abierto poco a poco, estoy de acuerdo en que no estamos donde deberíamos estar. Pero la verdad, yo veo el mercado editorial en latinoamerica, para no solo incluir a México mucho, mucho más saludable a como estaba en mis épocas.

Colectivo Delfos: En esta evolución que comentas, está esa apertura femenina; desde los noventas para acá, los últimos treinta años, en cuanto a temáticas, ¿crees que ha variado? ¿Seguimos en las mismas?

Armando Saldaña: Por supuesto, vaya, el chiste de que haya mujeres escritores es precisamente, no por cuestión de ideología, sino que tienen otras preocupaciones distintas a las de un hombre. A lo mejor una mujer se va a preocupar por cosas que a mí, no es que no me preocupe, pero no es lo primero que yo quisiera publicar en un texto. Entonces si tu lees un cuento de Gaby Damián, por ejemplo, pues va a tener otras preocupaciones que yo no reflejaría en mi obra, que un escritor masculino no reflejaría. Claro, lo estoy poniendo de una manera muy simple, muy blanco y negro, pero sí me parece que ahora la temática se ha expandido. A que ahora tenemos este influjo de mujeres escritoras escribiendo textos de ciencia ficción y fantasía.

Colectivo Delfos: En tu presentación el sábado pasado, comentabas respecto a la ciencia ficción dura y blanda, ¿cómo definirías una de otra?

Armando Saldaña: Bueno, para mí la definición está muy fácil: ciencia ficción dura es más importante el aspecto ciencia que la de ficción; es decir, ciencia (ficción) dura, la trama depende, su resolución depende de algún aspecto de la tecnología. Es decir, si tienes que ser, existe este cliché, de que son textos escritos por ingenieros para ingenieros, que de nuevo es muy simplista, pero hasta cierto punto creo que lo expresa muy gráficamente. Por que sí, no cualquiera puede escribir ciencia ficción dura —a riesgo de sonar pedante— creo que sí necesitas tener cierta preparación, e inclusive, lo ideal es que no, pero me parece que, necesitas tener cierta preparación para entender y apreciar lo que te está intentando dar el autor.

Por eso mismo, inclusive en Estados Unidos, no es un problema solo de México o Latinoamerica; por ejemplo la revista Analog, que se dedica exclusivamente a ciencia ficción dura porque ahí sí, es más para académicos; mientras que los que pretenden una ciencia ficción más literaria, compran Asimov, Fantasy Science Ficcion; ya saben a lo que va, a ellos les interesa más el desarrollo de personaje, les interesa más la trama, inclusive, la prosa que tenga un nivel literario mínimo. Mientras que en ciencia ficción dura, de nuevo no es general pero la mayoría, el escritor de ciencia ficción dura no se preocupa tanto por esos aspectos. Yo conozco, por ejemplo a varios amigos aquí en México que para ellos el atractivo de la ciencia ficción es como una especie de promover las ciencias. Gente que da clases en la UNAM, por ejemplo, son muy fanáticos de Paul Anderson, inclusive del buen doctor Asimov que en su época por supuesto, hoy ya no se consideraría quizá ciencia ficción dura, hay que entender que fue hace ochenta, setenta años. El chiste y hasta cierto punto de la ciencia ficción dura hoy, es que estás leyendo de vanguardia. Es un algún lector que se leyó su Scientific American, ya ni siquiera es revista —me estoy balconeando lo viejo que soy— lo habrán leído en línea, habrán visto algún concepto científico que da sentido de la maravilla, como cuando leyeron de la nanotecnología en los años ochenta o las Esferas de Dyson en los años setentas, ¡ah, que interesante! Y de alguna manera, construir un texto una obra alrededor de ese concepto como lo hizo Niben con mundo anillo. Y es lo que sin ser yo así, no soy científico, no es mi formación, yo soy economista.


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Entrevista a Lorena Amkie


Lorena Amkie nació en México en 1981. Es licenciada en Comunicación y maestra en Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universitad de Barcelona. Trabajó como editora en revistas y otros medios impresos y en 2006 se hizo acreedora a la beca del FONCA Jóvenes Creadores, que la llevó a dedicarse de lleno a la literatura. En 2010 publicó Gothic Doll, novela que agotó 20 mil ejemplares en el primer semestre y que se convirtió en una trilogía a la que le siguieron el libro de cuentos de protesta Relatos de Impunidad y las novelas El Club de los Perdedores (Grupo Planeta), Las Catrinas (Grupo Planeta), ¡No te mueras, Eli! (finalista del concurso Gran Angular 2017) y Sirenas (Penguin Random House). Actualmente reside en Galicia, donde escribe, traduce, imparte talleres de escritura e incursiona en el dibujo de cómic. Colabora en diversos medios impresos y digitales, tiene un canal de YouTube de consejos para escritores con más de 25 mil suscriptores y en su tiempo libre hornea galletas y duerme siestas con sus perros. 

Colectivo Delfos: Cuando comenzaste a escribir, ¿comenzaste a escribir fantasía o alguna categoría específica?

Lorena Amkie: Pues no me planteaba tanto el género, ni que se iba a acabar encasillando el asunto. Pero sí sabía, —lo primero que publique fue una trilogía de vampiros—, sí sabía que ese tema no se me iba a escapar. Que yo tenía que averiguar acerca de la inmortalidad.

Entonces, no sé si me lo plantee específicamente como: voy a escribir fantasía o voy a escribir horror, porque es una especie de: el mito encerrado en la realidad cotidiana. Entonces yo diría que mi estilo tiende a lo realista, porque era aquí y ahora en la Ciudad de México en el momento que los escribí.

Pero claro, con ese elemento fantástico o sobrenatural. Que a veces hay confusión con estos términos, como que si yo digo fantástico, la gente se va directamente a elfos o al Señor de los Anillos.

Cuando también los vampiros son criaturas fantásticas. Pero bueno, creo que la gente lo entiende así como, seres sobrenaturales o fantasía, como si fueran dos cosas distintas. Y como también se ha recuperado mucho la figura del vampiro, tanto como para lo cómico, como para lo romántico, como para; bueno un montones de cosas, de atributos que le hemos ido poniendo a la figura del chupasangre. Pues ya no sé si la gente lo asocia directamente al horror o a otra cosa. Ya creo que se asocia más al romance.

Yo quería dar mi propia versión, yo quería averiguar acerca de la inmortalidad. Creo que mi proceso mental para llegar a los vampiros fue más partiendo de mi pregunta como escritora. Quería hacer de cuenta que podía vivir para siempre, porque yo no me quiero morir. Entonces dije: ¿qué seres viven para averiguar acerca de la inmortalidad. Mi línea fue más por ahí. Necesitaba algún ser de este tipo, para averiguar acerca de eso. Pero claro, ellos mismos me llevaron a la parte de horror que tienen ellos, que les es impuesta por sus necesidades biológicas. Entonces, sí tienes esas partes. No creo que nadie categorizaría mi literatura como horror, pero esa parte clásica del monstruo, sí que la tiene.

Colectivo Delfos: Entonces, ¿no pensabas en esa categoría o género de inicio?

Lorena Amkie: Sí, yo creo que nunca lo he pensado así. Nunca he pensado, voy a escribir de este género. O porque leo este género, voy a escribir este género. Sino que los temas mismos o los personajes son los que me van, los que me han ido llevando. No me consideraría una autora de terror o de fantasía. Diría que simplemente escribo lo que me llega.

Colectivo Delfos: Nosotros te seguimos en tu canal de youtube Lorena Amkie, y pues hemos visto que tienes un personaje “Papa Escritora”. ¿Cómo fue que se te ocurrió escribir sus aventuras?

Lorena Amkie: Justamente, tengo dos pantallas para trabajar. Y justamente mientras estoy contigo, aquí arriba tengo el editor de diseño, donde estoy haciendo la edición de la Papata Narradora. Entonces la tengo aquí en mi cara. Bueno, realmente surgió, como surgen las mejores cosas, sin querer y sin planificarlo.

Para hacerlo de una forma dulce, digamos, satírica. Una crítica constructiva de cierto siempre? Los vampiros, voy a usarlos para modo, de las cosas por las que pasamos. Entonces, empecé con eso, pero después se me volvió una cuestión sentimental del camino del escritor. Y empecé a mostrar también, pues la soledad que sentimos los escritores, los diferentes dolores que nos embargan a los artistas y todos los dramas que hacemos. Porque tomamos con tanta pasión nuestra.

Entonces empecé a hacer eso, y bueno, el personaje me empezo a fluir y se empezó a combinar con otras verduras: las zanahorias criticonas, el ajo crítico literario, y empecé toda una hortaliza. Toda una ensalada de vegetales, que representan todas estas figuras que nos topamos en los trabajos creativos. Estoy segura tú como escritor o creador, te haz topado también, con el clásico crítico que siempre se va a sentir mejor que todos; con el que piensa que sólo se pueden hacer las cosas a la manera antigua; o con los amiguitos de la secundaria que te juzgan porque no estás ganando dinero. O sea, todos estos clichés y todas esas cosas que son tan comunes en la vida de los escritores, pues las empecé a plasmar ahí. Para sentirme acompañada, para quitarle un poco de seriedad al asunto. Porque también hay mucha solemnidad alrededor del mundo de las letras, y porque es tan serio todo, y a veces, también hay que reírse de uno mismo. Entonces, la Papata, es eso. Una manera de reírme de mí misma, cuando empecé. Y de que los propios suscriptores o los escritores que se identifiquen con ella puedan tomarse a mismos un poco menos en serio.

Colectivo Delfos: Creo que me quedé con la idea de “eres una papa para escribir” por eso le cambié. Pero es la Papata Narradora.

Lorena Amkie: Sí, era para darle esa solemnidad justamente. Papata, no papa. También por mis años de vivir aquí en España. Aquí es papata, las papas no; todo es papata. Entonces también se me va pegando algo, supongo.

Colectivo Delfos: Haz pensado también, veo que estás haciendo cómic, ¿haz pensado en hacer un guion como para alguna novela gráfica o algo así?

Lorena Amkie: Uff, mira, estos dibujos de la Papata que ves tan simples. A mí me tomó años de clases de dibujo poder lograrlos. A mí no se me da el dibujo de manera natural. Me he tenido que esforzar muchísimo para refinarlo y que quede lo que ves, que es nada, que un dibujante bueno, pues lo hace en tres segundos, pero que a mí me ha costado un montón. Porque me doy cuenta que lo importante en mis cómics, es el chiste y no el arte. Entonces, pensar en un proyecto más a largo plazo de dibujo, me agobia. Porque me parece tremendo, porque estos a mí me llevan un rato y son una tontería. Entonces, creo que mi medio principal sigue siendo la palabra. Pero cuando pienso en lo del guion, me imagino que tu piensas: bueno, alguien más podría dibujarlo. Y eso me cuesta imaginarlo, me cuesta imaginar el trabajo conjunto con alguien, y es una tontería, yo sé que en el cómic se hace muchísimo, casi toda la gente lo hace. Muchos de los grandes proyectos son así en conjunto. Los cuentos infantiles, también son así. Pero yo decía, si llego a hacer alguna un día, la quiero hacer yo.

Colectivo Delfos: Pues sí, creo que un día vas a juntar toda la antología de la Papata Narradora. Va a estar bueno.

Lorena Amkie: Eso ya está en camino. Ya está en camino el volumen uno.

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La aventura de descubrir el cómic. Entrevista a Mario González Nájera


Mario Alberto González Nájera es docente, investigador, editor, guionista, consultor, expositor, curador. fotógrafo y periodista especializado en temas de narrativa gráfica, ha impartido el Taller de Análisis y Producción de Cómics y Narrativa Gráfica desde el año 2016 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. 
Creador del sistema de información en redes sociales especializado en narrativa gráfica mexicana: Multiversos-NGM. Editor de las antologías de narrativa gráfica 12M, Primera Caída, Segunda Caída, Tercera Caída y la novela gráfica Ladrones de Flores, para ARCOM Producciones.
Coautor del libro Análisis de los Lenguajes Audiovisuales en la Era Digital (2018), editado por la UNAM. 
Organizador del Encuentro Multiversos-NGM, realizado en el Museo de la Ciudad de México en junio de 2022 y en el Centro Cultural El Rule en 2023, así como del Festival de Narrativa Gráfica Mexicana, efectuado en diferentes recintos culturales en la Ciudad de México en 2022. 
Curador de las exposiciones colectivas "Los Modernos Tlacuilos: Multiversos de Narradores Gráficos Mexicanos" y "En Búsqueda de la Identidad de la Narrativa Gráfica Mexicana", así como de su exposición fotográfica "Narrativas Gráficas y Musicales". 

La primera pregunta, es por una broma que usted nos hizo en clase de Análisis y Producción de Narrativa Gráfica que imparte aquí en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Dijo usted que era como “el Indiana Jones del cómic”, ¿podría hablar más de ello? ¿Como antologador, cuál es la meta o la visión de su trabajo?

«Bueno, fue una frase un poco de broma, pero haciendo alusión a mí trabajo que es como de aventura y hacer rescate arqueológico prácticamente, de la narrativa gráfica mexicana en este caso. Y es para centrarse en la investigación desde nuestros orígenes prehispánicos en nuestra narrativa gráfica hasta la actualidad, pasando por diferentes formatos, editoriales, personajes. Es estar buscando constantemente en diferentes lugares.»

Entonces, ¿su visión es como rescatista, un poco?

Sí, es conocer. Conocer para entender y para promover la lectura de la narrativa gráfica, principalmente en los cómics que es lo que nos atañe. Desde los formatos impresos en papel hasta los web cómics contemporáneos, pero también sin dejar de darle su importancia a nuestros orígenes, como te había dicho, prehispánicos, que los podemos ver en códices, en murales, en vasijas, en diferentes plataformas. Y que de alguna forma, pues es parte de nuestra herencia cultural que también es el interés en conocerla, entenderla y promoverla.

Portada de la Antología de Narrativa Gráfica Mexicana Primera Caída, con ilustración de José Quintero
Portada de la Antología de Narrativa Gráfica Mexicana Primera Caída, con ilustración de José Quintero.

¿Cree que exista ya en México un estilo característico del cómic, que se pueda distinguir por ejemplo del cómic oriental o del cómic norteamericano?

Veo que hay vertientes que van a la par, que nosotros como pueblo mexicano siempre hemos sido característicos de incorporar elementos de otras culturas. Somos un pueblo mestizo en su origen y seguimos con esa tradición. Algunos dirían hasta malinchismo, de que se le da más importancia a lo que viene del extranjero. Pero pues es parte de nuestra tradición.

Yo lo veo como eso: cómo de alguna manera ha influido el estilo de la narrativa gráfica estadounidense en un momento dado y actualmente el japonés que tiene mucha fuerza. Y vemos que eso se ve en la producción de autores mexicanos, que muchos siguen por esa línea, del estilo del manga japonés o el manhwa coreano.

Pero también vemos que hay otra parte que está buscando esa identidad propia, ya no tanto como una identidad mexicana, sino más bien una identidad como autor, de que lo distingan de otros autores. Yo creo que estamos ahorita, como narrativa gráfica mexicana, en un contexto de esa producción autoral, más que de hacer en serie ciertos personajes. Estamos más en la etapa de la autopublicación o la publicación de editoriales independientes que le dan salida a la obra del autor por encima de un personaje en particular.

Es decir, ¿no formamos todavía una corriente?

Yo creo que seguimos en esa búsqueda.

Respecto a esta visión del cómic mexicano, ¿cree que podría volver a surgir una industria?

Siempre es difícil saber el futuro o verlo. Parece que el futuro iría más por la publicación en línea, en plataformas digitales y la publicación impresa más para coleccionistas, para la gente que le gusta más lo vintage, por así decirlo. Pero que se puede llamar como industria, sería como alguna vez dijo Luis Gantús en una entrevista que la narrativa gráfica sería parte de la industria editorial. Pero una industria por sí sola, no creo que vuelva a serlo, como en algún momento del siglo XX lo llegó a ser.

Desde nuestra perspectiva editorial de Colectivo Delfos, notamos que hay un campo de la fantasía y ciencia ficción mexicana que por un lado se desarrolla en la escritura con diversos autores, y por otro lado también con la narrativa gráfica o el cómic, pero creo que es de manera paralela, con pocas intersecciones, ¿a qué cree que se deba esto? ¿O está de acuerdo con este planteamiento que tenemos?

Me parece un planteamiento algo complejo, a lo mejor no lo entendí, ¿podrías repetirlo?

Sí, por ejemplo, hay autores como Alberto Chimal, Raquel Castro, José Luis Zárate, Bernardo Fernández que se les reconoce por su escritura en prosa y en esa esfera se mueven. Y yo noto, o notamos, que la fantasía y ciencia ficción también se está desarrollando por el lado de la narrativa gráfica, pero muy pocas veces hay interrelación. Creo que de Chimal hay un guion para Batman reciente, y el caso de Bef que se mueve en ambas esferas. Pero de ahí en fuera, no notamos que haya más comunicación.

No es muy común, normalmente los autores en prosa ya se sienten cómodos. Hay pocos ejemplos de gente que ha escrito guiones, novelas o cuentos en prosa que quieran dar el salto a la narrativa gráfica. Se me ocurre ahorita Luis Villoro que hizo un trabajo con Bef; Haghenbeck hizo trabajos de guionista para cómic y guion para televisión, para cine, por citar algunos.

Pero como que cada quién se queda en el nicho en el que se siente más cómodo o identificado. Al fin de cuentas es un trabajo artístico, yo creo que depende de cada artista cuando quiere experimentar en otro medio.

Pero no lo veo como algo negativo o positivo, simplemente ocurre, no hay tanto esa transición. Y no solamente en México, creo que a nivel mundial, vemos a Allan Moore, sí tiene, pero es más conocido por su obra en narrativa gráfica que su obra en prosa y tiene trabajo a la par. Neil Gaiman es un caso similar, como Jodorowsky.

Entonces no es algo exclusivo de México, pero yo creo que también hace falta alguien que los motive, podría ser un nicho de oportunidad.

Cartel del Encuentro Multiversos-NGM 2022, ilustración realizada por “Racrufi”, Raúl Cruz Figueroa.
Cartel del Encuentro Multiversos-NGM 2022, ilustración realizada por “Racrufi”, Raúl Cruz Figueroa.

¿Qué opina de los eventos de encuentros de narrativas gráficas con otros autores? ¿Cuál sería su visión de esto?

Pues es importante para que siga la promoción de la narrativa gráfica. Yo creo que cualquier esfuerzo que se haga con eventos virtuales o eventos presenciales, dan un foro para que los autores puedan mostrar su obra sin necesidad de intermediarios. Y que mejor que estos eventos sean gratuitos, para que la gente no tenga que desembolsar en la entrada de un recinto, lo que podría desembolsar mejor en la compra de obra que va a apoyar a que los autores sigan produciendo. Y además que tengan esa forma de interactuar, para que también alguien como tú les diga, oye, me gusta tu obra o siento que podría ir por acá.
Que pueda haber esa retroalimentación que también es necesaria.

Por nuestra parte sería todo, no sé si guste agregar algo respecto al taller específicamente, pues creo que salen proyectos de aquí, ¿un trailer próximo de lo que pueda venir?

Pues el taller está enfocado en la promoción de narrativa gráfica, en conocerla, en difundir, producirla y en que la gente se anime a hacerla. Es una muy buena manera de entenderla, el producirla. Porque van viendo todos los pasos que hay que seguir, te vas conociendo a ti mismo. Cuáles son tus limitaciones, cuáles son tus fortalezas, cuáles son tus áreas de oportunidad y con base en eso, puedes ir formándote un mejor conocimiento acerca de la narrativa gráfica y tú como persona.

De nuestra parte sería todo, muchas gracias profesor.

Gracias a ti.

Un metro de sangre

Autor: Miguel Ángel Almanza Hernández.


Te voy a contar una historia que nadie me cree. Y si te la cuento es porque el metro a estas horas ya está muy solo, creo que éste es el último tren. Nada más te pido, por favor, no me interrumpas:

Esa noche era como hoy pero no tan solo, en el andén habíamos dos: yo, y un tipo barbudo. En las pantallas, intercalados con las noticias y comerciales, pasaban un video musical pop de lo más genérico. Adolescentes plásticos y bonitos, bailando una hueca monodia: “Todo está bien”.

Y apesta, si la música oliera a mierda, ése es su sonido. Y nadie nota que el puto video es un himno al control mental. Otro día más de pandemia y encierro.

Tres chicas escandalosas con sus risas y juegos entraron al andén, cantando el sonsonete de la canción estúpida e inventando sus propias letras. Si acaso la más grande tendría veintitrés años. Sus risas llamaban la atención —son atractivas y lo saben—, se pavoneaban y mostraban desafiantes su cuerpo. La tez morena y el falso color rubio, contrastaban con la mezclilla rota y las faldas cortas. Jugaban con sus smartphones y tomaban fotos, dos que tres selfies cantando.

El metro apareció por fin. El viento que acompaña su llegada llenó todo con su ruido y mis oídos lo agradecieron, porque las dejé de escuchar. Nos subimos. El tren era de esos que parecen la tripa de un gusano, desde adentro se puede ver el principio y el fondo.

Las chicas se subieron al mismo vagón y siguieron fastidiando con su tonada pop y lujuria juvenil. Nosotros, los grises y semi dormidos en fines de quincena, aguantamos saber que la vida no siempre es así. Ni las miramos. Y menos les avisamos de la mierda que les espera, ahí, a la vuelta de la esquina.

En el vagón había un borracho dormido sobre varios asientos. Una pareja de ancianos le miraban con desprecio. Las muchachas seguían haciendo ruido, como si no fueran casi las doce de la noche y su puta juventud no se les vaya acabar nunca. En el vagón de adelante, el barbudo también se subió, jugando sus videojuegos con el celular.

Mi cubrebocas me hacía sudar la cara, me daba comezón y me lo quité. Los pinches viejitos no me dijeron nada, pero me picaron con los ojos como si fueran cuchillos. Pasando Chabacano, por ir en la pendeja, no me fijé en las estaciones y ya no sabía en cuál iba. Según yo, seguía Zócalo.

Después de un rato, noté que llevábamos mucho tiempo en el túnel, más de cinco minutos. Pero los demás no parecían notarlo: los ancianos, el borracho y las tres muchachas seguían en lo suyo. En eso, el pinche metro se detuvo. El ruido disminuyó tan de golpe que nos sorprendió el silencio.

Las luces del vagón de enfrente se apagaron de chingadazo y se escuchó un gran estruendo metálico. Pensé que nos habían chocado. Una de las chicas gritó. La sangre escurría desde el lugar en que estaba sentado el barbudo, sus piernas se asomaban retorcidas por debajo de los fierros.

Los vagones traseros del metro se escuchaban rechinar y crujir a lo lejos, las luces parpadeaban y se apagaban. Era como si una sombra se fuera comiendo el fondo del tren, un animal que no alcanzábamos a ver.

Los ancianos estaban aterrorizados, la señora levantó el indice para señalar algo que se movía fuera de la ventana. Al principio no vi nada, nos quedamos callados por un momento.

Una de las chicas quiso hablar, en eso, el techo y la mitad de la pared se partieron y algo aplastó a los ancianos, los hizo mierda. La sangre brinco por la fuerza y rapidez, parecía que siempre habían sido burbujas a punto de estallar.

Las tres chicas gritaban histéricas, una de ellas se aferró de mi brazo y señaló el agujero del techo. La verdad, hasta yo dudo de lo que vi. Si lo cuento, de todos modos no pienso que alguien me crea.

Era una mano gigantesca como una garra de cuatro dedos, parecía de simio con piel gris de reptil. Quiso tomar a las chicas de un manotazo, pero falló porque la tercera se aferró a mí. Yo me tuve que abrazar del tubo para que no me llevara de pilón.

Ella estaba agarrándome tan duro del brazo que me lastimaba, traté de soltarme, sólo logré que me abrazara. Sus amigas seguían gritando frenéticas, pero se escuchaban cada vez más lejos.

Nos quedamos así un rato, solos.

Bueno, el borracho seguía ahí, tirado en el suelo, y dudé si estuvo vivo desde un principio. Entonces le dije a la chica:

—Mira, nos tenemos que ir. Este tren ya valió madres, nos vamos a bajar y nos regresamos a la estación anterior.

—¡Noo, noo, no, nos va a comer, como a los viejitos! ¡Tú lo viste! ¿Verdad que también lo viste? ¡Se los comió, como si fueran nada! ¡Los mató, los mató!

Se soltó a llorar sobre mí, al tiempo que relajó su cuerpo, parecía que se iba a desmayar. Le di unas leves cachetadas:

—Oye, no te duermas. ¡Despierta, nos tenemos que ir, oye, oye vámonos! ¿cómo te llamas?

—Me llamo Norma —respondió por fin, tratando de contenerse el llanto—. No me dejes, voy contigo.

—Pues levántate y agárrate. Nos vamos a ir, me bajo primero y luego te ayudo a bajar, ¿sale?

Me tardé un rato en abrir una de las puertas y descolgar la escalera de emergencia que estaba debajo del asiento. El túnel era tan grande, que la luz interior del metro no alcanzaba a iluminar sus muros. Encendí la luz de mi celular y aún así era difícil ver, las paredes del techo estaban a unos quince metros. Percibí el declive del suelo, estábamos en una línea más profunda. No era un túnel regular.

Regresamos caminando junto al riel, tratando de ignorar los vagones aplastados como latas de aluminio por algún pie gigante. Intenté llamar a emergencias, pero no había señal. Norma vio la luz primero:

—Mira, ¿qué es eso?

—¿Qué cosa?

—Esa luz… una luz roja moviéndose.

La luz se movía como llamándonos a la salida. Aceleramos el paso, porque a lo mejor nos encontraba alguien de mantenimiento o el policía de la estación. Cuando nos acercamos lo suficiente, Norma ya no quiso caminar:

—¿Qué tienes? ¿Qué pasa? Ya nos encontraron, no va a pasar nada.

—Fíjate bien desde aquí. Que raro, la persona que tiene la luz…

Noté a lo que se refería. Era un hombre de unos sesenta años de edad, su cabello era largo, negro y entrecano, arreglado al modo de los indígenas. Llevaba un topilli en la frente, adornado con un tocado de plumas, sólo una era de quetzal. Vestía un atuendo completo, maxtlatl negro con tilmatl rojo. Con su mano derecha, sostenía un bastón eléctrico, la luz roja provenía de uno de sus extremos.

El hombre nos esperó por unos segundos, luego la luz se movió a la izquierda y desapareció, engullida por la oscuridad. Nos acercamos con recelo, le dije a Norma que lo más probable es que ahí se encontrara el camino a la salida y fuimos.

Había una puerta que daba a unas escaleras de concreto. Estaba oscuro, pero nos alumbramos bien con los celulares y subimos, la escalera se hacia estrecha y tenía una extravagante forma de caracol. Conforme subimos, las losas ya no eran del mismo material, parecían de tezontle y piedra volcánica.

Hasta que subimos entendí porqué. No era la salida, era un salón de ceremonias. Parecía una caverna, pero la arquitectura esculpida directa en la piedra, denotaban una capacidad superior.

El resplandor del fuego alumbraba el zomplantli, el trepidar de las llamas y el olor del copal, parecían sacados fuera del tiempo. Estábamos viendo muertos, a los antiguos mexicas.

Ya sabes, debajo de toda nuestra mierda de concreto, aquí antes hubo un mundo. Nosotros somos posapocalípticos. Para ellos todo se ha perdido, ya nada queda, más que seguramente: la venganza.

Vi al viejo junto a la fogata que iluminaba a las otras chicas tiradas sobre una piedra circular, tallada con grecas y glifos. Norma gritaba histérica:

—¡Mirna, Mirna! ¡Chicas, despierten! ¿Qué les pasó? ¿Están bien? Blanca, por favor, ¡despierten! ¡No se mueran!

Pero las chicas no despertaban. El anciano comenzó a caminar a la derecha encendiendo cada ciertos pasos, unas lámparas de aceite hechas con ollas de barro. Así fue iluminaba la caratula de piedra, adornada por millares de cráneos humanos: el rostro de Tzinacantecuhtli Camazotz.

Atrás de mí, escuché el sonido cavernoso de algo enorme que se movía hacia nosotros. Para cuando giré, sólo pude agacharme. Vi su garra gigante estirarse sobre mí y agarrar a Mirna. La tomó como si fuera una muñeca y antes de que ella pudiera terminar su último alarido, le arrancó la cabeza de una mordida.

El monstruo masticaba lento, triturando bien con sus muelas de elefante los huesos de la chica. El viejo comenzó a cantar en náhuatl, y Camazotz se detuvo frente a la piedra de sacrificio, como si fuera su plato de cena.

Sus ojos era azules con bordes rojos, el hocico parecía el de un gran cerdo horrible con enormes colmillos; no entendí si eran protuberancias o tenía varias fosas nasales. Desde sus axilas se desprendían unos asquerosos pliegues de carne que le colgaban hasta llegar al suelo. Al caminar, o mejor dicho, arrastrarse, parecía un pingüino gigantesco y obeso, como oso deforme.

Cuando acabó de engullir a Mirna, con la garra izquierda, acarició la espalda de Blanca que seguía inconsciente. La muchacha despertó desorientada, le miró con horror, al tiempo que gritó aferrándose al brazo de Norma. El coro de alaridos llegó a su cúspide, cuando la bestia tomó entre sus garras la cabeza de Norma y la torció de golpe en un terrible crack; luego, la arrancó de cuajo y se la comió, como si fuera uva pasa.

Ya no pude más y traté de huir. El viejo estaba esperándome con el otro extremo del bastón eléctrico encendido. No me dejé amedrentar, e intenté pasar corriendo, pero me electrocutó el cabrón

Desperté en el piso, vi que ya estaba terminando de masticar a Blanca. Y seguía yo. Medio consciente, también vi al borracho que creí muerto, hablando con el viejo que le decía:

—Esta vez no estuvo tan mal, pero te trajiste a éste pendejo. Acuérdate que estos, luego no se los come.

—Pos yo que voy a saber que se le antoja.

—Si no es antojo, pendejo, así también te salvaste tú. ¡Ya cállate y vete a esconder todo, que van a andar como locos buscando ese tren y todavía no has pagado tu deuda!

Entonces despidió al borracho, que más bien parecía sobrio. El anciano notó que recobraba la conciencia y se acercó para electrocutarme otra vez.

Cuando desperté, ya estaba en la piedra de sacrificio. Los cabrones me habían encuerado y amarrado. No sé que chingados me dieron, pero clarito vi cómo el viejo me abrió el pecho con un cuchillo de obsidiana. Esculcó con sus dedos dentro de mí, lo sentí debajo de mi piel como una quemadura que no puedes localizar. Luego, sacó un bulto envuelto en grumos de sangre. Yo gritaba como loco.

El monstruo también estaba ahí. El anciano le ofreció con las dos manos mi corazón y la bestia resopló para olfatearlo. De su hocico babeante, estiró una lengua bífida para probar la ofrenda. Gruñó como si fuera una carcajada gruesa y deforme. Luego se retiró en la oscuridad, mientras sus fosforescentes ojos azules me miraban hasta el fondo del pensamiento.

El anciano metió otra vez sus manos a mi pecho, luego agarró una espina de maguey e hilo, y tejió mis adentros. Me dijo al oído antes de desmayarme:

—Te salvaste, cabrón jodido. Resulta que tienes más sangre nuestra de la que mereces.

Te lo dije, nadie me cree. Pero la verdad no me importa. De todos modos, casi completo la deuda de sangre. Y lo bueno, es que logré traerte al metro a estas horas.

Escucha el cuento en voz de su autor da click en el enlace:
https://youtu.be/oA8K4ykE_vg
Ilustración de portada fanzine Delfos#1: KAMAZOTZ TZINAKANTEKUHTLI realizado por Humberto Morales "Humo" 

Portada de fanzine Delfos#1

La ilustración de portada lleva por título: KAMAZOTZ TZINAKANTEKUHTL fue realizada por Humberto Morales «Humo» para ilustrar específicamente el cuento «Un metro de sangre» de Miguel Ángel Almanza Hernández.

La tipografía de «Delfos» fue realizada por la diseñadora Yolanda Pomposo Díaz, además de participar en este número como consultora de diseño.


Editorial

Este fanzine tiene la intención de
brindar una visión general y específica de la fantasía, ciencia
ficción, horror y terror que se realiza en México. En esta
panorámica contemporánea que buscamos abordar, distinguimos
dos ramas que están creciendo: la narrativa en prosa y la
narrativa gráfica.
Es por eso que publicamos cuentos e ilustración, un extracto de
lo que se produce actualmente. Queremos documentar y
fomentar la comunicación entre ambas esferas que abordan estas
categorías literarias. Para así mostrar y entender que no se trata
de un escape, sino perspectivas de nuestro propio mundo y país,
visiones subversivas y fantásticas

Comehi Fest Vol 4.


El día domingo 5 de marzo, acudimos al Comehi Fest Vol 4 que se realizó en Plaza de las Estrellas Galerías. La planta baja del recinto fue ocupada por expositores de venta, cosplayers diversos, dibujantes y narradores gráficos, los personajes de Starwars, Demon Slayer, Evangelion y otros fueron encarnados en este festival.

Durante nuestra visita conocimos a varios narradores gráficos y autores, aquí una semblanza de ellos y su trabajo:

De izquierda a derecha: Humberto Morales, «Humo», escritor y narrador gráfico; y Miguel Almanza, coordinador general de Colectivo Delfos.

Conocimos a “Humo”, Humberto Morales, escritor y narrador gráfico. Acaba de lanzar su novela gráfica “Teteo, Rituales de Creación”, en continuidad a sus anteriores trabajos “Miktlán” y “Vitzilopochtli” donde proyecta su excelente conocimiento pictórico y cultural. Su trabajo representa una visión específica de la tradición mexica contada con una gráfica que denota la influencia de muralistas como Jorge Gonzalez Camarena, con una prosa atrayente y épica, éstas obras ahondan en el mundo prehispánico desde una visión renovada y propositiva.


Deri Arob, editor de Códice Cómics, durante el Comehi Fest vol 4

Tuvimos el gusto de platicar con Deri Arob, editor de Códice Cómics, que nos comentó varios de sus proyectos entre ellos: el lanzamiento de su próxima convocatoria de Tu Primer Cómic. En esta convocatoria puedes ingresar tu proyecto de cómic para que durante un año te otorguen una beca para ayudarte a realizar tu primer cómic, desde tu argumento hasta la impresión en físico.

Entre las ilustradoras, conocimos el trabajo de Grace Solorzano que participó en el volumen 1 del KarmaVerso (homenaje póstumo al creador de Karmatrón, Oscar González Loyo, fallecido en 2021) donde con destreza, nos muestra su abundante imaginación y texturas intensas, formas y cuerpos fuera de este mundo.

En el mundo del cómic no es tan común encontrar un guionista. Con más de veinte años de trayectoria, Denis Languérand, nos compartió sus obras que abarcan temas valientes y de denuncia social, entre los que destacan “De Vampiros y Narcos” que consisten en tres volúmenes de cómic en colaboración con varios artistas, dando como resultado un interesante collage de estilos gráficos que apoyan y extienden su prosa.

Carlos Rojas, mostrando su novela «Atrax»

También conocimos a Carlos Rojas, joven escritor mexicano con tan solo 20 años de edad, estudia actualmente en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Presentó en este evento el primer volumen de su saga de ciencia ficción: “Atrax”, una novela futurista donde los viajes en el multiverso son posibles, lleno de batallas y aventuras dentro de un inmenso mundo fantástico.

Los invitamos a seguirnos en esta aventura para conocer más artistas y creativos mexicanos contemporáneos y su trabajo.


Furia del desierto

Autor: Miguel Ángel Almanza Hernández


Sobre la carretera del lado del Gran desierto de Altar, el ocaso del sol es hermoso. Pero el trailero no se fija porque todavía le restan seis horas de trayecto. Así que metió pata, el tráiler aceleró su marcha más allá de los cien kilómetros por hora.

Pasado un tiempo, se dio cuenta de que los pericazos ya se le estaban pasando, así que decidió pararse a orinar y prepararse un bazuko para el resto de la noche. Después de echar aguas, encendió su porro y respiró profundo.

A medio tanque expulsó todo el humo, escuchó ruido de pasos entre los matorrales. Iluminó con la luz del celular, y vio a una muchachita llorosa con su vestido sucio, raído y manchado de tierra con sangre.

—¿Estás bien?¿Estás herida, m´ija?

Pero la chica no contestó, solo le miraba asustada solllozando. El trailero se regresó a la cabina y le extendió una cobija sobre los hombros. Ya de cerca, notó que la muchacha era hermosísima, parecía extranjera. Seguramente era de la trata y se les había escapado, lo cual es raro. La comenzó a auscultar para buscar algún arma.

—No te asustes, estoy viendo si no te pusieron chip. Ven, súbete, te dejo en la caseta.

La muchacha dudó, permaneció congelada. Él no le dio más tiempo y la cargó en vilo, subiéndola al asiento del copiloto. Luego, encendió las luces y apagó el motor, cerró los seguros, le dijo:

—Oye, y a todo esto, ¿eres una buena mujer o eres de las malas?

La chica solo negó con la cabeza, mientras intentaba abrir la puerta.

—Si te portas bien, te puedo esconder con unos amigos, ya sé que te van a estar buscando y chance hasta una lana me dan por ti. Pero si me haces una buena mamadita, yo feliz y te saco de aquí en chinga, ¿cómo ves? —Y al decirle esto le mostró la pistola fajada en la cintura, sonriendo como por casualidad.

Ella no se resistió cuando le tomó por el cabello castaño, le restregó su pene flácido y pestilente en la suave cara, hasta que logró erectarse. Y así, mientras le ponía la pistola en la cabeza, con la otra mano le mantenía abierta la quijada.

Movía su pelvis lentamente, poco a poco, la chica dejó su pasiva resistencia y comenzó a hacerle una verdadera mamada. Sintió el placer, una oleada de sangre que le subía, luego el sabor a sal y el ansia tremenda. En el punto más álgido ella se detuvo.

—No te pares, ya casi…

Escuchó un chasquido que le recordó a las jicamas, luego sintió un ardor. Ella sonrió mientras asentía, la sangre le escurría de su boca, masticaba y engullía un pedazo de carne. Sus ojos parecían de fuego y sus dientes eran de bestia, con ellos cercenó a dentelladas hienescas toda la carne por la cual le habían dicho que era hombre. El trailero gritó con desesperación y jaló de los cabellos a la furia. Como no pudo quitársela de encima, se resolvió dispararle toda la carga de su pistola.

Cuando el trailero despertó ya era de día. Tenía mucha sed y frio, le dolía la cabeza. Sintió la humedad entre sus piernas. Abrió los ojos, su rostro quedó congelado en un grito silencioso. No pudo distinguir los restos de su pene y los dedos de la mano izquierda destrozados a balazos, se confundían unos con otros, en una gran plasta de sangre.

Vino pánico

Autor: Miguel Ángel Almanza Hernández


Lo voy a contar así, aunque nadie me escuche. De todos modos nada más puedo hacer. No fue sencillo, la verdad es que me he equivocado muchas veces, pero esta vez he tocado fondo.

Todo comenzó cuando recibí un paquete. Un amigo que vive en Montreal me mandó un vino, sólo tres botellas, las etiquetas estaban escritas en griego o algo así. Eran tan caras que con una botella se podía pagar un mes de renta.

En ese entonces ya salía con Liz, teníamos sexo casual desde hacía un tiempo y nos veíamos cada quincena o fin de mes. Fue ella a quién se le ocurrió celebrar tardíamente mi cumpleaños con una de las botellas y el mejor acostón del año. No pude resistirme a su ruego. Abrí la botella y comenzamos la juerga.

La primera copa no me supo la gran cosa, francamente tenía un sabor aceitoso, a madera antigua, como de bosque lejano. Cuando me sorprendí pensando en este paisaje comprendí porqué era bueno. Se lo comenté a Liz, pero ella ya había terminado su copa casi en tres tragos. Me preocupé:

—Oye, ten cuidado, eso es vino y del caro. Tómatelo más despacio.

—Es que está bien rico, no manches. Delicioso, sírveme otra.

—Está bien, pero espérame. No te la tomes tan rápido.

Ella me hizo caso a medias, la tomó más despacio pero esta vez fueron seis tragos. Para cuando me di cuenta ella estaba tallando todo su cuerpo en mí, bailaba al son de More than a feeling, mientras el aroma a vino y el perfume de ella saturaban mis sentidos. Me comenzó a desvestir. Cuando terminó conmigo simplemente tomó la mini falda de su vestido desde abajo y se la sacó entera por arriba, quedando en ropa interior, moviéndose como gata en celo. No pude contenerme y comencé a lamerle el cuello, le besé el oído, le introduje mi lengua en su boca para beber de los afluentes eternos del Estigia.

De un momento a otro, el rostro de Liz se transfiguraba. No sé si fuera la embriaguez pero sentí que no estaba con ella, sino con otra persona, otra mujer, también bellísima. Emanaba por sus ojos una furia de deseo y acecho, como bestia hermosa que está presta. Era tan bella que estaba listo para ser devorado.

—Mi señor. Tú serás mi señor, ¿verdad?

Le dije que sí, me besaba apasionada, lamía mi abdomen bajo a intervalos, hasta llegar a los testículos y poner su lengua debajo de ellos. La sensación me estremeció, ella soltó una risa traviesa, se enjugó los labios y siguió con mi pene. Cuando por fin la erección estaba a pleno rigor, ella paseó su labios vaginales por toda la superficie, ida y vuelta, hasta quedar bien húmeda. Al primer contacto del coito creí terminar, pero ella se detuvo, me miró con sus ojos de hechizo y me dijo:

—Es una ofensa a nuestro señor terminar antes que las ninfas. Acuérdate, nosotras vamos primero. No te preocupes, yo te sabré montar.

Y así fue. Cogimos como locos por unas siete horas, hasta que amaneció. La verdad nunca había durado tanto. Al siguiente día cuando le pregunte a qué señor se refería se ofendió.

—No mames. Ahora sí te pasaste de culero, estábamos en copas y no me acuerdo de lo que dices. ¿Dónde está mi ropa? Oye, respóndeme, ¿porqué estoy desnuda?

—Pues ya te dije, ¿que no te acuerdas? Estuvimos bailando allá en la sala, después de la segunda copa de vino nos venimos para acá, y tuvimos el sexo más fantástico.

—No me acuerdo de ni madres, ¿me violaste güey? ¿Sí o no?

—No, claro que no, estabas plenamente consciente. Bailabas más coordinada que yo, incluso me ayudaste a quitarme la ropa, ¿de verdad no te acuerdas?

Liz se me quedó viendo muy seria, pero igual se acordaba de algo, porque ya no me reprochó nada.

—Bueno, nada más te digo si me ves muy peda y te digo que cojamos, te niegas. Ya si yo insisto, pues muy mi pedo.

—No, también sería el mío. Mejor nada, si te vas a poner así.

—¡Cómo así! ¡Estás pendejo! Imagínate despertar encuerado y sin memoria de lo que pasó la noche anterior.

—Está bien, discúlpame. Fue mi error, supongo que ese vino estaba muy fuerte.

Ella se acercó y me abrazó. Así estuvimos un rato, mientras vi la botella de vino vacía sobre la cómoda, pero fuera de las primeras dos copas, yo tampoco recordaba haber bebido tanto.

Cuando ella se fue medité sobre lo que había pasado. Era cierto que durante el sexo ella había cambiado su forma de hablar, pensé que era parte del juego, a lo mejor fue la borrachera y la belleza natural de su cuerpo. Lo que más me intrigó fue no recordar cómo se había acabado el vino, no había manchas, ni derrames en el suelo, sólo las copas con restos del aroma a bosque antiguo.

Esa noche tuve un sueño raro: soñé con un sátiro.

Me encontraba en un bosque, olía a polvo de ruinas y humedad. Había una enorme piedra plana montada sobre otra. Parecía casi una formación natural, aunque si fuera artificial entonces estaba destruida por miles de siglos de lluvia y viento.

Sobre ella había dos seres, esforcé mi mente tratando de entender la escena. El sátiro me miró de reojo, habló en una lengua extraña, me acerqué porque entendí que me llamaba. Observé sus pezuñas negras, eran tan grandes y pesadas como las de un percherón, su pelaje gris se extendía por encima de ellas creciendo en caireles y creando borlas sobre sus ancas y muslos. Su torso estaba desnudo, sus brazos se torneaban musculosos, una línea de vello salía desde el ombligo hasta formar un follaje en el pecho. Sus ojos eran verdes o grises, su cabeza poderosa. Los cabellos abundantes y crespos, sus cuernos enhiestos hacia atrás.

Hizo una mueca de desprecio y volvió a hablar en aquella lengua que no recuerdo. Luego el animal, o mejor dicho, la hembra que parecía una vaca o cerdo enorme que estaba frente a él, se postró para ser penetrada. El sátiro se esculcó la entrepierna y dejó caer un rabo largo que casi tocaba el piso. Me sorprendió por cómo cayó de golpe, tardé un momento en entender qué estaba viendo. Luego Pan, echando a reír, me dijo que aprendiera bien, porque ya era raro que él enseñara a nuestra gente.

Desde ese día no sé lo que me pasó, amanecía con una erección tan rígida que se hacía dolorosa. Comencé a darme alivio diario. Fui al médico, el urólogo me hizo algunos exámenes, me dio medicamentos contra el priapismo y dijo que esperaríamos una semana los resultados. La verdad es que no tenía tanto tiempo, así que antes del fin de semana le rogué a Liz por teléfono volvernos a ver, aunque fuera un poco antes. Se portó un poco suspicaz, pero aceptó, aún así decía que me sentía raro. A la noche en mi departamento, ella me preguntó quién me había regalado el vino.

—Un amigo que vive en Montreal, fue de viaje a Europa y me mandó ese regalo del Viejo Mundo. Decía que lo compró en una subasta.

—Pues tiene una nota, ¿ya la habías leído?

—No, ¿qué dice?

Extendió su brazo y me dio el pedazo de papel doblado, lo leí:

“Con cariño, un regalo del Nuevo Mundo, para el Gran Sátiro”.

—¿Qué es un sátiro?

—Es un ser mitológico, los griegos les llamaban faunos. Es un chiste de cuando éramos jóvenes, porque parecíamos sátiros persiguiendo a las ninfas.

—Y te iba bien, ¿verdad, gran sátiro?

Su sonrisa de oreja a oreja me tenía atrapado. No me creería si lo negaba, pero intenté explicarle:

—Sátiro también se usa para la comedia, se refiere a mi buen humor. De ahí el chiste del fauno y las ninfas.

—Pues no te creo, ándale, ya dame un beso y destapa otra de esas botellas de tu vino mágico. Pero nada más una copa, porque lo que tiene de bueno, lo tiene de fuerte.

—¡Vaya! De menos ahora le tienes respeto.

Me burlé un rato mientras destapaba la botella, sentí el aroma en el corcho.

—Ya apúrate. Sírveme, deja de darte tus toques.

Nos servimos y brindamos por la amistad y el buen sexo.

Al día siguiente, desperté desnudo en la cama, no sabía cómo chingados pasamos de la sala al cuarto. Además Liz se había ido sin despertarme, dejándome una nota:

“No me busques, necesito tiempo a solas”.

Me espanté, por un momento creí que había pasado algo terrible, mi cabeza me dolía como si hubiera tomado demasiado. No salí de la cama ese día, la cruda me la curé en ayunas y con electrolitos. En la noche encontré la botella, vacía otra vez, sin recordar cómo había pasado. Le estuve marcando a Liz, tampoco contestaba mis mensajes, a lo mejor se había enojado conmigo por algo, pero la verdad es que no me acordaba.

Así estuve toda una semana, cachondo y angustiado. La noche del sábado estuvo lloviendo y tocaron a mi puerta. Me asomé por la mirilla y vi a Liz empapada de pies a cabeza. Abrí y antes de poder preguntar, ella se lanzó contra mí. Pensé que me estaba atacando pero metió su lengua en mi boca y me besó tan fuerte que parecía querer arrancármela. Apenas y pude cerrar la puerta.

—Espera, cálmate, ¿qué tienes? No estás normal.

—Sí, estoy mal, y es por tu culpa. Me dejaste así, ahora me cumples o me dejas como estaba.

—Pero no te entiendo, ¿a qué te refieres? ¿Porqué no contestabas mis llamabas? ¿Qué pasó la semana pasada? No lo recuerdo.

—De verdad, ¿no te acuerdas?

—No, ¿qué fue lo que pasó? Me acuerdo que brindamos con el vino, estábamos en la sala, después en la cama. Me pasó como a ti, tengo una laguna. No sé qué pasó.

—Te acuerdas lo que me habías dicho aquella vez, que habíamos tenido el sexo más fantástico de tu vida. Pues esta vez me pasó lo mismo. Después de que te tomaste la primera copa, algo cambio, no estoy segura si fue en ti o fue el vino, pero tus ojos eran todavía más atractivos de lo que son ahora. Te me acercaste tan seductoramente que para cuando rozaste mi cuello con la punta de tus dedos ya estaba toda mojada, no mames, ¿de verdad no te acuerdas?

—No, no me acuerdo, ojalá hubiera estado.

—Pero sí eras tú. Hicimos cosas tan locas, no me hubiera atrevido si no fuera porque estabas tan nítido en la cama, sabías qué hacer y cómo. La verdad es que me espanté porque hice cosas que nunca había hecho, pero pensé que estaba bien porque era contigo, al fin y al cabo había confianza. Pero al otro día traté de pensar bien las cosas, ¿por qué estabas tan cambiado? Cuando pienso más en eso sólo me pongo más y más cachonda, ¿a poco no me crees?

—No, sí te creo, porque creo que ya sé lo que pasó.

—Ah, sí, ¿qué pasó?

—El vino está hechizado. Creo que algo nos poseyó y está en el vino.

—No mames, ya se te cruzaron los cables. El vino está bueno pero no es para tanto, a propósito, ¿todavía te queda?

—Sí, está ahí, la última botella.

—Sí ya la vi. Pues deja me quito la ropa mojada y tú destápate el vino. Te voy a dar una refrescada de memoria que no te la vas a acabar.

Y se metió sonriendo al baño mientras tarareaba una canción infantil, arrojando a su paso prendas mojadas al suelo. Abrí la botella; solo el aroma me embriagaba, era delicioso, el sabor del bosque en mis sentidos, sentía la vid, la tierra mojada, las frutas de los bosques, las maderas viejas y sabias. Escuchaba un canto de ninfa, allá junto a un río, ella se enjuagaba los cabellos mientras su cuerpo desnudo y su piel tersa resplandecían a la luz del sol. Liz abrió la puerta del baño completamente desnuda, yo estaba parado frente a ella sosteniendo una copa de vino.

—Veo que mi señor está por llegar.

Comprendí que ya no era Liz con quién estaba hablando:

—¿Quién es tu señor?

—¿Por qué preguntas, hermoso? Si ya lo conociste, nos viste en la profundidad de los bosques. Nos invitaste a tu mundo cuando bebiste de nuestro vino y entregaste una ofrenda ritual. La aceptamos, date en gracia, mi señor está encarnando en ti. Mírate:

Con la mirada señaló mi erección, estaba a todo lo que daba. Ella se acercó antes de poder reaccionar, tomó la copa de vino de mi mano, al tiempo que con la izquierda me agarró los genitales. Dio un largo trago que se le escurrió por la comisura de los labios como si fuera sangre. Después me besó con el placer del vino en su boca. Con las últimas fuerzas que me quedaban para controlar mi ansia, le pregunté:

—No me has respondido, ¿quién eres tú? ¿Quién es tu señor?

—Hace un tiempo me llamaron Lamia. Aunque a mí no me gustaba ese nombre. Pero ya no importa, hermoso, en unos momentos dejarás tu carne y quedarás atrapado en el limbo. La posesión de mi señor te arrojará de ti para siempre. Agradecemos tu regalo, por eso te vamos a dejar disfrutar un poco más de mí.

Y al decir esto me quitó el cinturón y los pantalones; lo demás, ya sólo lo recuerdo de lejos.

Como ahora, sólo un espíritu mirando un sueño, algo que no le pasó a él, la vida maravillosa de un tipo que se acuesta con todas las mujeres que quiere, y su ninfa, que devora hombres con su sexo en más de un sentido. A él lo siento, no sé cómo explicarlo, en mí y en todos lados, pero a la que veo es a ella.

De vez en cuando me dejan ver y oír. Lamia dice que si me portó bien y no reniego, a lo mejor me dejan salir a jugar con ellos. El día que me dejaron hablar le rogué para que me matara.

—No te podemos matar, los debemos mantener aquí con nosotros, porque si no, tu cuerpo no nos resiste y se enferma. No te preocupes, con el tiempo te la pasarás dormido. Liz te manda saludos, yo le digo que cuando decidas mostrarte más receptivo a tu nueva situación, a lo mejor y jugamos los cuatro más seguido. Porque ella, por cierto, ya aceptó de buen agrado a mi señor. Ahora te falta a ti que termines por entender.

Cuando me di cuenta que todo era una burla, no pude dejar de sentir pánico. ¡Le rogué, lloré, maldije para que me devolvieran mi cuerpo, que nos liberarán tan siquiera con la muerte! Pero no lo hicieron, ni lo harán. Me he equivocado, creí que yo era el Gran Sátiro, pero no entendía la broma. Ahora sus risas resuenan en la prisión de mi vacío.