La filosofía interminable de Ende: «La voz del silencio»


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?

La voz del silencio

En La voz del silencio (capítulo séptimo de La historia interminable) se hace presente la entidad con la que Atreyu, después de traspasar las tres puertas mágicas, dialoga en un “bosque de columnas que, a la clara luz de la luna, arrojaban sus sombras negras” (Ende 2022, p. 123). Se trata de “Uyulala, la voz del silencio, voz del Palacio del Profundo Misterio” (Ende 2022, p. 125). Dicho ser invisible, pero omnipresente le revela a Atreyu la cura para salvar a la Emperatriz Infantil: se le debe dar un nuevo nombre, pero sólo puede hacerlo “una criatura humana del mundo situado más allá de las fronteras de Fantasia” (Ende 2022, p. 131).

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo VII aborda varios tópicos filosóficos: la posibilidad de ubicar y rebasar la frontera entre realidad y fantasía, el carácter belicoso de la sociedad, la relatividad del tiempo, la exigencia posmetafísica de que el lector entre al libro, la paradoja que implica comprender algo sólo cuando no existe más y, por supuesto, la pregunta fundamental de la antropología filosófica: ¿quién soy?

La primera inquietud metafísica que se nos presenta es dilucidar en qué clase de lugar se encuentra Atreyu. Se describe como un bosque de columnas que no sostienen nada, encima se aprecia el cielo nocturno, un profundo silencio lo envuelve todo, el suelo está cubierto de mosaicos con dibujos enigmáticos y proliferan escaleras que suben y bajan. No hay que olvidar que, para llegar allí, el héroe superó la mirada de las esfinges, enfrentó su imagen real en el espejo mágico y abrió la puerta sin llave. ¿Se trata del interior de Atreyu?, ¿de un supramundo?, ¿de una especie de no-lugar más allá de Fantasia? La cuestión es que allí, en el Palacio del Profundo Misterio, el niño ya no sabe quién es ni como se llama, ni cómo llegó allí ni qué busca.

Otra cuestión metafísica consiste en indagar qué es Uyulala. Emerge, en medio del silencio, como un sonido, como una “voz flotante […] muy bella y argentina y alta como la de un niño, pero que sonaba infinitamente triste e incluso parecía a veces sollozar” (Ende 2022, p. 123). En ocasiones se manifiesta muy fuerte y otras muy débil, pero nunca cesa por completo, incluso cuando calla flota alrededor en un tono constante. Es latido y respuesta. Nadie la puede ver, su “cuerpo es acento y tono” (Ende 2022, p. 126), y dejará de existir cuando la canción acabe. Finalmente, en un ejercicio de metacognición y sabiéndose parte de una historia, concluye: “somos un cuento trivial, personajes poco claros. Sueños de amor y cariño” (Ende 2022, p. 129).

Un efecto interesante ocurre cuando Atreyu le pregunta a Uyulala “¿Quién eres?”: como ella sólo comprende lo que se expresa en verso, a manera de eco le revira “¿Quién eres?”. El joven piel verde reflexiona e intenta responder: “¿Quién soy? No podría decirlo. Me parece que alguna vez sí que lo he sabido. Pero, ¿es tan importante” (Ende 2022, p. 124).

El pasaje nos sugiere que preguntar por el ser del otro es, en última instancia, preguntarnos por nosotros mismos, pero hay algo en el cuestionamiento final (¿en realidad es tan relevante saber quién soy?) que exige una exégesis más compleja y profunda.

Hasta ahora hemos destacado los rasgos filosóficos de La historia interminable, pero el camino nos impulsa, cada vez más, a reconocer los elementos simbólicos y esotéricos: esfinges, espejos, puertas sin llave, columnas sin techo, escaleras…

Es poco probable que Michael Ende leyera La voz del silencio de Helena Blavatsky, sin embargo, estimula el pensamiento identificar aquel título con el del capítulo VII de La historia interminable. Es por ello por lo que, aunque quizá se trate de un exceso hermenéutico, retomamos algunos conceptos de la fundadora de la Sociedad Teosófica para comprender de otra manera nuestro texto.

Blavatsky asevera que para escuchar la voz de Nâda se debe practicar la perfecta concentración de la mente en un objeto interior, la abstracción absoluta de todo lo relacionado con el Universo externo (lo sensorial). Nâda es “the Soundless Sound”, the “Voice of the Silence” (Blavatsky 2015, p. 1) y significa, literalmente, “Voice in the Spiritual Sound” (Blavatsky 2015, p. 73). La Mente es la gran Asesina de lo Real y, por ello, el Discípulo debe asesinar a la Asesina (Blavatsky 2015, p.1). Sólo entonces podrá liberarse de la ilusión y escuchar la Voz del Silencio.

En este sentido, retomando lo desarrollado en la entrega anterior (Garnica 2025), nuestro niño héroe se embarcó en una búsqueda mística en la que, para alcanzar la revelación, debió dejar atrás las preguntas y las dudas, enfrentar su imagen real, aprender a actuar sin finalidad, olvidarse de sí mismo, dejar de buscar y escuchar la voz del silencio.

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo VII de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que propone una forma revolucionaria y transfilosófica de concebir el conocimiento: para descubrir lo que de verdad sana es necesario buscar otras vías, abandonar los sentidos, superar la razón, mirar hacia dentro y desvelar la Voz del Silencio.

Ilustración de la entrada “Del silencio al vuelo” por Tomás “Yami” Hernández.

Referencias.

Blavatsky, Helena (2015). The Voice of th Silence. Theosophical University Press.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Garnica, Roberto Carlos (2025). El cruce de puertas como alegoría de la vida. En La filosofía interminable de Ende, columna del Blog de Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2025/06/01/la-filosofia-interminable-de-ende-el-cruce-de-puertas-como-alegoria-de-la-vida/

«La Criatura» portada del Fanzine Delfos 6

Iván Ambrouken


Nombre de la pieza: "La Criatura"
Técnica: Acuarela, lápices de grafito y lápices de color sobre papel
Medidas: 40x30cm
Autor: Iván Ambrouken 
Año: 2025
Valúo: $1,690°°


“La Criatura” es una obra creada por Iván Ambrouken para ilustrar el cuento “Diario de la doctora Xóchitl” de Miguel López González; llena de horror corporal muestra un rostro grotesco que sugiere un movimiento visceral y monstruoso que perturba y fascina al espectador.

La palabra de los abuelos: «Patokgtokg, la que escucha»

Roberto Carlos Garnica Castro


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias.
Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito que me compartió Ramona San Juan Hernández, nana de San Lorenzo Tajín y el maestro Romualdo García de Luna.


Patokgtokg, la que escucha

Dos signos despertaron a Sen (Lluvia) y anunciaron el inicio del día: el canto jovial de Patokgtokg (Primavera) y la luz tibia de Chichiní (Sol).

La niña mira a través de la ventana a un pajarillo pardo y a un ave de plumas negras, amarillas y naranjas. Son Patokgtokg y Sukchalh (Calandria) que, al parecer, actualizan el inmemorial enfrentamiento de voces que anuncia el solsticio de verano.

—Sen, ven a tomar café —llama Kiwichat, la dueña del monte.

Como no recibe respuesta, la abuelita entra al cuarto donde la niña se alimenta de luz, calidez y música.

—¿Por qué no vienes, nietecita mía? ¿No me escuchas? —pregunta la abuela con ternura.

Sen sacude la cabeza, se talla los ojitos y se disculpa:

—Oh, abuelita, es que Chichiní (Sol) y Patokgtokg (Primavera) me transportaron un ratito al Origen.

El corazón de Kiwichat se emociona porque comprende que su niña ha aprendido a escuchar.

—Tsiyuna (abuelita), el otro día mi tatita me contó cómo Patokgtokg cantó frente a los Señores del sonido y fue elegida para alegrar el nacimiento de Sol, pero también escuché que en el momento indicado estaba cocinando y, por salir apurada de casa, se tropezó y cayó en las cenizas y que, por eso, su color es deslucido. ¿Cuál de las historias es la verdadera?

—Nietecita mía, la verdad tiene múltiples colores, el ser tiene infinitos rostros, ¿quieres que te cuente otra historia de Patokgtokg?

A la niña le brillaron los ojos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.

—¡Sí, abuelita!

—Vamos a la cocina y escucha mientras tomas tu café.

Y fue así como, mientras absorbían la energía del néctar negro, Kiwichat narró esta historia:

«Era el mes de junio y se reunieron, en las ramas de una ceiba frondosa, a los hijos de los grandes señores para que aprendieran el canto que anunciaría la llegada de Corpus Christi. Solo se les dio un lugar a los que estaban bien vestidos y tenían recomendación.

Ahí estaba Sukchalh (Calandria), con su bello traje que combina el negro intenso de la noche y el amarillo brillante del amanecer.

Patokgtokg (Primavera) también quería aprender, pero, como era huérfana y no tenía quién la recomendara ni un buen vestido, la rechazaron.

—Este no es lugar para ti, tú no puedes aprender.

Sin embargo, Patokgtokg no se dio por vencida y desde lejos, desde afuera, atendía las lecciones, seguía los cantos. Nada veía, pero escuchaba con todo su ser. Ella aprendió a través del oído.

Cuando llegó el día de la prueba los maestros pidieron a todos que cantaran y los examinaron, pero ninguno aprobó

—¿Qué sucede?, no hay algo que conmueva, algo falta —se lamentaron.

Patokgtokg se animó y buscó su oportunidad.

—¿Qué es ese alboroto? —preguntaron los maestros.

—Ahí afuera hay una alumna, pero es huérfana y no trae vestimenta.

—Déjenla pasar —dijeron unos.

—A ver si no nos avergüenza —dijeron otros.

—¿Quieres intentarlo? —le preguntaron.

—Sí, pero yo no tengo maestro, si me sale mal no me culpen.

—Manifiesta lo que germina en tu interior.

—Voy a cantar lo que he soñado —musitó Patokgtokg.

Desde la primera nota los señores divinos reconocieron que ella debía ser la que anunciara el ritual de la siembra, la que empezaría a cantar treinta lunas antes de Corpus Christi.

—Pequeña Patokgtokg, eres grande, eres la elegida».

—Y fue así, mi niña, como a Patokgtokg se le dio la encomienda de anunciar la fiesta de Corpus Christi y el tiempo de la siembra.

—Pero, entonces, la del dulce canto no tuvo maestro —inquirió Sen.

—Nada y Todo tienen la misma figura —sentenció la abuela—. De todos aprendió la que no tuvo a nadie: del sol, de la luna, de la mañana, de la noche, de la roca, del río, de las flores, de los animales, del silencio, de la palabra, del pensamiento, del sueño.

—¿Del sueño?

—El buen maestro no es el que te señala lo que tienes que hacer, es el que te ayuda a descubrir tu staku (estrella), tu don —explicó Kiwichat.

—Oh, por eso mi tatita siempre dice: “No te voy a enseñar lo que yo sé, no quiero que seas igual que yo, no quiero que seas mi copia, descubre tu palabra, inventa tu propia música”.

—¿Y cuál es el don de Sukchalh? Me han contado que ella estuvo atenta al llamado de Sipíjchichi (Coyote) y su voz acompañó el nacimiento de Chichiní (Sol)… por eso, entre el manto de la noche que cubre su cuerpo se asoman los vivos colores del sol.

—Sen, mi hermosa niña, mi corazón se alegra porque tienes sed y siempre escuchas lo que te enseñamos, pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Agradecimientos:

A Ramona San Juan Hernández de San Lorenzo Tajín y al maestro Romualdo García de Luna, por compartirnos la historia de Patokgtokg.

Ilustración de entrada:
Título: «Sen y Patokgtokg frente al árbol de la enseñanza».
Autora: Rufina Pérez.

La filosofía interminable de Ende: El cruce de puertas como alegoría de la vida


Roberto Carlos Garnica Castro

Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?


El cruce de puertas como alegoría de la vida

En Las tres puertas mágicas (capítulo sexto de La historia interminable), Atreyu sigue recibiendo los cuidados médicos de Urgl y la instrucción de Énguivuck para encontrarse con Uyulala, el Oráculo del Sur, que le revelará quién puede darle un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil y así salvar a Fantasia de la Nada. El gnomo le explica que debe atravesar tres puertas mágicas: la Puerta del Gran Enigma que está custodiada por dos esfinges, la Puerta del Espejo Mágico que refleja quién eres en realidad y La Puerta sin Llave que sólo se abre si no deseas entrar. Y cuando llega el momento, el valiente Atreyu enfrenta las tres puertas.

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo VI aborda varios tópicos filosóficos: la contraposición entre conocimiento teórico y saber práctico, la medicina como elemento insuficiente para recuperar la salud (“la medicina sola no basta” -Ende 2022, p. 105-), la paciencia como base de la acción (“con prisas no se hace nada” -Ende 2022, p. 105-), lo sublime como categoría estética (“la belleza puede ser horrible” -Ende 2022, p. 115-).

En sí misma, la puerta es un símbolo muy potente asociado con el esoterismo y los ritos de paso: la frontera, la boca de la caverna, la entrada al templo, son umbrales que transforman y que no se deben franquear sin preparación, la transición de la persona liminar implica muerte y renacimiento (Turner 1980).

En ese sentido, abordaremos la aventura de las tres puertas mágicas como una alegoría de la vida y los proyectos trascendentales. Y el orden es significativo pues cada nueva puerta sólo aparece cuando se ha superado la anterior. ¿Cuáles son las características y el simbolismo de cada una de ellas?

La primera, la Puerta del Gran Enigma, siempre está abierta, pero sólo se puede cruzar si las esfinges cierran los ojos, pues su mirada expresa todos los enigmas del mundo y quien intenta enfrentarlos se queda petrificado (Cf. Ende 2022, p. 108). No hay explicación clara de cuál es la condición para que las esfinges cierren los ojos, silencien las incógnitas y permitan pasar: “han dejado entrar precisamente a algún estúpido o un infame bribón, mientras las personas más decentes y sensatas esperaban a menudo inútilmente durante meses” (Ende 2022, p. 108). Al parecer, no se puede caminar si nos esperamos a tener todas las respuestas. Como lo sugiere Kant en relación con las antinomias y Buda en la parábola de la flecha: el hombre que no presupone el libre albedrío (Kant 2005) o no se decide a seguir el camino recto hasta saber “si el mundo es eterno o no es eterno” (Díaz 2004, p. 194) es como quien, al ser herido por una flecha envenenada, muere porque no acepta el auxilio médico si antes no averigua quién lo hirió, a qué velocidad iba la flecha, de qué material era el arco, etc.

La segunda, la Puerta del Espejo Mágico, “está tanto abierta como cerrada” o, más bien, “no está cerrada ni abierta” (Ende 2022, p. 111). Se trata de una especie de espejo que no muestra el exterior sino el interior, “quien quiera atravesarlo tiene que […] penetrar en sí mismo” (Ende 2022, p. 112). Siguiendo nuestro eje interpretativo, este umbral exige que nos enfrentemos a nosotros mismos, que nos miremos como en realidad somos. Nada fácil, pues muchas veces ocurre que aquellas personas “que se consideran especialmente intachables huyen gritando del monstruo que los mira irónicamente desde el espejo” (Ende 2022, p. 112).

La tercera, la Puerta sin Llave, está cerrada. Además, “no tiene picaporte, ni pomo, ni ojo de cerradura” (Ende 2022, p. 113). Está hecha de un material especial, selén fantástico, que reacciona a la voluntad: “cuanto más se quiere entrar, tanto más se cierra la puerta” (Ende 2022, p. 113). La única manera de franquearla es suprimiendo todo deseo de hacerlo. Se trata de una paradoja en apariencia irresoluble. Sin embargo, reivindica el valor de las acciones en sí mismas: “la buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice […] es buena en sí misma” (Kant 1921, p. 8), “buscad el reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura” (Mateo 6, 33). De acuerdo con nuestra clave interpretativa, se aconseja que hagamos las cosas no por dinero, poder o reconocimiento sino por amor… y lo demás también vendrá. El camino inverso está cerrado y provoca frustración.

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo VI de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que nos propone una profunda manera de concebir la vida y nuestros proyectos: deja atrás las preguntas y las dudas (esa puerta está abierta, sólo basta que te decidas a actuar), enfréntate a ti mismo, ten el valor de ponerte delante del espejo (esa puerta está abierta y cerrada, depende de quién eres) y, finalmente, has las cosas por el gusto de hacerlas y todo saldrá bien (esa puerta está cerrada y sólo una voluntad desinteresada puede trasponerla).


Ilustración de la entrada “El reflejo del portal” por Tomás “Yami” Hernández.

Referencias.

Díaz, Carlos (2004). Manual de Historia de las religiones. Desclée De Brouwer.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Kant, Immanuel (1921). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Ed. Pedro M. Rosario Barbosa.

Kant, Immanuel (2005). Crítica de la razón pura. Taurus.

Turner, Victor (1980). La selva de los símbolos. Siglo XXI.

La filosofía interminable de Ende: conocimiento teórico y sabiduría práctica


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?


Conocimiento teórico y sabiduría práctica

En el capítulo anterior, Atreyu recibió la mordida venenosa de Ygrámul, el Múltiple, como condición para desplazarse mágicamente al Oráculo del Sur. En Los Dos Colonos (quinto capítulo de La historia interminable), Atreyu vuelve en sí después de un brutal desvanecimiento y descubre que, efectivamente, se encuentra cerca del recinto donde vive la misteriosa Uyulala, a quien debe consultar para saber cómo ayudar a la Emperatriz Infantil. Pero antes debe sanar y recibir las indicaciones para traspasar las tres puertas. La curandera Urgl lo salvará de la muerte y el científico Énguivuck lo instruirá.

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo V aborda varios tópicos filosóficos: la suerte y la esperanza como poderes para superar las circunstancias más difíciles, la relevancia de los asuntos ordinarios de la existencia, el dolor como signo inequívoco de vida. En esta sexta entrega de La filosofía interminable de Ende, nos sumergimos en dicho apartado para reflexionar en torno a la complementariedad y contraposición entre el saber práctico y el saber especulativo.

De manera muy bella, Michael Ende nos presenta una pareja de gnomos con rencillas constantes pero que, en el fondo, mantienen una amorosa cohesión. La mujer se llama Urgl y el hombre Énguivuck.

Un acercamiento hermenéutico nos permite comprender que ella es símbolo de la sabiduría práctica y él del conocimiento teórico: ella trabaja con sus manos y compone remedios salutíferos, él recurre a telescopios y entrevistas para interpretar el mundo; ella toca y manipula, él mira a lo lejos; ella cuida y sana, él alecciona y cuestiona.

Reproduzcamos un diálogo representativo:

“—Mujer —rezongó el hombrecillo—, ¡quítate de la luz! No me dejas estudiar.

—¡Tú y tus estudios! —respondió la mujercita—. ¿A quién le interesan? Lo que importa ahora es que se cueza mi elixir mágico. Esos dos de ahí afuera lo necesitan.

—Esos dos de ahí afuera —repuso el hombrecillo irritado— necesitarán mucho más de mi ayuda y mis consejos.

—… pero sólo cuando estén bien. ¡Déjame sitio, viejo!” (Ende, 2022, p. 97).

Recordemos que Atreyu y Fújur (“esos dos de ahí afuera” de los que hablan) están convalecientes y los gnomos discuten sobre qué es lo más importante: para Énguivuck es el estudio y los consejos que le dará a Atreyu, para Urgl la preparación de la medicina. El científico cede pues reconoce, aun a regañadientes, que lo primordial es la vida.

La postura de Énguivuck es similar a la de Aristóteles (1984): aunque la contemplación intelectiva es superior, la experiencia y la técnica tienen mayor efectividad práctica y, de hecho, el desarrollo de la filosofía y la ciencia presupone la satisfacción de las necesidades básicas.

En cambio, Urgl se identifica con Sor Juana Inés de la Cruz quien habla de “filosofías de cocina”, de “filosofar y aderezar la cena” y asegura que “si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito” (De la Cruz, 2019, p.308).

Vemos a ambos personajes descalificarse mutuamente:

Deberías hacer algo útil, “en lugar de estar ahí diciendo bobadas”, le espeta Urgl a Énguivuck. A lo que éste responde: “estoy haciendo algo muy útil, seguramente más útil que tú, pero eso no puedes comprenderlo, ¡so boba!” (Ende, 2022, p. 110).

La mujer se queja de que a él no le interesa nada, sólo sus estudios: “de dónde pueda venir la comida no le preocupa” (Ende, 2022, p. 106). Él sostiene que ella no sabe discernir lo verdaderamente importante, “sólo sabe pensar en cosas prácticas. Para los grandes conceptos no está dotada” (Ende, 2022, p. 110). Incluso la hace llorar.

Al final, ambos se aprecian y saben hacerse a un lado cuando es el turno del otro.

Sin embargo, parece que Ende se inclina por Urgl, la curandera.

Vemos, por una parte, que la mujer encarna la prudencia y la preeminencia de lo elemental: “¡Sandeces! —refunfuñó la viejecita—. Con prisas no se hace nada. ¡Siéntate! ¡Come! ¡Bebe!”, “ante todo tiene que comer y beber” (Ende, 2022, p. 105).

Por otra parte, se nos muestra la presunción y la inutilidad de la ciencia:

Énguivuck se ofende porque Atreyu nunca ha oído hablar de él: “seguramente no te mueves en los medios científicos” (Ende, 2022, p. 99) y evidencia que todo lo que “sabe” es porque otros se lo han dicho pues es incapaz de vivir la experiencia: “Yo trabajo científicamente. He reunido los informes de todos (…) ¡Es un trabajo importantísimo! No puedo permitirme correr riesgos personales. Eso podría afectar a mi obra.” (Ende, 2022, p. 107). Al final, cuando Atreyu le da la clave para desentrañar el misterio de Uyulala, ésta ha dejado de existir.

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo V de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que nos da elementos para indagar en torno a la contraposición y complementariedad entre teoría y práctica y nos sugiere revalorar lo más básico de la existencia.

Referencias.

Aristóteles (1994). Metafísica. Gredos.

De la Cruz, Sor Juana Inés (2019). Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz, en Vallés, Alejandro (2019). Sor Filotea y Sor Juana. FOEM.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Imagen de la entrada: «Mente y corazón, en camino al umbral», autor: Tomás “Yami” Hernández.