LA PALABRA DE LOS ABUELOS: «Juan Aktsin, el que retumba en el fondo del mar»

Por Roberto Carlos Garnica Castro


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.

En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias.

Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.

En esta ocasión, te presento un mito meteorológico que me compartió el maestro Antonio Pérez Jiménez.

Juan Aktsin, el que retumba en el fondo del mar

Era 24 de junio al mediodía. De algún modo los animales y los sabios sentían en sus cuerpos la transición de la primavera al verano. La pequeña Sen (Lluvia) y su abuelo Kiwíkgolo, el Señor del monte, caminaban bajo la mirada del poderoso Chichiní (Sol).

—Abuelito, ¿es cierto que siempre llueve el día de San Juan? —inquirió Sen.

—Así ha sido desde tiempos inmemoriales —sentenció Kiwíkgolo.

—Pero, no está ni un poquito nublado.

—El andar de Kgatuxawat (la Naturaleza) es misterioso, mi río celeste.

En ese momento se escuchó un terrible estruendo que hizo brincar a Sen.

—¡Son truenos de tormenta abuelito!

—No, es el rugido de Juan Aktsin que está encadenado en el fondo del mar.

—¿Hablas del Señor del agua y el trueno? —preguntó asombrada.

—¿Quieres qué te cuente cómo amarraron a Juan Aktsin y lo exiliaron en el fondo del mar?

A Sen le brillaron los ojitos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.

—¡Sí, abuelito!

—Escucha mientras seguimos adelante.

Y fue así como, mientras los abrazaba el corpulento Chichiní y una nube gris florecía en el horizonte, Kiwíkgolo narró esta historia:

***

«Juan Aktsin era el aprendiz de los dioses y vivía con ellos. El pequeño nunca supo de dónde vino ni cuándo nació.

Un día que los dioses debían salir le encargaron el lugar.

—Nosotros no estaremos durante un tiempo. Por favor, cuida la casa —le dijeron.

Le hicieron muchas recomendaciones y, de manera especial, le advirtieron:

—Juan, por ningún motivo te acerques a este baúl.

Pero Juan Aktsin era muy curioso y no respetó la prohibición. No sólo se acercó al baúl, sino que lo tocó, lo abrió y hurgó en sus entrañas.

Allí descansaban una misteriosa capa y una espada brillante.

Se puso la capa y empezó a volar. Atravesó las nubes. Nunca había experimentado una emoción tan grande. Se sentía el Señor del cielo.

Entonces levantó la espada plateada y la agitó. Hasta el más leve movimiento de la poderosa punta producía un relámpago. A Juan le divirtió mucho eso: ver las luces multicolores, oír los ensordecedores truenos. Pero esa imprudencia abrió de par en par las compuertas del cielo y desató las tempestades prohibidas; el agua, el aire y el fuego amenazaban con destruir la tierra.

Cuando los dioses regresaron, se dieron cuenta del trascendental peligro y se preocuparon. Intentaron detener al travieso Juan, pero nadie pudo hacerlo.

La única persona que quizá podía evitar la catástrofe inminente era la Virgen.

—¿Podrías detener al chamaco? Sólo a ti te obedece —le rogaron.

—Veré qué puedo hacer —anunció Ella.

Sin embargo, Juan Aktsin tampoco le hizo caso a la Virgen, se había fundido con la capa y la espada.

Como último recurso, Ella le prometió:

—¡Tranquilízate, Juan! Si dejas todo eso, te regalaré uno de mis preciosos cabellos.

El joven aceptó; se quitó la capa y entregó la espada.

Entonces la Virgen se arrancó el cabello más largo y negro y se lo ofreció a Juan Aktsin.

Al muchacho se le encendieron los ojos y se le alegró el corazón. Pero en el momento que tomó el cabello éste se convirtió en irrompibles cadenas que lo sujetaron con fuerza.

Así apresado, los dioses lo arrojaron al fondo del mar.

—Allí te quedarás, Juan, hasta que descubras cuándo cumples años —lo sentenciaron.

Desde entonces, los días señalados, Juan Aktsin grita y pregunta cuándo es el día de su cumpleaños, pero ninguno de los dioses se lo revelará. No pueden liberarlo porque tomará otra vez la capa y la espada y provocará destrucción. No lo hace por maldad, sino por juego y diversión, para él las luces de los relámpagos y el ¡brooom!, ¡bruuum! de los truenos es pura fiesta».

***

—Y fue así, mi niña, como Juan Aktsin fue atado con cadenas y exiliado en el fondo del mar. Y cuando se escucha un fragor que parece trueno, incluso los días en los que el cielo está despejado, el grito no viene de arriba sino del fondo del mar, es Juan Aktsin que quiere saber cuándo es el día de su cumpleaños.

—¿Y cuándo cumple años, abuelito?

—El 24 de junio.

—Estoy un poco confundida, esta historia me recuerda la de Tajín y los siete truenos, ¿Juan Akstin es Aktsini-Tajín?, ¿es San Juan?, ¿quién es la Virgen?

—Sen, mi hermosa niña, ésas son otras historias y deben ser contadas en otra ocasión.

Agradecimiento:

Al maestro Antonio Pérez Jiménez, por compartirnos la historia de Juan Aktsin.

Crédito de la imagen:

Espartaco Garnica García. «La espada de Juan Aktsin»

El nuevo circo romano


Por Victor D. Manzo Ozeda


La multitud ruge. No es el rugido orgánico de los cuerpos amontonados bajo el sol abrasador del coliseo, pero es el mismo en su esencia. Un clamor sordo, pixelado, que se extiende por las redes como una marea incontenible. No hay arena, pero hay un escenario. No hay gladiadores, pero hay víctimas. La cultura de la cancelación no es otra cosa que el circo romano renacido, adaptado al siglo XXI: un espectáculo de condena pública donde el placer no está en la justicia, sino en el castigo.

Antes, los gladiadores luchaban por sus vidas mientras el público exigía sangre. Hoy, los «culpables» son arrastrados a la arena virtual, expuestos, despojados de contexto, y ofrecidos como sacrificios al dios de la moral moderna. El «cancelado» no es un humano; es un símbolo, un avatar de todo lo que el público rechaza en sí mismo. La multitud no lo odia por lo que hizo, sino porque en él se refleja su propia fragilidad, sus propios errores que, por suerte, todavía no han sido descubiertos.

Los emperadores ya no alzan el pulgar hacia arriba o hacia abajo; el juicio se dicta en hilos de Twitter, en foros, en comentarios replicados hasta la saciedad. Pero el veredicto es siempre el mismo: culpable. Porque en este circo no hay espacio para la absolución, para el arrepentimiento, para la redención. No se busca educar al acusado ni transformar al público. Solo se busca el espectáculo, la emoción efímera de ver a alguien caer.

La multitud cree que su furia es justicia, pero en realidad es hambre. Hambre de castigo, de sentir que su propia moralidad está intacta, de señalar con el dedo y gritar «¡no soy yo, es él!». Cancelar a alguien es el nuevo deporte de la época: una manera de demostrar superioridad sin necesidad de construir nada. En el coliseo romano, la violencia era física, brutal, inmediata. En el circo moderno, la violencia es simbólica, pero no menos devastadora. Y como en los viejos tiempos, cuando el espectáculo termina, la multitud se va a casa, satisfecha, esperando el próximo sacrificio.

Pero hay algo perverso en este circo contemporáneo, algo que lo distingue de su antecesor histórico. En el coliseo, los gladiadores sabían a lo que se enfrentaban. Entraban a la arena conscientes de su destino, preparados para luchar o morir. Hoy, nadie sabe cuándo será su turno. Cualquiera puede ser arrastrado a la arena sin previo aviso. Una palabra mal dicha, un comentario descontextualizado, un tuit de hace diez años. Las reglas no están claras, porque no hay reglas. Solo hay una multitud que observa, que espera, que ruge.

Y, como el coliseo, la cultura de la cancelación necesita víctimas para sobrevivir. Es un ciclo interminable, un motor que no puede detenerse porque vive de su propia destrucción. Si un día no hubiera nadie a quien cancelar, el circo se derrumbaría. Pero siempre habrá alguien, porque la multitud siempre encuentra una nueva razón para gritar. La cancelación no es el fin; es el medio. Un medio para perpetuar el ruido, para mantener viva la ilusión de que el mundo puede ser purificado a través del sacrificio.

Sin embargo, el verdadero espectáculo no está en la arena, sino en la multitud misma. Porque lo que el circo romano moderno revela no es la culpa del cancelado, sino la hipocresía de los espectadores. Nos gusta pensar que hemos evolucionado, que somos mejores que las multitudes que pedían la crucifixión de un hombre o la muerte de un gladiador. Pero el circo nos delata. Seguimos siendo los mismos, disfrazando nuestra sed de sangre con el lenguaje de la moralidad, escondiendo nuestra crueldad detrás de pantallas y palabras bonitas.

El circo romano nunca desapareció; solo cambió de forma. Y, como entonces, su fin no será la justicia, sino el hastío. Porque llegará un día en que la multitud, aburrida de su propio ruido, buscará un nuevo espectáculo. Y cuando eso ocurra, el coliseo quedará vacío, y lo único que quedará será el silencio de nuestras propias contradicciones.

La filosofía interminable de Ende: la esperanza como superación del nihilismo


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?

La esperanza como superación del nihilismo

En La Vetusta Morla (tercer capítulo de La historia interminable) Atreyu se interna en la Gran Búsqueda y recorre fantásticas regiones en las que habitan mágicos árboles que cantan al crecer, personas que capturan la luz de las estrellas, seres con cuerpo de fuego, hombres “que nacen viejos y mueren cuando son bebés” (Ende, 2022, p. 62). En el bosque de Haule se enfrenta por primera vez a la Nada y en el Pantano de la Tristeza pierde a su fiel amigo Ártax. Finalmente, se encuentra con la Vetusta Morla, quien ha vivido tanto que sólo percibe sinsentido y desesperanza.

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo III aborda varios tópicos filosóficos: la relevancia y el poder de los nombres, la existencia al margen del tiempo, la tristeza y la desesperanza, el carácter de la Nada, la relatividad, el sentido de la vida, etc. En esta cuarta entrega de La filosofía interminable de Ende, nos sumergiremos en dicho apartado para reflexionar en torno al sinsentido de la existencia humana.

Recurriendo a potentes imágenes y símbolos, Michael Ende retoma el tema de la Nada. Reconoce que hablar de ella es un contrasentido pues, como asentó Parménides, “a la nada no le es posible ser” (Parménides, 2008, p. 309). Así pues, aunque entiende que es extraño “decir que la nada aumenta” (Ende, 2022, p. 63), de alguna manera ésta crece con la aniquilación. La describe como algo que en realidad no se ve, “no era un lugar pelado, una zona oscura, ni tampoco una clara; era algo insoportable para los ojos y que producía la sensación de haberse quedado uno ciego” (Ende, 2022, p. 64).

A pesar de su irrealidad, el contacto con la Nada tiene efectos: “no se siente nada. Sólo te falta algo y cada día te falta algo más” (Ende, 2022, p. 63), hasta que dejas de existir. Además, posee un poder de atracción irresistible.

No se trata sólo de un problema ontológico sino de una preocupación antropológica. La intuición de la Nada puede inclinarnos a la tristeza, la desesperación e incluso el suicidio. Una de las partes más desgarradoras de la historia es cuando Ártax, el caballo parlante de Atreyu y su fiel compañero, muere en el Pantano de la tristeza: empieza por hundirse un poco, considera que deben volver, que no tiene sentido perseguir “algo que sólo has soñado” (Ende, 2022, p. 67); conforme avanza se siente enfermo, “la tristeza de mi corazón aumenta. Ya no tengo esperanzas, señor. Y me siento cansado, tan cansado… Creo que no puedo más” (Ende, 2022, p. 67), hasta que, sin resistencia, abraza la muerte. Lo más terrible es que Atreyu no puede hacer nada para salvar a su amigo.

En el diálogo con la Vetusta Morla, una tortuga que ha vivido eones, se profundiza la cuestión. La anciana explica que su larga experiencia le permite comprender que “nada tiene importancia… Todo da lo mismo, exactamente lo mismo” (Ende, 2022, p. 70). En sintonía con el Eclesiastés que declara: “¡Esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse!… Una generación se va y viene la otra… El sol sale, el sol se pone… lo que pasará es lo que ya pasó, y todo lo que se hará ha sido ya hecho” (Ecles. 1, 2-9); la tortuga explica: “todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno…, el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer, y lo que nace debe morir” (Ende,2022, p. 70-71).

Esta postura no es solo nihilista sino también relativista, escéptica y pesimista: “Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante” (Ende, 2022, p. 71), “si fueras tan viejo como nosotras sabrías que no hay más que tristeza” (Ende, 2022, p. 71).

De manera radical se sugiere, haciendo un guiño al existencialismo, que la Nada nos rodea. Sin embargo, “Atreyu recurrió a toda su fuerza de voluntad para contrarrestar el entumecimiento que le producía la mirada de la Vetusta Morla” (Ende, 2022, p. 71). Entonces se sobrepone y grita: “no es verdad que todo te dé lo mismo ¡Ni siquiera tú crees lo que dices!” (Ende, 2022, p. 71)

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo III de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero hemos mostrado un interesante acercamiento al problema ontológico y antropológico de la Nada que propone superar la depresión y la inmovilidad con la fantasía y la esperanza.

Referencias.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Eclesiastés (2002), en La Biblia (2002). Editorial Verbo Divino.

Parménides (2008). Fragmentos, en Eggers Lan, Conrado (2008). Los filósofos presocráticos. Gredos.

Crédito ilustración de la entrada: «Duelo en el valle» por Yami Hernández @yamiherdez

Los fugitivos


Ronnie Camacho Barrón


El día en que los humanos perdimos la fe, fue el mismo en que los ángeles descendieron a la tierra, al principio el mundo se maravilló ante ellos y aunque su apariencia no encajaba en el canon de las descripciones conocidas, no cabía la menor duda de quienes eran.

Pues poseían cuatro pares de gigantescas alas blancas, sus ojos resplandecían más que el propio sol, las facciones de sus finos rostros les daban un aspecto andrógino y emitían una intensa aura celestial que hacía que cada persona en un radio de diez metros a la redonda terminase rendida a sus pies.

Como era obvio, los creyentes del mundo les recibieron con los brazos abiertos, estaban ansiosos por escuchar el mensaje que seguramente Dios les había encomendado darnos.

Fue muy tarde cuando descubrimos que aquellos seres alados no eran mensajeros de buenas nuevas, sino, vengativos ejecutores.

En cuestión de días y haciendo uso del poder de sumisión que tenían sobre nosotros, comenzaron a asesinar a cada humano que se pusiera en su camino, hasta el punto, de que grandes metrópolis como la Ciudad de México, Paris y Nueva York fueron purgadas en tan solo una tarde.

Sin más alternativa, la guerra en contra de los celestiales comenzó y no fue hasta hoy, a un año de haber iniciado el conflicto que por fin hemos encontrado la respuesta a su venida.

Con mucho esfuerzo logramos derribar a uno ellos y tras cercenarle las alas, no solo inhibimos sus poderes, también logramos interrogarle y lo que dijo, nos heló la sangre.

Dios no los había enviado, fueron ellos quienes por decisión propia habían descendido a la tierra para esconderse de él, pues siguiendo los pasos de Lucifer en los comienzos de la creación, ellos también intentaron rebelarse y de igual forma, fracasaron.

Fue por eso que antes de recibir su castigo, huyeron a nuestro mundo, pues solo aquí su ira jamás los alcanzaría y al ser ellos mismos sus propios ejecutores, nadie jamás los detendría de apropiarse del planeta.

No tenemos idea de cual será nuestro siguiente movimiento, la munición que tenemos es escasa y el último reporte que obtuvimos de nuestros vigías antes de perder la comunicación con ellos, es que una brigada entera de ángeles viene para acá.

Jamás pensé que el apocalipsis sería de esta manera, ni que aquellos seres hermosos en los que mamá me enseñó a creer, se convertirían en monstruosos bastardos que se cobrarían la vida de la mitad de nuestra civilización.

Ya los veo acercarse a la distancia y aunque yo deseo correr, mi cuerpo no responde, sé que ya no sirve de nada rezar, pero señor, te lo suplico, cualquier cosa que me vayan a hacer que la hagan rápido.

La palabra de los abuelos: «Xtan, el que trajo el fuego»

Roberto Carlos Garnica


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias.
Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito cosmogónico que me compartió el maestro Romualdo García de Luna.

Xtan, el que trajo el fuego

Es la quinta noche de enero, el viento rasga las manos y los rostros descubiertos. No hay luna ni estrellas. La llama de tonos rojos y azules es la única fuente de luz y calor en el cerro.

La señora y el señor del monte (Kiwichat y Kiwíkgolo), Sen y Jun (Lluvia y Colibrí) conversan frente al fogón.

—Abuelitos, ¿por qué hace tanto frío? —pregunta Jun y tiembla.

—¡Imagínate si no existiera la lumbre, hermanito! —comenta Sen y lo abraza.

—Pues hubo un tiempo en el que no había fuego —asevera la gran abuela.

Los niños se miran sorprendidos.

—¿Quieren saber de qué manera Xtan (Tlacuache) trajo el fuego sagrado al mundo? —inquiere Kiwíkgolo.

A los niños les brillaron los ojos pues supieron que sus seis corazones serían alimentados con bellas palabras.

—¡Sí, abuelito! —exclaman al unísono.

—Abran su corazón y atiendan.

Y fue así como, mientras bebían una olorosa taza de café, Kiwíkgolo narró esta historia:

«Se cumplió la profecía. En tiempos de la Penumbra nacieron los gemelos sagrados, Chichiní y Papa’, el niño Sol y la niña Luna. Las veinticuatro abuelas cósmicas fueron las parteras y ahora los cuidaban. Aún no había día ni noche, la temperatura era diferente, hacía mucho frío, helaba. Nadie podía calentar al niño Sol y a la niña Luna. Todos se inquietaban. Los recién nacidos no paraban de llorar. Nadie sabía cómo contentarlos. Los animales, las abuelas y las demás deidades sufrían por eso.

Xtan (Tlacuache), muy preocupado, le dijo a su compadre Monkgxnú (Tecolote):

—¿Cómo le hacemos? Tú que tienes mucho conocimiento, ayúdanos a que el Niño y la Niña estén tranquilos y contentos.

—Debemos traer fuego —sentenció Monkgxnú.

—¿Qué? —preguntó extrañado Xtan, pues en aquel tiempo no se conocía el fuego.

—Debemos ir al inframundo.

—Pero no conocemos el Kgalhinín (Camino al inframundo). Busquemos a otro compañero que nos ayude. Pero ¿quién podrá?

—Hay que pedirle ayuda a Sáka (Tuza), ella puede hacer túneles, ella recorre las profundidades de la tierra —sugirió Monkgxnú.

Así pues, fueron con Sáka, le plantearon la idea y juntos emprendieron el viaje.

Se dirigieron al centro de la tierra. No tardaron en llegar pues Sáka conocía bien ese lugar.

En la boca del inframundo había un guardián infranqueable.

—¿Cómo podremos entrar? —preguntó Xtan (Tlacuache).

—Es complicado, no podremos distraer al que cuida la puerta —comentó Sáka (Tuza).

—No se preocupen, yo lo haré. Cuando lo distraiga ustedes pasarán y luego yo los seguiré —propuso Monkgxnú (Tecolote) y empezó a cantar.

El guardián nunca había escuchado un canto tan doloroso y profundo, sintió curiosidad y empezó a buscar al autor de aquel lamento.

Cuando el vigilante descuidó la entrada Xtan y Sáka ingresaron.

El guardia siguió la fuente del sonido, pero sólo encontró una flor amarilla, era Kalhpuxun (Cempasúchil); admirado la tocó y Kalhpuxun se multiplicó. Monkgxnú aprovechó ese momento y, como pudo, alcanzó a sus dos compañeros.

El fuego sagrado estaba custodiado por una abuela de cabellera larga, era un fuego diferente al del plano terrenal que conocemos hoy, era violeta, descansaba en una vasija rota y no tenía leña ni nada porque no necesita de otro elemento para existir.

—¡Ahí está el fuego! ¿Cómo lo vamos a llevar? —exclamó Sáka.

—Tú puedes llevarlo en el hombro —sugirió Monkgxnú.

—Pero ¿cómo vamos a distraer a la abuela? —preguntó Xtan.

—Yo la distraigo —propuso Monkgxnú.

Y fue así como Tecolote empezó a entonar nuevamente su canto doloroso, su canto triste, su canto sobrenatural. La abuela nunca había escuchado esa melodía, buscó de dónde venía y también se encontró con Kalhpuxun. La tocó y empezaron a brotar muchas flores amarillas, rojas y naranjas, nacían una tras otra y tapizaron el inframundo.

Los compadres aprovecharon la distracción de la abuela para tomar el fuego.

—Échenlo en mi hombro —pidió Tuza.

Pero el fuego no se podía sostener.

Entonces Tlacuache metió su larga cola de dos metros y, de alguna manera, el fuego se fusionó con él.

Cuando la abuela se dio cuenta los tres compadres iniciaron la huida, el camino tapizado de Cempasúchil fue su guía para salir del inframundo, muchos animales los perseguían y querían devorarlos.

—¡Súbanse a mis hombros! —gritó Monkgxnú mientras desplegaba sus alas.

Y fue así como lograron regresar al plano terrenal con un gran regalo: el fuego.

En el nacimiento, Sol y Luna seguían llorando, pero cuando sintieron la energía del fuego cesó el frío y el llanto.

Sáka (Tuza) se convirtió en la guardiana de la superficie terrestre, Monkgxnú (Tecolote) adquirió más sabiduría y Xtan (Tlacuache) fue bendecido con siete dones.»

—Y fue así, mis niños, como el Tlacuache, con la ayuda de sus amigos, trajo el fuego del inframundo para calentar a los gemelos sagrados y, desde entonces, también calienta e ilumina a los hombres —concluyó Kiwíkgolo.

—¡Qué bonita historia, abuelito! ¿Y cuáles son los siete dones que entregaron a Xtan? —preguntó Sen.

—Abuelito, dijiste que Xtan tenía una cola de dos metros, ¿era un gigante? —inquirió Jun.

—Nietecitos míos, en el principio los animales hablaban y eran muy diferentes a cómo son ahora, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión —sentenció Kiwichat.

Agradecimientos:

Al maestro Romualdo García de Luna, por compartirnos la historia del Tlacuache.

Al maestro José López Tirzo, por asesorarnos con la escritura de los vocablos totonacos.

Crédito de la imagen:

Lluvia Garnica. «Xtan, Monkgxnú y Sáka en el Inframundo»

La filosofía interminable de Ende: La Emperatriz Infantil, la que gobierna sin mandar


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?

La Emperatriz Infantil, la que gobierna sin mandar

En El Llamamiento de Atreyu (segundo capítulo de La historia interminable) los 500 médicos más sabios de Fantasia están reunidos en el gran Salón del Trono. La Emperatriz Infantil está enferma y, al parecer, su preocupante estado se asocia con la inminente destrucción de Fantasia. El centauro Cairon declara que la medicina nada puede hacer y que la última esperanza es que un valiente héroe emprenda la Gran Búsqueda. Es así como se encomienda a Atreyu, un niño piel verde, la misión de “encontrar el remedio para la Emperatriz Infantil y salvar Fantasia” (Ende, 2022, p. 48).

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo II aborda varios tópicos filosóficos: el carácter ineludible de la enfermedad y la muerte, la felicidad como algo que excede las condiciones materiales, la subjetividad de la experiencia del tiempo, la ética caballeresca del cazador, las capacidades extraordinarias de los niños, etc. En esta tercera entrega de La filosofía interminable de Ende, nos sumergiremos en dicho apartado para reflexionar en torno a la facultad de gobernar bien.

Con pocas pinceladas, Michael Ende nos ofrece una extraordinaria lección de filosofía política. Fantasia es un imperio en el que se congregan infinitos reinos que, a pesar de los conflictos entre algunos de ellos, mantiene un equilibrado orden global. Es un universo sin fronteras exteriores en el que conviven los seres más heterogéneos: animales parlantes, enanos, hadas, genios acuáticos, serpientes blancas, elfos abeja, centauros, pieles verdes, brujas, vampiros, espectros (por mencionar sólo algunos de los que aparecen en este capítulo). Aunque cada pueblo tiene su propia lengua, pueden comunicarse entre sí porque todos dominan el idioma universal: el fantasio clásico o Gran Lenguaje. Sin embargo, la unión orgánica de ese universo se mantiene gracias a su lideresa: la Emperatriz Infantil.

En la constitución de dicho personaje se cuestionan tres condiciones de los sistemas políticos tradicionales: no se trata de un varón sino de una mujer, no es un adulto sino una niña, no dirige como la cabeza sino que da vida como el corazón.

Ende (2022) explica que “era mucho más que una soberana o, mejor dicho, era algo muy distinto”: al modo de la wu wei taoísta (la no-acción, la no-intervención), la Emperatriz infantil “no gobernaba, nunca había utilizado la fuerza ni hecho uso de su poder, no mandaba nada ni daba órdenes a nadie, nunca atacaba ni tenía que defenderse”. En la misma sintonía, Lao Tse (s. f.) expresa que “el sabio controla sin autoridad, y enseña sin palabras; él deja que todas las cosas asciendan y caigan, nutre, pero no interfiere” (p. 2). Para mantener el equilibrio es suficiente que Ella exista (ser vale más que hacer). Más aún, “sin ella no podía subsistir nada” (Ende, 2022, p. 39).

De esta manera, la Emperatriz Infantil no ordena desde arriba, sino que vivifica desde el centro. Y no hace distinciones entre sus súbditos: “para ella todos eran iguales […] todas las creaturas, buenas o malas, hermosa o feas, divertidas o serias, necias o sabias, todas, estaban allí sólo porque ella existía” (Ende, 2022, p. 39).

Incluso podemos imaginarla como una deidad impersonal, imparcial y contemplativa de quien irradia todo. Es cierto que Ende no se refiere a la Emperatriz Infantil como diosa, pero el medallón Áuryn, el objeto o signo que la representa y cuyo nombre no debe pronunciar cualquiera, tiene poderes secretos y expresa la presencia misteriosa de la Soberana: “Áuryn te protegerá y guiará, pero tú no deberás intervenir, porque tu propia opinión no cuenta a partir de ahora” (Ende, 2022, p. 49).

Más aún, el modo de proceder de la Niña de los mil nombres es meta-humano y meta-racional: “las decisiones de la Emperatriz infantil son difíciles de comprender […] ¡Evidentemente, es una locura! Y si lo hizo deliberadamente, entonces… entonces…” (Ende, 2022, p. 47).

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo II de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que las imágenes y las ideas de dicho libro nos proporcionan herramientas para pensar la política y la teología desde una perspectiva meta-racional y pospatriarcal.

Imagen de la entrada: “El juego: El héroe, la esperanza y la perdición” por Yami Hernández @yamiherdez

Referencias.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Lao Tse (s. f.). Tao Te King. Nueva Acrópolis. Recuperado de https://www.nueva-acropolis.es/filiales/libros/Lao_Tse-Tao_Te_King.pdf

Literomancia: reflexiones respecto a una nueva Asociación Mexicana de Fantasía y Ciencia Ficción

Miguel Almanza


No recordaba que la vida de estudiante requería tanto tiempo y he faltado a mi palabra de ofrecer columnas, aún así hoy tengo un asunto muy relevante para los lectores: me permito opinar sobre el tema que ronda el Callejón de la Fantasía y la Ciencia Ficción Mexicana (le llamó así porque, aunque se ha ido consolidando, aún no tiene los alcances deseados, algo muy difícil de lograr en la era del TikTok en que ganar la atención de las audiencias es una proeza).

En este contexto de competencia desigual por la atención masiva, la fantasía y la ciencia ficción mexicana se encuentra en cierta precariedad, siendo en ocasiones ninguneada por los menos entendidos. La propuesta de Oscar González, editor de Colectivero, ha resonado fuerte, pues no es cualquier cosa. Se ha recordado a la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción de los noventas como el antecesor para tratar de aprender de ello y varios compañeros han contrastado pros y contras. Sin embargo, creo que la propuesta es buena porque detecta la necesidad de difusión y distribución.

La gente se puede asociar para lo que sea, pero en cualquier asociación deben estar explícitas las metas y objetivos, para que los esfuerzos colectivos se realicen en la dirección propuesta. Así ya sabes a qué te apuntas. Tal vez en este caso falta un poco más de reflexión, de discusión, de interacción entre los diversos proyectos para llegar a acuerdos y objetivos generales. Como la reunión virtual para platicar este tema se canceló, no me quedo con las ganas de compartir mis reflexiones a respecto:

1) ¿Sólo escritores? O también: editores, promotores, investigadores, ilustradores, cineastas, etcétera. La propuesta de que sean solo escritores ya deja fuera a muchos que tenemos doble cualidad, lo que desanima. Aunque se me ocurre lo siguiente: ¿que tal si la asociación se conformara por dos ramas? Los editores, promotores e investigadores por un lado; y los escritores o creadores por el otro. Mi propuesta es dialéctica, ya que las diferencias de perspectivas entre escritores y editores, nos daría la tesis a seguir, la solución argumentada y discutida para llegar a una conformidad. Una asociación así tendría dos ramas: quienes se dedican a la publicación, promoción, investigación y difusión; y quienes realizan creación, no solo literaria pues estaría abierta a otras artes.

2) Los peligros. En mi experiencia como promotor cultural y activista, he visto a muchos colectivos y organizaciones que, al tener cierto éxito, son autoconsumidas por el propio ego, proclamándose élite simplemente porque pocas personas trabajan o producen algo específico. Creo que el elitismo es una ilusión del éxito mal entendido. Así asfixian su propio proyecto. También muchas instituciones incurren en el error garrafal de olvidar para qué fueron construidas, y comienzan a procurar ante todo su propia subsistencia, sin importar que ello contradiga su esencia de existir. Creo que la traición a los objetivos es el suicidio de cualquier asociación y este peligro no debe dejar de observarse, es el precipicio de lo que no queremos. No se trata de monopolizar, sino de procurar, difundir incluso a aquellos que no son mis amigos o con quien no estoy de acuerdo. Se busca democratizar la cultura y la diversidad de propuestas.

3) Claridad de la propuesta de objetivos y metas. La idea está apenas en la mesa, es un deseo en voz alta. Pero un deseo de muchos. La sinergia proviene de la nitidez y concreción de los objetivos y metas generales. Acá comparto dos ideas que se me ocurrieron a partir de los comentarios y reflexiones que leí en las redes. Visión: lograr que el mexicano promedio pueda referir obras de fantasía o ciencia ficción mexicana. Parece sencillo, pero estamos hablando de tocar un público de millones de personas. Misión: difundir, promover y distribuir los trabajos creativos para consolidar una presencia a nivel nacional e internacional. Creo que en ello estamos de acuerdo la mayoría, aunque quedan por definir los objetivos generales y específicos.

4) Los sueños son hermosos hasta que se topan con el mundo material. Hay que considerar que fundar una asociación requiere recursos económicos y pensar de dónde saldrán los recursos, ¿de los miembros? ¿Donaciones? ¿Subvenciones gubernamentales? Este punto ya comienza a ser escabroso. También se necesitaría escribir un acta constitutiva y las normas de procedimientos, el manejo transparente y adecuado de finanzas, etcétera; es trabajo administrativo que de inicio alguien tiene que realizar y muy probablemente sin remuneración económica. ¿Quién está dispuesto(a) a ello y cómo elegirle? No será nada fácil y quizás sea uno de los trabajos menos reconocidos pues es el andamiaje tras bambalinas; este administrador (o administradores) tendrá que lidiar también con las quejas, criticas o exigencias de los miembros. Un trabajo nada fácil.

De momento, este es mi aporte a la discusión del tema, ojalá se pueda realizar algún foro para seguir platicando e ir puliendo la idea. Creo que la atmósfera general a respecto es de entusiasmo (hasta memes hubo), pero es un movimiento que no se debe realizar a la ligera.

LA PALABRA DE LOS ABUELOS: «Sluluk y la concepción de Sol y Luna»


Roberto Carlos Garnica Castro


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias.
Aquí, en La palabra de los abuelos, recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito cosmogónico que me compartió el maestro Romualdo García de Luna.

Sluluk y la concepción de Sol y Luna

Sen (Lluvia) camina con su abuela, la dueña del monte, la inquebrantable Kiwichat. Le asombra sentir cómo su cuerpo pasa del frío al calor en menos de diez pasos. Los días decembrinos son extraños: el sol quema, pero a la sombra cala el viento. Sen se detiene, una lagartija tendida sobre una piedra blanca llama su atención.

—Mi niña, veo que el viejo Sluluk (lagartija) te habla.

—Sí, abuelita, pero no entiendo lo que dice.

—Sluluk necesita el abrazo del sol, Sluluk ama su piedra.

—¿Cuál es su staku (estrella, propósito)? Tú y mi abuelito me contaron cómo Tukay (araña) y Patokgtokg (primavera) descubrieron su don. Háblame del viejo Sluluk.

—La historia de Sluluk es anterior al nacimiento del sol. ¿Quieres que te hable de la misteriosa concepción de Chichiní?

A la niña le brillaron los ojos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.

—¡Sí, abuelita!

—Abre los ojos y escucha.

Y fue así como, mientras Sluluk absorbía el espíritu del sol, Kiwichat narró esta historia:

«Antes del inicio, cuando todo era penumbra y los dioses, los hombres y los animales poseían un lenguaje común, la Gran Abuela y su nieta vivían lejos del pueblo.

—Ha llegado el tiempo de sembrar frijol, es bueno sembrar. Busquemos a alguien que nos ayude, pero primero pediremos el permiso de la tierra, como debe ser —anunció la abuela.

Y así hicieron: pidieron permiso, desmontaron, sembraron y llegó el tiempo de la floración.

—Hoy iremos a ver cómo va la siembra —señaló la abuela.

Cuando llegaron al lugar se sorprendieron porque una parte del frijolar estaba quebrada o doblada, como si algo grande y pesado hubiera pasado por ahí.

—¿Quién pudo hacernos esto? —preguntó la abuela.

Caminaron por la senda maltratada hasta llegar al centro de la siembra y vieron que el viejo Sluluk (en aquella época los lagartijos eran mucho más grandes) descansaba sobre una hermosa piedra.

—Así que fuiste tú el que hizo esta travesura. Te pido por favor que te retires y no maltrates más mi siembra —pidió la abuela.

—¡Ay, abuela, abuela! ¿Por qué me pide algo inadmisible? Ésta es mi piedra, usted es la que usurpa este lugar. Usted cometió el error, no yo. No me moveré de aquí porque mi piedra lleva mucho tiempo aquí. —exclamó Sluluk.

Tiempo después, la abuela y su nieta regresaron al sembradío y se encontraron con el mismo inconveniente. Se dirigieron muy enojadas al pueblo para hablar con la suma autoridad.

—Vayan por última vez e intenten convencerlo de que se vaya a otra parte. Si no acepta se procederá como debe ser —dijo la autoridad.

Volvieron al lugar y dijo la abuela “vengo a pedirte por última vez que te retires y no dañes más mi siembra”, pero Sluluk se mantuvo en su postura, argumentando que la piedra era suya.

Fue entonces que la suma autoridad decidió intervenir y ordenó que una cuadrilla destruyera la piedra para que Sluluk ya no tuviera motivos para atravesar el frijolar. El animal aceptó lo que mandó la autoridad y se retiró, pero exclamó “no es justo, es mi piedra”.

No fue fácil romper aquella piedra porque era muy dura. Al descubrir el interior fue inmensa la sorpresa de los seres de la penumbra porque, por primera vez, vieron algo luminoso, era como un huevo. El líder de la cuadrilla tomó el objeto con sus toscas manos y lo llevó al pueblo para que lo examinara la suma autoridad. Ésta se asombró y ordenó que depositaran el objeto sobre una mesa de piedra. Toda la gente se formó para contemplar la cosa que brilla. También se formaron la abuela y su nieta y, cuando llegó su turno, la niña se acercó tanto al portento que le provocó un estornudo y, de esa manera, se tragó el huevo.

La suma autoridad solicitó que todos regresaran a su casa. Así también hicieron la abuela y su nieta. Pero, a los tres meses, la muchacha empezó a tener mareos y vómitos y comprendieron que estaba embarazada.

La abuela se extrañó porque nunca dejaba sola a su nieta y le preguntó “¿quién es el padre?”.

—No he tenido ninguna relación con nadie —aseguró la muchacha.

La abuela rememoró el incidente con la cosa que brilla y la tranquilizó “no tengas miedo, lo que va a pasar pasará, yo estoy contigo para orientarte y protegerte”.

En ese momento, la Gran Abuela comprendió cuál era el propósito de su nieta y comunicó a las demás Abuelas que la antigua profecía por fin se cumpliría: una virgen daría a luz a Chichiní (sol) y a Papa’ (luna), los gemelos que alumbrarían el mundo».

—Y fue así, mi niña, como Chichiní y Papa’ empezaron a crecer en el vientre de una virgen.

—¡Qué hermosa historia abuelita! ¿Y qué pasó en el momento del alumbramiento?, ¿cuál es el nombre de la Madre?, ¿quiénes eran las Abuelas?, ¿qué ocurrió con Sluluk?

—Sen, mi dulce niña, ésas son otras historias y deben ser contadas en otra ocasión.

Créditos y agradecimientos:

Al Maestro Romualdo García de Luna, por compartirnos la historia de La creación del sol.

Sueños


Carolina Carmona Maldonado


A veces uno se pregunta el significado de sus sueños, el porqué de aquel hombre o ser que apareció, del porque viste esa persona muerta que extrañas mucho y en si quiso darte un mensaje o simplemente quieres volver a verla. Pero yo nunca encuentro un significado apropiado o elocuente. ¿Por qué? Porque la incoherencia de mi mente me lleva a los sueños más retorcidos y extraños que cualquiera de mis conocidos podría siquiera imaginar.

Me siento en un lugar cómodo y sonrío al volver a recordar ese sueño, en ese último momento donde perseguía a un pastelito de chocolate, el cual corría con terror por una calle angosta, y cuando lo alcancé, le di una mordida y saboreé su deliciosa consistencia esponjosa. Claro está que ese pobre postre no le ha gustado ser víctima del terror y de que le hayan arrancado una parte de sí. ¡Pero estaba delicioso! Me dije para justificar haberlo mordido. Luego de recordar aquello, mi estómago crujió ya que no había desayunado esa mañana.

Trato de olvidarme del hambre y leo en mi libreta uno de esos sueños incomprensibles esperando descifrar su significado ¡si es que lo tiene! Pero por más empeño que le pongo no lo consigo, sobre todo porque hay un pensamiento que distrae mi mente el cual consiste en correr ¿A dónde? Me pregunto, y ¿por qué? Miro hacia todos lados como si algo buscara de mi entorno, tal vez algún peligro, pero solo veo arboles pequeños, pájaros peleando y un parque vacío de personas. Miro al cielo esperando ver nubes negras o algún indicio de lluvia, tal vez esa sea la razón por la que mi mente piensa en correr, pero nada, todo es soleado y sin nubes a la vista.

Me cruzo de brazos y siento un escalofrió recorrer mi espalda ¿Habré olvidado apagar la luz al salir? ¿Habré dejado la puerta abierta de la casa? Cada pregunta que me hago se hace más inquietante y poco a poco comienzo a entrar en pánico ¡Necesito saber por qué debo correr! Me levanto de golpe y camino rápidamente hacia casa esperando encontrar todo en orden, y aunque trato de controlar mis nervios no lo consigo, por lo que comienzo a correr como si no hubiera un mañana y sin querer empujo a varios transeúntes: ¡Tengo que llegar! Me digo y sigo corriendo.

Al llegar, veo que todo estaba tal y como lo había dejado, la cama tendida, los platos lavados, una revista abierta a la mitad en el sofá y migajas de pan en la mesa ¡Que alegría! Sonrió de oreja a oreja, es entonces cuando recobro la otra parte del sueño: recuerdo haberme puesto azul y acostarme en el suelo después de comer ese enorme postre: ¡Que extraño! Digo en voz alta para luego sentarme en el sofá y sostener la revista en mis manos. Después de leer unos párrafos, me surge la urgencia de ir al baño, por lo que camino lentamente y entonces la razón por la que corría. Mi cuerpo estaba tirado en el piso. No había llegado a tiempo.

La filosofía interminable de Ende: «La infinitud exponencial del libro rizoma»


Roberto Carlos Garnica Castro


Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar. 
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?

La infinitud exponencial del libro rizoma

En Fantasia en peligro (primer capítulo de La historia interminable), un fuego fatuo, un comerrocas, un silfo nocturno y un diminutense conversan alrededor de una hoguera. Son mensajeros de sus respectivas comarcas y deben dirigirse a la Torre de Marfil para pedir ayuda: ¡la Nada ha aparecido y lo devora todo! Llegan al centro de Fantasia y se sorprenden porque infinidad de mensajeros de todos los confines han arribado allí por el mismo problema. Finalmente les informan que la Emperatriz Infantil está muy enferma y que “quizá ésa sea la causa de la incomprensible desgracia que se ha abatido sobre Fantasia” (Ende, 2022, p. 36).

Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo I aborda varios tópicos filosóficos: el “ser” de la nada y la imposibilidad de explicar qué es “esa cosa horrible” (Ende, 2022, p. 29), la contraposición entre literatura realista y fantástica, moralizante y recreativa, el poder de la escritura para evocar sensaciones, sentimientos e ideas, la guerra, etc. En esta segunda entrega de La filosofía interminable de Ende, nos sumergiremos en dicho apartado para reflexionar en torno a la infinitud exponencial de este libro.

En sentido aparente, La historia interminable es algo acabado, es decir, tiene una página inicial y una página final. Sin embargo, como sugerí en Elementos para una escritura y una antropología rizomáticas, La historia interminable es un tipo especial de texto que debe abordarse como obra abierta (Garnica, 2019). No concluye, sino que queda en puntos suspensivos y “cierra” con un lema que es una auténtica línea de fuga: “pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión” (Ende, 2022, p. 489).

La primera vez que aparece el lema es, precisamente, al final del Capítulo I. Y con dicha fórmula expresa que, aunque debido a las exigencias narrativas debe seguir un hilo central, cada historia que aparece sigue su propio camino.

De manera específica, Ende comenta que Blubb, Pyernrajzark, Vúschvusul y Úckuck, los cuatro seres fantásticos que se conocieron en el Bosque de Haule, se hicieron amigos y vivieron muchas aventuras… pero él debe continuar relatando lo que ocurre con Bastián y la Emperatriz infantil.

"Elementales", autor:Yami 2024
«Elementales», autor:Yami Hernández, 2024

Ilustración de la entrada «Elementales» por Yami Hernández.

En este sentido, La historia interminable posee lo que Deleuze y Guattari (2002) denominan ruptura asignificante: “un rizoma puede ser roto, interrumpido en cualquier parte, pero siempre recomienza según ésta o aquella de sus líneas y según otras” (p. 15). Esta novela es esencialmente infinita porque contiene innumerables líneas de fuga que, a su vez, se ramifican exponencialmente.

Aunque hay un personaje central y un eje conductor, cada personaje y cada lugar tienen su propia historia. Cada persona, además, se relaciona con otras y carga con la historia de su pueblo y su entorno.

Del diminutense, por ejemplo, se nos cuenta que se llama Úckuck, que posee un extraordinario caracol de carreras y cuyo pueblo construye “ciudades enteras en las ramas de los árboles, en las que las casitas estaban unidas entre sí por escalerillas, escalas de cuerda y toboganes” (Ende, 2022, p. 25). Y dicha microhistoria puede expandirse si la alimentamos de fértiles preguntas: ¿cuál es el nombre de las ciudades?, ¿cuál es su organización política?, ¿cómo domesticaron a los caracoles de carreras?, ¿quiénes son los padres de Úckuck?, ¿está casado y tiene hijos?, ¿cómo conoció a su esposa?… sin olvidar, por supuesto, ¿qué aventuras vivió después con el comerrocas, el fuego fatuo y el silfo nocturno?1

Blubb, el fuego fatuo, habla de su patria, Podrepantano y de un importante lago que existía allí, Cálidocaldo, y de manera marginal menciona al “Supersapo Sumpf, que vivía con su pueblo en el lago Cálidocaldo” (Ende, 2022, p. 29). También se pueden ampliar esas historias: ¿cómo son esos lugares?, ¿quiénes viven allí?, ¿qué relaciones hay entre ellos? No desestimemos que un lago y hasta una gota de agua pueden concebirse como universos en sí mismos.

La historia interminable, como un rizoma, puede extenderse hacia atrás, hacia adelante y hacia los lados, y cada punto es una nueva línea de fuga…

Por si fuera poco, esta obra del género fantástico está plagada de personajes que se remiten a otros contextos. Estas son algunas de las referencias de intertextualidad milenaria que aparecen en el primer capítulo: Pegaso, Ave Fénix, grifos, yinnis, duendes, trolls, hadas, faunos, etc.

En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo I de La historia interminable. Pero queda claro que se trata de un libro que da qué pensar y que posee, por su ruptura asignificante, una infinitud exponencial. ¿Cuenta con otras características rizomáticas? Al menos, por estar escrito en dos tintas que jerarquizan ontológicamente lo narrado, sigue los principios de conexión y heterogeneidad y saluda al mundo exterior al libro… “pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión” (Ende, 2022, p. 37).


1 Por cierto, esta historia y todas las que nuestro autor deja explícitamente abiertas ya fueron desarrolladas en Ende interminable (2022).

Referencias.

Deleuze, Guilles y Guattari, Félix (2002). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos.

Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.

Garnica, Roberto Carlos. (2020). Elementos para una escritura y una antropología rizomáticas. Cuicuilco Revista De Ciencias Antropológicas26(76), 129–151. Recuperado de https://revistas.inah.gob.mx/index.php/cuicuilco/article/view/15464

VV. AA. (2002). Ende interminable. Tinta Púrpura Ediciones.