LA PALABRA DE LOS ABUELOS: «Jukíluwa, a la que le nacen alas»


Roberto Carlos Garnica


La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.
En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias. Aquí recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria.
En esta ocasión, te presento un mito que me compartió el maestro José Luis González Santiago.

Jukíluwa, a la que le nacen alas

El pequeño Jun (Colibrí) miraba a contraluz una crisálida que pendía de la delgada rama de un puan. La bolsita palpitaba y el niño totonaco pudo contemplar el milagro: la naciente mariposa rasgó con sus alas negriazules el capullo y, después de posarse unos segundos en una de las frutas rojas del árbol, levantó el vuelo.

Kiwíkgolo, el dueño del monte, posó una mano sobre el hombro del chiquillo y le dijo complacido:

—Veo que la brillante xpipilekg ha apresado tus ojos.

—Sí, abuelito, me sorprende cómo el gusano que se arrastraba lento se transformó en una flor que baila y vuela.

—Jun, mi tierno pajarillo, todos los seres cambian de forma, xpipiliekg no es la única que primero se arrastra y luego vuela.

—Es cierto, abuelito. El otro día que me platicaste cómo una serpiente venado le hacía el almuerzo a un campesino que vivía solo y al ser descubierta se quedó vestida de mujer a vivir con él, te pregunté si es verdad que a ella le crecen alas y vuelve al mar.

—Así es, nietecito mío, eso pasa con la Jukiluwa cuando llega el momento. ¿Quieres que te cuente la historia?

Al niño le brillaron los ojos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.

—Sí, abuelito.

—Ven, siéntate aquí.

Y fue así como, sentados sobre un tronco caído que tenía la forma y el color de la serpiente venado, Kiwíkgolo explicó lo siguiente:

«Jukiluwa, a quien tus hermanos del altiplano llaman mazacoatl, recibe ese nombre porque desde tiempos inmemoriales traga venado, también se alimenta de conejos, tuzas, ardillas, mapaches, coyotes y otros animales. Cuando come, en su panza se hace como una bolita y tiene que descansar varios días y hasta semanas. Es una serpiente muy gorda que llega a pesar más de cuarenta kilos y medir más de cinco metros. No es venenosa, es trituradora, se enreda y truena los huesos. Tiene el color de la tierra, la canela y los árboles de la selva. Los abuelos la consienten, es la reina de las cosechas, es ixmakgtakgalhaná takuxtu (la que vigila la milpa), donde ella anda la cosecha es segura.

La Jukiluwa nunca muere, solo se transforma. Cuando llega el momento, se mete en una cueva y allí descansa, ya no se mueve; desde su guarida succiona a sus presas, primero les lanza un líquido baboso para que resbalen, luego las aspira con aire y energía, por último, las traga.

Se hace viejita, envejece más y más. Se encoge. Sus escamas se vuelven muy resistentes, son como un escudo de obsidiana al que no atraviesan las balas, su ancianidad la hace más fuerte. No camina, solo se alimenta y piensa, su ancianidad la hace más sabia.

Todo lo que engulle lo transforma en alas. Espera paciente las lluvias y los truenos del día de San Juan para abandonar su cueva. Cuando está lista agita veloz sus alas y empieza a hacer así: sss, sss, sss, como un enjambre de avispas. Levanta el vuelo despacito y aprovecha los fuertes vientos para irse al mar. Ahora crece y crece y crece. Al surcar el cielo es como un relámpago de muchos colores. Cuando llega a su nueva morada se extiende y se le caen las alas como a las hormigas arrieras. No muere allí, se convierte en una gigantesca serpiente marina».

—Y es así, mi niño, como a la multiforme Jukiluwa le nacen alas y se va a vivir un tiempo al mar.

—¿Y cómo son sus alas, abuelito? ¿son de pluma como las del papán real?, ¿o rojizas como las de la avispa?, ¿o frágiles como las de la mariposa?, ¿o etéreas como el arcoíris?, ¿o escamosas como las de la abuela?

—La Jukiluwa no es una, nietecito mío.

—¿Es como la serpiente quetzal a la que tanto aman mis hermanos del altiplano?

—Tu intuición es profunda, ustedes tienen un origen común, comparten más cosas de las que imaginas.

—Abuelito, ¿es cierto que la Jukiluwa cree que es una mujer?, ¿qué pasa cuando se mira en el espejo?

—Jun, mi inquieto pajarillo, ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

“La palabra de los abuelos” es una columna mensual con la misión de recuperar y difundir mitos de la tradición oral totonaca en la región de Veracruz adaptados por Roberto Garnica  quien se ha desarrollado principalmente en el ámbito académico como filósofo, antropólogo e historiador, ha publicado también en libros y revistas nacionales e internacionales.

Agradecimientos:

Al Maestro José Luis González Santiago, por compartirnos la historia de Jukiluwa, a la que le nacen alas.

Al maestro José López Tirzo, por asesorarnos con la escritura de los vocablos totonacos.

Crédito de la imagen: Espartaco Garnica «El ocaso de Jukíluwa».

La oración del rey

Autor: Sebastián Oviedo Lobato


28 de mayo de 1985.
Lisias estaba harto de la vida. Nunca creyó en nada místico, divino o sobrenatural, y no lo haría ahora que estaba al borde del abismo. Su propio orgullo se lo impedía. Su ateísmo era lo único que se jactaba de tener aun íntegro en su totalidad. Encontraba en aquella sapiencia una especie de satisfacción transitoria que lo que alzaba como un hombre inteligente y fuerte que no se doblegaría ante nada. Después de un rato de desafiar a cualquier Dios que reinara en el universo con su negativa de pedir una especie de ayuda religiosa, su depresión volvía a poner todo en su lugar.


Lisias salía del trabajo a las 21:05 horas como de costumbre, caminaba en mitad de la noche hacia su hogar en una calle que le parecía sombría e irreconocible por lo menos. Tuvo un accidente automovilístico recientemente, fue pérdida total del vehículo, una de las tantas tragedias que agobiaban su vida.


Había prendido un cigarrillo para aminorar las penas y calmar un poco el nerviosismo de que, sumado a toda la mierda que estaba pasando en su vida, algún idiota apareciera de la nada y le arrebatara lo poco que tenía de efectivo apuntándole con un arma. «Tendría suerte si me mataran en mitad del robo, terminaría con mi desdicha —pensó Lisias—. Pero con mi gran fortuna, estoy casi seguro de que el muy cabrón me golpearía, me orinaría encima mientras ríe y me robaría la ropa dejándome desnudo».


Después de soltar una pequeña risa burlona por sus propios pensamientos fatalistas, una extraña figura se materializó frente a él. Aquello, aunque prácticamente esperado, lo sobresaltó.


—¿Cree usted en nuestro señor Jesucristo? —preguntó una mujer de la nada. Una amplia sonrisa acompañaba a su pregunta.


Lisias dejó ir un suspiro de alivio al ver que nadie le robaría hoy sus cosas. Una tragedia menos.


—Usted lo que quiere es matarme de un infarto —respondió amigablemente en medio de una carcajada llena de nerviosismo. Al ver que la mujer respondía con un silencio incómodo, se decidió por agregar—. No, no creo en los cuentos de hadas.


Con la ironía de su último comentario, Lisias esperaba sacar al menos una mueca de rabia por la calidad de su blasfemia, pero la sombría mujer se limitó a devolverle una sonrisa aún más grande que le puso los pelos de punta. Por un momento, se preguntó si tal vez no hubiera sido mejor que el ladrón ficticio de su cabeza fuera el que estuviera frente a él quitándole sus cosas y humillándolo, y no esa mujer tan rara. A punto de responder, la predicadora volvió a romper el silencio.


—Muy bien, porque yo tampoco —exclamó con solemnidad y le entregó lo que parecía ser un panfleto religioso—. Que tenga buena noche, señor Lisias.


Lisias le dedicó una mirada curiosa al panfleto que yacía sobre su mano derecha, hojeando fugazmente, mientras exhalaba el humo del cigarro de entre los dedos de su mano izquierda. Entonces se percató de que aquella mujer lo había llamado por su nombre.

—¿Cómo es que sabe mi…? —su pregunta se cortó abruptamente cuando se dio cuenta de que la predicadora ya no estaba frente a él. Sintió un escalofrío.


Tras mirar en todas las direcciones posibles, confundido, y convencido de que era completamente imposible de que una persona pudiera simplemente esfumarse en el aire, cuando no pudo encontrar a la mujer por ninguna parte, se decidió por ponerle más atención al contenido del panfleto. La portada tenía la imagen de una corona de oro adornada con rubíes y esmeraldas, alrededor, una estela de luz se proyectaba hacia enfrente como si hubiera un sol atrás, alumbrando con intensidad en mitad de una pila de nubes. Como si la corona desprendiera una luz divina en el cielo.


El contenido, por otro lado, provocó una confusión todavía más marcada al ver que no había algún indicio de ninguna religión conocida por Lisias. «¿Alguna rama ortodoxa del judaísmo, tal vez?», se preguntó. Aquella confusión surgía a partir de la ausencia de la pregonación del Cristo como el hijo único de Dios (ni siquiera mencionaba a su figura en primer lugar) y de la pregunta inicial de la predicadora que casi lo mata del susto. Tan solo mencionaba a un “Verdadero Dios” al que llamaban “El Rey de Reyes”. La información del panfleto terminaba asegurando que la oración escrita en toda una página de aquel escrito, podía conceder cualquier cosa que se deseara si se decía en voz alta y se confesaba lo que uno quería al Rey de Reyes.

Lisias, con humor, repitió la oración en voz alta. Tras una breve carcajada producto de su incredulidad, el pensamiento sobre su tumor cerebral en estadio avanzado lo hizo cesar de golpe. Él sabía que moriría pronto, y la vacuidad de la muerte lo asustaba. El hecho de imaginarse siendo devorado por gusanos, dentro de un ataúd bajo tierra, lo horrorizaba aún más.


—Si tan solo me quitaras el tumor de la cabeza, Rey de Reyes, yo mismo pregonaría tu palabra y erguiría templos en tu nombre por salvarme la vida —dijo en un susurro casi inaudible, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos y observaba a la nada, reflexivo.


Pronto, dándose cuenta de que había sido presa de un momento de debilidad, volvió a reír estridentemente por lo ridículo del asunto. Se limpió las lágrimas con la manga de la camisa rápidamente, como si temiera que alguien lo viera desde la distancia en aquella oscura calle desierta en mitad de la noche, y arrugó el papel para tirarlo sobre el asfalto.

20 de junio de 1985.

Lisias seguía en ese estado catatónico; miraba a la nada, sentado en la cama con la espalda recargada sobre la pared de su habitación. El cuarto olía mal, ya que se había hecho del baño encima en repetidas ocasiones. Sin embargo, ni siquiera la sensación de tener heces y orín por todos lados, o el olor penetrante de los mismos lograban sacarlo del trance.


La barba le había crecido de manera irregular sobre el rostro, y amplias ojeras negras tapizaban sus ojos por culpa de un insomnio que cada vez se hacía peor. Las pesadillas, que realmente eran recuerdos nítidos de lo que había sucedido al día siguiente de que leyó la oración del panfleto, inundaban su mente como un torrente imparable que se lleva todo a su paso, dejando solo destrucción. Y él quería evitar eso: la destrucción gradual de su mente y su alma producto de un recuerdo maldito.


«Felicidades, señor Lisias —había dicho el neurólogo— su tumor ha desaparecido por completo… no sabemos cómo, pero a veces estas cosas suceden.»


Él recordaba a la perfección aquellas palabras porque, tras haberse hecho la resonancia magnética en el hospital, lo primero que le vino a la mente no fue un estado de euforia por haberse salvado milagrosamente. Lo primero que realmente le había venido a la mente fueron unas solas palabras: El Rey de Reyes. Tan intenso como un relámpago implacable que aturde los oídos con el posterior estridor del trueno. La catatonía había empezado justo por ahí; cuando salió del hospital, lo había hecho más como un cadáver viviente que como un hombre feliz por las buenas noticias. El pánico y la confusión envolvían a su cerebro en una bruma impenetrable.


Cuando Lisias llegó a su casa ese 29 de mayo de 1985, lo primero que hizo fue darse un baño de agua fría. En la regadera, pensando una y otra vez en las palabras del doctor, intentó convencerse de que aquello no había sido más que una coincidencia. Una sonrisa comenzaba a dibujarse en su rostro como consecuencia de aquel pensamiento que le devolvía las esperanzas y la comodidad de su ateísmo, pero entonces…


«Fui yo —había dicho una voz—. Yo he sido el que te he salvado la vida.»
De pronto, el agua fría que recorría su piel pareció penetrar en sus venas y contaminar su torrente sanguíneo. Su cuerpo había quedado congelado, lo recordaba a la perfección. Pensar en eso le hizo derramar lágrimas de espanto, no quería recordar más. «No tengas miedo», dijo la voz dentro de su cabeza en aquel momento en la regadera.


Lisias se llevó las manos a la cabeza, ese pensamiento intrusivo lo horrorizaba. Las sienes le palpitaban al intentar con todo su ser parar la tortura de aquel recuerdo. Gritó. Suplicó que parara. No quería ver nuevamente lo que había dentro de sus ojos. La verdad dentro de los ojos del Rey de Reyes, cuando lo vio frente a su regadera al descorrer la cortina, le provocaba pánico. Lo ofendía. Le causaba náuseas.


Pero entonces, poco a poco, aquello comenzó a materializarse contra su voluntad entre sus pensamientos. Mientras se retorcía en la cama de su recámara, gritando y llorando, pudo ver nuevamente la forma monstruosa del Rey de Reyes; aquel Dios enfermizo yacía sentado sobre un reptil enorme y peludo. Como un dragón sacado de una pesadilla repugnante. Las piernas de gallo se posaban sobre su lomo, montándolo, sobresaliendo de un torso que parecía de un hombre desnudo y regordete. Tenía dos alas de murciélago que sobresalían de su espalda, y tres cabezas; la del lado izquierdo era de toro y la del lado derecho de cordero. En medio, una cabeza demoníaca era adornada por una enorme corona brillante como la del panfleto que le había dado la predicadora. Pero lo peor de todo eran los ojos de la cabeza de en medio, unos ojos negros como el abismo que revelaban la verdad del universo.


Antes de que Lisias convulsionara y perdiera la vida por una sobrecarga neuronal cósmica, la imagen del secreto le despidió con un último horror; cuando Lisias había enfocado su atención en los ojos hipnóticos del Rey de Reyes en aquella ocasión, se dio cuenta del abismo que existía después de la muerte. Un abismo eterno donde no existía ningún Dios benevolente, cielo o infierno, sino solo las almas de los muertos que penan durante la eternidad en una oscuridad interminable.


Un abismo que yace dentro del cuerpo del Rey. Un abismo que es El Rey de Reyes. Y su nombre, su verdadero nombre, es Asmodeo.

Valeria y la estrella

Autora: Bianca Quijano


Bianca Quijano es abogada de formación, profesora por vocación quien encontró en el dibujo una herramienta educativa para representar el imaginario de aquellos acontecimientos que si bien, pueden ser narrados, se apoyan de las imágenes para abrir la puerta al reconocimiento de emociones. Prefiere ilustrar y escribir sobre mujeres y su relación con la naturaleza. 
Actualmente vive en Tijuana donde participa en el ámbito educativo y en proyectos en beneficio de las mujeres.

Créditos del fanzine Delfos 4


Consejo Editorial del Fanzine Electrónico Delfos

Miguel Ángel Almanza Hernández
Director y editor

Pedro N. Sacristán
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Yolanda Pomposo Díaz
Diseño editorial

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Mayra Daniel Arganis
Consultora editorial


Agradecimientos especiales a:

La escritora Raquel Castro que nos concedió una amable y amena entrevista.

A nuestros artistas invitados:
Enrique García Bruno, Gabriel García Morales y Mario Sánchez M.

A nuestra tallerísta invitada Yolanda Pomposo Díaz que nos leyó su cuento: «Revivirán sus rostros».

A todos los colaboradores del fanzine electrónico Delfos 4, ¡muchas gracias!

ESCRITORES


Ángel Fuentes Balam. Mérida, Yucatán. 1988. Director de Teatro, escritor, actor. Egresado de la Licenciatura en Teatro de la Universidad de las Artes de Yucatán. Ha sido Profesor y Director de la Compañía Escuela de Teatro del Centro Cultural El Claustro, Campeche. Diplomado en Creación Literaria por el INBAL. Director y productor de “Perros que parecen laberinto Teatro”. Es autor de las obras literarias: “Melodía tu engranaje quieto”, “Cruoris o la rabia que fuimos”, “Devoré el cráneo de Eros”, y la novela “X’mahaná o el beso del candil del diurno”. Ha publicado dramaturgia, cuento y poesía en antologías y revistas a nivel nacional e internacional. 
Carmen Macedo Odilón. Autora de las plaquettes Pequeñas desaparecidas y Visiones de un después no humano (Ediciones Arboreto 2022, 2024). Forma parte del consejo editorial de la revista Palabrijes, el placer de la lengua (UACM) e integrante del comité Mariarcadia organizador de Imaginarias: Premio Nacional para Mujeres Cuentistas de Ciencia Ficción. Ha sido locutora del programa Palabrijes sonoro (UACM) y colaboradora de la revista Cuentística. Tiene textos en antologías, revistas literarias y sitios web, así como cuentos premiados por diversas universidades mexicanas. 
Ganadora del VII Premio Internacional Bitácora de vuelos 2023.
Héctor Miguel Rivero, (San Luis Potosí 1986). Licenciado en Mercadotecnia es un escritor naciente dedicado a la creación de historias subversivas, vibrantes, transgresoras, que logren en los lectores el punto de partida para un cambio de conciencia. Se ha formado en diversos talleres literarios y es participante asiduo del Taller Delfos de Escritura Creativa.
Israel Rojas es licenciado en Letras Hispánicas por la UAM-I. Alumno del laboratorio de poesía del poeta Óscar Oliva, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 2016. Ganador del Sexto Bazar de Horrores de Arcadia Fusión Cultural y Fóbica Fest 2022, con sede en la ciudad de Guadalajara, con el cuento El lenguaje de la muerte. Editor en la editorial El Viaje y el camino y autor de los libros: Península Hamartia (poesía), Descantar del Homo Dipsómano (poesía) y La moneda está en el aire (narrativa).
José Tamayo nació en Mazatepec, Morelos, México. Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, es egresado de la escuela de Escritores Ricardo Garibay. Integrante de diversas antologías de las editoriales Lengua de Diablo, Astrolabio, Venado Azul y Lebrí, entre otros grupos literarios y comunidades. Ha publicado algunos textos en distintas revistas.  El 15 de agosto del 2023, publicó en la colección “Aquí dragones” de la editorial Lengua de Diablo, su primera antología cuentística llamada La tierra cuarteada.   
Juan Pablo Sotomayor Rivas es médico de profesión. Ha publicado algunos artículos de divulgación médica en la revista LUX Médica de la UAA (Universidad autónoma de Aguascalientes). Fue colaborador del semanario EA! del diario El Jalisciense de 1992 a 1993. Ha publicado cuentos en múltiples antologías de México, Argentina, Honduras, Chile, Perú y España. Es autor de la novela de suspenso sobrenatural El quinto círculo y de la colección de cuentos Relatos del reino de octubre.
Mayra Daniel Arganis es licenciada en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo y Maestra en Administración con especialidad en Gestión de Proyectos. En 2017 fue coordinadora de Comunicación Digital del Festival Internacional Cervantino y desde 2016 es profesora de Talleres de Gestión de Redes Sociales. Ha publicado en diversos medios como El Universal, La Jornada, La Revista del Consumidor y actualmente en NeoComunicaciones. Colaboró en la revisión editorial y corrección de estilo del fanzine Delfos #1; además de participar con sus propios textos desde el fanzine Delfos 0; escribió el prólogo del Fanzine Delfos 2. Actualmente es miembro del consejo editorial del fanzine electrónico Delfos.
Miguel López González es un apasionado mexicano nacido en el Distrito Federal, ahora Ciudad de México o CDMX. Se graduó de la Universidad Intercultural con una licenciatura en Lengua y Cultura.
Desde su infancia ha sido un entusiasta del terror y la ciencia ficción, siendo fanático de maestros como H.P. Lovecraft, Edgar Alan Poe, Ray Bradbury, Amparo Dávila, entre otros. Es un escritor en desarrollo y se encuentra en constante estudio para perfeccionar su arte. Sus trabajos se centran principalmente en el folklore, la creación propia y en la transformación de sus sueños en cuentos.
Sebastián Oviedo Lobato, 26 años, médico recién egresado de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Desde pequeño ha tenido fascinación por el mundo del terror en clásicos del cine y libros de la misma índole. He participado en concursos amateur e interinstitucionales sobre escritura enfocada en la temática de terror. En el fanzine Delfos 4 participa con el cuento: “La oración del rey”.
Sidi Alejandro Hernández Osorio. Sidi no se considera escritor, pero le gusta escribir. Ha publicado un par de textos en revistas pequeñitas y espera pronto vivir de eso. Le gusta la Fantasía y la Ciencia Ficción porque el mundo a veces es absurdamente ordinario. 

ILUSTRADORES


Andrés Lechuga (Arquitecto / Artista) Nativo de Tijuana, B.C. Ha  practicado la ilustración desde temprana edad, arquitecto de profesión con participación en varios eventos artísticos locales de Tijuana y recientemente Cuernavaca desde 2015-2023. El tema central en su ilustración radica en la fantasía obscura, el terror folclórico y tonos de lo pagano-religioso. Siempre encerrando simbolismos o significados para el espectador curioso, sus ilustraciones presentan una variedad de técnicas que van desde el grafito y prismacolor, hasta acrílicos, acuarelas y hojas de oro.
Bianca Quijano Vallejo. Abogada de formación, profesora por vocación, encontró en el dibujo una herramienta educativa para representar el imaginario de aquellos acontecimientos que si bien, pueden ser narrados, se apoyan de las imágenes para abrir la puerta al reconocimiento de emociones. Prefiere ilustrar y escribir sobre mujeres y su relación con la naturaleza. Actualmente vive en Tijuana donde participa en el ámbito educativo y en proyectos en beneficio de las mujeres.
Jesús Velázquez, joven mexicano de 19 años nacido en Puebla, actualmente estudia la licenciatura en Antropología Social de la BUAP. Desde niño apasionado por el dibujo y el arte en general, autodidacta en estas cuestiones. Y posteriormente apasionado por conocer y estudiar los relatos en torno a lo mitológico y los seres legendarios, monstruosos y mágicos, en donde esta cuestión se combina con el estudio de las culturas indígenas de México aportado en la carrera de Antropología Social. 	 preguntar redes
Juan Carlos González. Nació en Tultitlán Estado de México en  1970. A corta edad comienzo su gusto por el lápiz, papel y pincel siendo la mayoría de sus  conocimientos  autodidacta, complementado con estudios  técnicos. Se ha  especializado en dibujo y pintura del cuerpo humano realizado al óleo, acuarela , pastel , etecétera. En su  trayectoria ha participado en diversos concursos  de ilustración, 5 exposiciones  colectivas, 6 individuales. Ha participado en  la realización de murales en parroquia  de Iztapalapa CDMX y Estado de México. Por un tiempo  estuvo inactivo por cuestiones laborales, actualmente  retome la actividad artística.
Karla Itzel Chable Tamayo es originaria de San Francisco de Campeche, México, es una artista visual de 21 años que se expresa a través de su seudónimo artístico Emptyheart. Licenciada en Artes Visuales, Emptyheart juega con colores y formas para crear una dualidad en sus obras, reflejando fantasía, misticismo y las profundidades de su corazón. Su arte digital, dibujos, grabados, acuarelas, pinturas al óleo, temple y acrílico, abordan temas introspectivos y exploran la condición humana. Emptyheart busca conectar con los demás y compartir su visión del mundo a través de un estilo único que invita al espectador a sumergirse en sus propias emociones. Con el objetivo de inspirar y generar reflexión, Emptyheart participa en el fanzine Delfos 4 como un paso más en su camino de crecimiento artístico y en su búsqueda de compartir su arte con un público cada vez más amplio.
Leonel Díaz. Autor y lector de historietas, docente  e Ilustrador a Sueldo. Cómo autor a publicado "La Senda de los Avatares", "Aventuras Sobrenaturales de Catrina y Kyra" y "Hell Yeah", siendo la primera la más conocida y con mayor número de páginas. Es y ha Sido docente de Dibujo, Ilustración y Fotografía, y dirigido tesis sobre auto publicación, webcomic y cartel, entre otras. Cómo ilustrador ha publicado obra de manera independiente, presentándose como vendedor de la misma en Printfest, Pixelatl, La Mole, La FIL Guadalajara, etc. Ha publicado ilustraciones en diversos números de la revista Crisálida y en el Fanzine Delfos número 2 y el número 3 ilustrando la portada. Ha escrito reseñas de historietas Mexicanas para la página web de Tandem Cómics. Actualmente inicia también sus incursiones en Art Toy con sus personajes "Lucho" y “Ginoid”. 
Lety Medina Campos (Wyber) “Me dedico a la ilustración, pero toda la vida he contado historias, por eso me he sumergido en otros terrenos como la escritura y la animación con el afán de encontrar de encontrar el medio en el cual debería dedicarme a narrar… Todavía no me decido.
Prefiero las obras en las que hay que detenerse un rato para descifrarlas, porque me da la impresión de que así las conozco mejor. Considero que todo a nuestro alrededor es una historia, esperando ser descubierta.”
María Fernanda González Hernández. Seudónimo: Capulin Kintsugi, 21 años, Municipio Tultitlán, Estado de México. Estudieó diseño gráfico aunque le atrae más las artes plásticas, desde temprana edad ha practicado el dibujo. Toda la evolución que ha tenido a través del tiempo le ha sido muy gratificante  por el esfuerzo, los logros y el conocimiento adquirido. Con cada dibujo su meta es mejorar, probar cosas nuevas en el proceso, actualmente está incursionando en el dibujo digital.
Ynad Bond ha participado en numerosas revistas digitales con historias cortas como “El cuerpo”, “Haciendo historia”. También ha publicado varias novelas interactivas bajo el sello de Pathbooks tales como “La isla de ADYS”, “Criaturas de un mundo muerto”, “Blue Justice”, “El Ejecutor” y “Blue Justice: Fuego y cenizas”. Además de publicar dos novelas gratuitas en internet como “El sendero del tigre” y “El tercer mundo”. Participó también en el fanzine Delfos 3 con los cuentos “El rugido” y “Artificial”. 

«A. I. Messiah» páginas centrales en fanzine Delfos 4

Autor: Gabriel García Morales


“A.I Messiah” por Gabriel García Morales
Título: “A.I Messiah”
Técnica: Pintura digital
Medida 5689 x 2839 pixeles
2023

Gabriel García Morales (Gabo) es licenciado en Artes Visuales por la Escuela Nacional de Artes Plásticas, actual Facultad de Artes y diseño de la UNAM. Originario del Estado de México, Gabo se ha involucrado con las artes toda su vida; el teatro, el cine, la música, la danza, la escultura, el dibujo y la pintura son siempre sus constantes motivaciones. En el arte digital y la ilustración recientemente ha encontrado lo que más le apasiona. Se ha formado con artistas como Dave Rapoza, Steve Huston, Aaron Blaise, Renee Chio, Alejandro Barrón y Jean Fraisse entre otros.

El trabajo de Gabo se desarrolla alrededor de la temática del retrato y lo fantástico. A través de sus imágenes, pretende mostrar momentos en los que las emociones se hacen presentes; capturar el tiempo donde el sentimiento se vuelva eterno.

Gabriel es co-director del Foro Cultural Goya, un espacio en la Ciudad de México, orientado a la enseñanza y difusión de las artes, tiene el objetivo de convertirlo en una de las mejores escuelas de arte del país.

«Prosopagnosia» contraportada del fanzine Delfos 4

Autor: Mario Sánchez M.


«Prosopagnosia» autor Mario Sanchéz M.

"Prosopagnosia"
50 x 40 cm 
2017

Mario Sánchez M. nace en la ciudad de México (1982) es licenciado en Artes Visuales, por la Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM, donde se formó por más de seis años especializándose en la práctica y teoría pictórica. Durante dicha formación y a la fecha exhibe gran interés en las técnicas tradicionales de la pintura, el conocimiento de los materiales y la generación de un discurso propio. Aspectos como el inconsciente, las condiciones del ser humano, la insinuación, lo filosófico, el comportamiento de la psique, lo femenino y las experiencias, dan forma a su obra.

Se desempeña como docente desde el año 2006, en instituciones privadas y públicas dando cátedra en Educación Visual, Historia del Arte, Dibujo Artístico y Pintura. Ha acreditado cursos y seminarios en pedagogía de las artes, generación de programas y planes de estudio, y enseñanza con enfoque en competencias. Como artista plástico profesional cuenta con más de 40 exposiciones, colectivas e individuales, en el país y el extranjero: España, Colombia, Italia y Guatemala. Ha sido seleccionado en exhibiciones nacionales e internacionales como Entijuanarte2010, y la Bienal de Florencia 2017. Actualmente, colabora en conjunto con diversas galerías en la Ciudad de México.

Literomancia: sobre ColectivoDelfos.com

Autor: Miguel Almanza


¿Qué pretendo con ColectivoDelfos.com?

Primero tengo que explicar cómo llegué a este nombre. Originalmente era al revés: “Delfos Colectivo”, con la idea de resumir: “Conócete a ti mismo en colectivo” como una propuesta en oposición al hiperindividualismo contemporáneo. Pero cuando se lo platicaba a otras personas, la gente lo invertía porque es más fácil recordar “Colectivo Delfos” que “Delfos Colectivo”.

Creo que la palabra clave es “colectivo”, que puede ser indefinido por abstracto. Anteriormente he colaborado en varios colectivos culturales; muchos son espontáneos y desaparecen así como aparecen. Los que logran permanecer es porque desempeñan alguna actividad en torno a la cual se agrupan. Hay colectivos y colectivas de todo tipo, incluso parecen un conglomerado extraño.

Este proyecto también es un colectivo, es el primero que estoy convocando. La primera actividad a la que convoqué fue un taller mensual que ofrecí entre amigos y conocidos, durante finales del 2021 y acabando el 2022. Nos reuníamos por cinco horas, en un café o la casa de alguien; yo invitaba la pizza a quienes llegaban temprano. Éramos entre cuatro a tres asistentes, más yo mismo coordinando. Lo sostuve poco más de un año, que era mi meta.

¿Cuántos son un colectivo? Quién sabe. A la hora de la hora, acá empecé el fanzine con tres personas, todas mujeres: mi madre (apoyándome en la logística), Yolanda y Mayra (como consultoras a distancia). En realidad sí nos he considerado un colectivo cultural, aunque pequeño, ciertamente. Entre los alumnos que han acudido al Taller Delfos de Escritura Creativa y los colaboradores, hemos logrado generar una comunidad. Quienes quieran considerarse parte de este colectivo, les doy la bienvenida.

Al momento de escribir esto, hasta el fanzine Delfos 4, se suman 78 colaboradores; 48 escritores y 30 artistas plásticos, más los colaboradores del blog. A todos ustedes muchas gracias por creer en este proyecto.

ColectivoDelfos.com es un emprendimiento impulsado por mí que —además de difusión cultural—, paralelamente ofrece dos tipos de servicios en línea: servicios editoriales y servicios educativos no formales, o al menos esa es la idea. Aunque el fanzine Delfos resultó tener relativo éxito, por parte del emprendimiento he fallado debido a mi inexperiencia, creo que no inicié con los conocimientos necesarios y aún no he encontrado el equilibrio entre difusión cultural y trabajo remunerado.

Además de que, al inicio, caí en un fraude: pagué un curso de maquetación web con costo de 16 mil pesos, aproximadamente unas veinte sesiones de dos horas cada una. Así me gasté mis ahorros de un año que logré juntar como godín de callcenter. Con este supuesto curso me vendieron también software para la página web. También me ofrecieron trabajo de guionista para videos o storyteller por muy poca paga. Pero lo más raro fue que, en lugar de estar concentrados en aprender maquetación web, estaban abocados a tratar de meterme en su sistema de inversión en criptomonedas.

Ahí fue cuando me di cuenta de que había caído en un fraude. Demasiado tarde. Ya había pagado la segunda mitad. Esto que digo sucedió allá por septiembre del 2022, recién lanzado el portal ColectivoDelfos.com. Me sobé con la idea de que les había comprado el software. Pero después me percaté de que el costo de todos modos fue alto. Les dejé de contestar mensajes y dejaron de insistir en el siguiente curso.

El día que el fanzine 1 se estrenó, atacaron el sitio web. No puedo comprobarlo, pero estoy casi seguro de que se enojaron porque seguí con mi proyecto sin ellos. Me obligaron a aprender rápido y logré recuperar el control del sitio web después del ataque. El siguiente golpe fue unos meses después cuando el software pagado, los plug-ins que me vendieron, dejaron de actualizarse. Tuve que quitar casi todo lo que ellos instalaron. Dejé lo esencial y me quedé con el software que no es de cobro. He aprendido administración web a chingadazos. O a lo mejor, simplemente, caí en la ingenuidad del emprendimiento.

Antes administré un portal, pero mi administración se limitó a seleccionar, corregir y publicar textos, no conocía la parte detrás, el trabajo del web master. Creo que aprendí rápido (y sigo aprendiendo) porque ya conocía el maquetador de Blooguer, eso me ayudó a conocer WordPress. Y siempre se me ha dado bien la informática, soy curioso, busco videos, pregunto a conocidos y googleo. También tengo el apoyo de un consultor de seguridad web, Fernando Hernández (Gat@Viejo1) a quién acudo en caso de dudas o necesidad. Incluso para obtener más herramientas tomé un curso de profesionalización de prácticas en gestión de proyectos culturales, información que apenas voy asimilando. En fin, ColectivoDelfos.com es aún un proyecto en ciernes, constantemente replanteándose y evolucionando. Mi inexperiencia me obliga a ello.

Mi experiencia ha sido colaborando en otras publicaciones como escritor, editor o corrector. Además estudié la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UNAM (ahora retomando para egresar), que sí me brindó una base teórica respecto a las empresas editoriales, al tiempo que estoy estudiando Creación Literaria en la UACM. Pero el proyecto es más grande de lo que creí. En “teoría”, todo es ideal. En el mundo material, siempre es más complicado.

Como emprendedor me siento abrumado por un mundo cibernético monstruoso que me pide posteos diarios de diferentes cosas todos los días; además de escribir, estudiar y trabajar. Así que está muy difícil. Por ello he decidido ir a paso lento pero seguro. Para que poco a poco, la permanencia sea lo que genere confianza, y poder ofrecer mis servicios cuando tenga más clara dicha situación y me sienta con seguridad. Creo que las páginas web son como los textos que se pueden pulir con tiempo y esmero.

“Literomancia” es una columna mensual dedicada a temas editoriales y literarios, escrita por Miguel Almanza, director y editor de colectivodelfos.com y el fanzine eletrónico Delfos; estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM; es egresado de la Escuela de Iniciación Artística 1 del INBAL, especialidad guitarra. Actualmente estudia la licenciatura en Creación Literaria en la UACM. Visita su blog personal: https://miguelalmanzaescritor.blogspot.com/ 

Portada del fanzine Delfos 4


La portada del fanzine electrónico Delfos 4 es adornada con la pintura
«Teyollocualóyan, el encuentro» del pintor Enrique García Bruno.

La combinación de luces y sombras nos lanzan a visiones chamánicas temibles y eróticas, explorando la oscuridad de nuestra mente.


Temple semigraso y óleo sobre tela.

20 x 30 cm.

2023.

Enrique García Bruno pintor nacido en la Ciudad de México en 1987. Inicia su recorrido en la pintura por cuenta propia, posteriormente ingresa en el estudio del maestro José Samano Torres.

Con gusto por el tenebrismo, los gabinetes de curiosidades, el erotismo y la muerte es como va encontrando y formando su lenguaje pictórico actual.

Considero que debemos abrazar la oscuridad, el erotismo, la sexualidad, la muerte, nuestros miedos más profundos, trastornos y perversiones; como una fuente inagotable de inspiración que nos confronta a nuestros más puros instintos de supervivencia de la carne en una búsqueda constante un poco falsa de una mejor experiencia de vida.

Síguelo en sus redes sociales:

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https://www.instagram.com/enriquegarciabruno

Misión Cyborg en el MIDE (Museo Interactivo de Economía)

Reseña por Mayra Daniel

Sin saberlo, diariamente se libra una batalla en el mundo: los Estafadroides, malhechores que amenazan las finanzas personales de las personas en todo el mundo se enfrentan a los Gladiadores. Esta es la trama detrás de «Misión Cyborg», la exposición del Museo Interactivo de Economía que celebra 18 años.

El Museo Interactivo de Economía, que ocupa el lugar que fuera el Antiguo Convento de la Orden de los hermanos de Belén, es ahora el escenario de esta exposición temporal en la que la Ciencia Ficción es clave para explicar los riesgos de bajar la guardia y hacer transacciones digitales descuidadas o tener contraseñas fáciles de adivinar.

La «Resistencia», todos los visitantes, podrán visitar el NODO, la central de reclutamiento donde los aspirantes a Gladiadores tendrán que aprender técnicas que te permitirán enfrentarte exitosamente a los Estafadroides: fortalecer tus contraseñas digitales, reconocer páginas falsas que solo buscan quitarte tus datos personales, no caer en promociones e invitaciones que son simples trampas para apoderarse de tus bienes digitales.

La red es un auténtico Laberinto y en Misión Cyborg puedes recorrerlo para aprender más sobre los consejos que te pueden proteger; además en el Coliseo podrás escuchar la historia del enfrentamiento permanente entre los Estafadroides y los Gladiadores.

El MIDE está de fiesta, pues este museo de la ciudad recientemente cumplió 18 años, así que al visitar esta exposición temporal serás parte de la celebración. ¡No te la pierdas! El Mide se encuentra en Tacuba 17, Centro Histórico, Ciudad de México.

La palabra de los abuelos: «Jukíluwa, la que nos da de comer»

Roberto Carlos Garnica Castro

La escritura es mágica y en este preciso instante puedes “oírme” gracias a su poder, pero nunca hay que dejar de abrevar de la ancestral sabiduría oral.

En Papantla, cuna de la hermana vainilla, viven muchos abuelos que desean compartir sus historias. Aquí recupero algunas de esas narraciones y las reelaboro de manera literaria. En esta ocasión, te presento una leyenda que me compartió el maestro José Luis González Santiago.

Jukíluwa, la que nos da de comer

Era casi mediodía y la luz y el calor de Chichiní, el sol, inundaban la tierra. El pequeño Jun (Colibrí) curioseaba en el monte. Se sentía seguro porque lo acompañaba su abuelo, un hombre sabio y fuerte. Una imprudente distracción hizo que resbalara por la ladera del cerro. La caída no fue grave, pero lo dispuso para un terrible encuentro.

—¡Hhhaaaaaaa! ­—le advirtió una serpiente de aproximadamente seis metros.

Sin saber cómo, en un abrir y cerrar de ojos, Jun estaba otra vez junto a su abuelo.

—¡Préstame el machete abuelito! —solicitó jadeando.

—¿Para qué lo quieres, hijito? —le preguntó Kiwíkgolo, el señor del monte.

—Allá abajo hay una culebra muy grande.

Kiwíkgolo se asomó y contempló al reptil que, grueso como un tronco, se desplazaba con elegancia hacia el corazón de la selva.

—Pequeño Jun, ¡se trata de la majestuosa Jukiluwa, la serpiente venado! A quien tus hermanos del valle llaman mazacuata, ¿qué te hizo para que quieras apagar su vida?

—Nada abuelito, me asustó… pero podría matarme, creo —articuló el niño y agachó la mirada, pues reconoció que había hablado irreflexivamente.

—Mi niño, recuerda que todos los seres tienen un lugar y una misión. Jukiluwa es muy importante, es la reina de las cosechas, la cuidadora de la milpa. Los abuelos no la matan, es sagrada. kinkamawiyán, nos da de comer —concluyó con solemnidad.

—¿Nos da de comer? —preguntó Jun con sorpresa.

—Jukiluwa es buena, no ataca, cuida la milpa. A veces los hombres consiguen una cría y la meten en un agujero, en una cuevita cerca de la milpa, le dan huevo o pollito para que se halle y allí viva, la hacen crecer para que cuide el huerto y haya abundancia —explicó el abuelo.

Jun, pensativo, miraba hacia el horizonte.

—Nietecito mío, ¿quieres que te cuente la historia del hombre a la que Jukiluwa dio de comer?

Al niño le brillaron los ojos pues supo que sus tres corazones serían alimentados con bellas palabras.

—¡Sí, abuelito!

—Pero démonos prisa, porque nos esperan en casa.

Y fue así como, mientras caminaban entre un mar de cedros, Kiwíkgolo narró esta historia:

«Había una vez un señor que no tenía esposa, vivía solo en el monte y era muy trabajador. Todos los días se iba muy temprano a la milpa y, al mediodía, regresaba a su casa para comer. Se llenaba la panza con cualquier cosa y se sentía muy triste porque no había nadie que lo ayudara ni lo acompañara. Así pasó mucho tiempo y él se preguntaba si algún día cambiaría su suerte.

Una tarde, cuando regresó a su casa, su corazón se llenó de alegría porque, al abrir la puerta, lo abrazó el olor de las tortillas recién hechas: la mesa estaba servida, la comida era sencilla, pero no recordaba haber probado nunca algo tan sabroso.

El día siguiente pasó lo mismo y también el tercero. Era tanta su extrañeza que se dijo “Tengo que averiguar qué pasa. Mañana saldré del jacal, pero no me iré a la milpa, me esconderé en el patio y veré quién viene a dejar la comida”.

Y así hizo: se escondió detrás de una vieja ceiba y, poco antes de las doce, vio llegar a una gran serpiente café y canela que se deslizó por debajo de la puerta, ¡era Jukiluwa!

No se movió y siguió esperando, pero pocos minutos después se encendió el fogón y el hombre, sin pensarlo, corrió a la casa. Al abrir la puerta descubrió a una hermosa mujer de largo cabello negro cocinando.

¿Eres tú la que me hace el almuerzo? —le preguntó con firmeza.

Sí —respondió ella, mirándolo con sus ojos dorados.»

—Y fue así, mi niño, como la sublime Jukiluwa, al ser sorprendida, no tuvo tiempo de vestirse otra vez de víbora y se quedó, en su forma de mujer, a vivir con el hombre.

—¡Qué interesante historia, abuelito!

—Sobre la Serpiente venado hay mucho que contar.

—¿Es cierto que, en la noche de San Juan, a Jukiluwa le crecen alas y vuela hacia el mar? —preguntó entusiasmado.

—Jun, mi inquieto pajarillo, ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

“La palabra de los abuelos” es una columna mensual con la misión de recuperar y difundir mitos de la tradición oral totonaca en la región de Veracruz adaptados por Roberto Garnica  quien se ha desarrollado principalmente en el ámbito académico como filósofo, antropólogo e historiador, ha publicado también en libros y revistas nacionales e internacionales.

Agradecimientos:

Al maestro José Luis González Santiago, por compartirnos la historia de Jukiluwa, la que nos da de comer.

Al maestro José López Tirzo, por asesorarnos con la escritura de los vocablos totonacos.

Crédito de ilustración: Lluvia Garnica