Silfos nocturnos, fuegos fatuos y comerrocas, una tortuga gigante, un monstruo proteico y un dragón de la suerte, oráculos y esfinges, hombres lobo, brujas y vampiros, tres niños (una emperatriz, un héroe y un lector apasionado), y muchas otras criaturas fantásticas, hacen de La historia interminable un impulso para soñar y viajar.
Es también un texto que estimula el pensamiento. ¿Me acompañas a desentrañar sus tesoros filosóficos?
La voz del silencio
En La voz del silencio (capítulo séptimo de La historia interminable) se hace presente la entidad con la que Atreyu, después de traspasar las tres puertas mágicas, dialoga en un “bosque de columnas que, a la clara luz de la luna, arrojaban sus sombras negras” (Ende 2022, p. 123). Se trata de “Uyulala, la voz del silencio, voz del Palacio del Profundo Misterio” (Ende 2022, p. 125). Dicho ser invisible, pero omnipresente le revela a Atreyu la cura para salvar a la Emperatriz Infantil: se le debe dar un nuevo nombre, pero sólo puede hacerlo “una criatura humana del mundo situado más allá de las fronteras de Fantasia” (Ende 2022, p. 131).
Además de la historia, que es fascinante, el Capítulo VII aborda varios tópicos filosóficos: la posibilidad de ubicar y rebasar la frontera entre realidad y fantasía, el carácter belicoso de la sociedad, la relatividad del tiempo, la exigencia posmetafísica de que el lector entre al libro, la paradoja que implica comprender algo sólo cuando no existe más y, por supuesto, la pregunta fundamental de la antropología filosófica: ¿quién soy?
La primera inquietud metafísica que se nos presenta es dilucidar en qué clase de lugar se encuentra Atreyu. Se describe como un bosque de columnas que no sostienen nada, encima se aprecia el cielo nocturno, un profundo silencio lo envuelve todo, el suelo está cubierto de mosaicos con dibujos enigmáticos y proliferan escaleras que suben y bajan. No hay que olvidar que, para llegar allí, el héroe superó la mirada de las esfinges, enfrentó su imagen real en el espejo mágico y abrió la puerta sin llave. ¿Se trata del interior de Atreyu?, ¿de un supramundo?, ¿de una especie de no-lugar más allá de Fantasia? La cuestión es que allí, en el Palacio del Profundo Misterio, el niño ya no sabe quién es ni como se llama, ni cómo llegó allí ni qué busca.
Otra cuestión metafísica consiste en indagar qué es Uyulala. Emerge, en medio del silencio, como un sonido, como una “voz flotante […] muy bella y argentina y alta como la de un niño, pero que sonaba infinitamente triste e incluso parecía a veces sollozar” (Ende 2022, p. 123). En ocasiones se manifiesta muy fuerte y otras muy débil, pero nunca cesa por completo, incluso cuando calla flota alrededor en un tono constante. Es latido y respuesta. Nadie la puede ver, su “cuerpo es acento y tono” (Ende 2022, p. 126), y dejará de existir cuando la canción acabe. Finalmente, en un ejercicio de metacognición y sabiéndose parte de una historia, concluye: “somos un cuento trivial, personajes poco claros. Sueños de amor y cariño” (Ende 2022, p. 129).
Un efecto interesante ocurre cuando Atreyu le pregunta a Uyulala “¿Quién eres?”: como ella sólo comprende lo que se expresa en verso, a manera de eco le revira “¿Quién eres?”. El joven piel verde reflexiona e intenta responder: “¿Quién soy? No podría decirlo. Me parece que alguna vez sí que lo he sabido. Pero, ¿es tan importante” (Ende 2022, p. 124).
El pasaje nos sugiere que preguntar por el ser del otro es, en última instancia, preguntarnos por nosotros mismos, pero hay algo en el cuestionamiento final (¿en realidad es tan relevante saber quién soy?) que exige una exégesis más compleja y profunda.
Hasta ahora hemos destacado los rasgos filosóficos de La historia interminable, pero el camino nos impulsa, cada vez más, a reconocer los elementos simbólicos y esotéricos: esfinges, espejos, puertas sin llave, columnas sin techo, escaleras…
Es poco probable que Michael Ende leyera La voz del silencio de Helena Blavatsky, sin embargo, estimula el pensamiento identificar aquel título con el del capítulo VII de La historia interminable. Es por ello por lo que, aunque quizá se trate de un exceso hermenéutico, retomamos algunos conceptos de la fundadora de la Sociedad Teosófica para comprender de otra manera nuestro texto.
Blavatsky asevera que para escuchar la voz de Nâda se debe practicar la perfecta concentración de la mente en un objeto interior, la abstracción absoluta de todo lo relacionado con el Universo externo (lo sensorial). Nâda es “the Soundless Sound”, the “Voice of the Silence” (Blavatsky 2015, p. 1) y significa, literalmente, “Voice in the Spiritual Sound” (Blavatsky 2015, p. 73). La Mente es la gran Asesina de lo Real y, por ello, el Discípulo debe asesinar a la Asesina (Blavatsky 2015, p.1). Sólo entonces podrá liberarse de la ilusión y escuchar la Voz del Silencio.
En este sentido, retomando lo desarrollado en la entrega anterior (Garnica 2025), nuestro niño héroe se embarcó en una búsqueda mística en la que, para alcanzar la revelación, debió dejar atrás las preguntas y las dudas, enfrentar su imagen real, aprender a actuar sin finalidad, olvidarse de sí mismo, dejar de buscar y escuchar la voz del silencio.
En esta entrega no abordamos todas las cuestiones filosóficas que se tocan en el Capítulo VII de La historia interminable. Ya habrá ocasión para hablar de ellas. Pero queda claro que propone una forma revolucionaria y transfilosófica de concebir el conocimiento: para descubrir lo que de verdad sana es necesario buscar otras vías, abandonar los sentidos, superar la razón, mirar hacia dentro y desvelar la Voz del Silencio.
Ilustración de la entrada “Del silencio al vuelo” por Tomás “Yami” Hernández.
Referencias.
Blavatsky, Helena (2015). The Voice of th Silence. Theosophical University Press.
Ende, Michael (2022). La historia interminable. Alfaguara.
Garnica, Roberto Carlos (2025). El cruce de puertas como alegoría de la vida. En La filosofía interminable de Ende, columna del Blog de Colectivo Delfos. Recuperado de https://colectivodelfos.com/2025/06/01/la-filosofia-interminable-de-ende-el-cruce-de-puertas-como-alegoria-de-la-vida/
