1 16 de agosto de 2142, 6:17 hrs.
Antes que salga el sol apago mi baliza, dejo el campamento y regreso para mirar la ciudad en ruinas. La Luna, partida en tres enormes fragmentos y una larga cauda de otros menores, refleja suficiente luz para alumbrar la antigua autopista por donde camino. El asfalto está resquebrajado en multitud de lugares de donde brota maleza y algún joven árbol. En uno y otro lugar hay montones de óxido sobresaliendo entre tierra y lodo. Evocaciones distantes de lo que alguna vez fueron vehículos.
Me detengo el mirador. Esta zona y las colinas alrededor de la ciudad estaban cubiertas por bosques. Ahora hay tocones y restos de troncos calcinados. Entre ellos, tímidamente, sobresale rala vegetación y pequeños árboles.
El talud desciende abruptamente un tramo y luego cambia de ángulo para llegar a las afueras de la ciudad. El sol sale a mis espaldas entre la serranía y alumbra las zigzagueantes bordes y puntas desgastas de los enormes rascacielos que no se derrumbaron. Conforme los rayos descubren la ciudad, observo los montículos que están alrededor de las marchitas superestructuras. Los trazos de las calles aún se alcanzan a ver y en varias zonas aún quedan marcas de los incendios y las deflagraciones.
Suspiro, esa vasta ciudad era el lugar donde nací, donde vivieron generaciones de mis antepasados. Y ahora está muda, quieta, silenciosa. Entonces recuerdo que el silencio es total: esta zona se llenaba con el canto de los pájaras. Muchas veces contemplé el amanecer en compañía de alguna de mis madres tras un fin de semana de campamento.
Doy la vuelta y miro al piso del mirador. Está hecho del concreto que superará en duración cualquier obra humana. Está en un leve ángulo que permite que el agua, lodo y suciedad retrocedan hacia la autopista y se desfoguen en el canal que divide a ambos.
Allí están las sombras alargadas, tatuadas en la superficie ocre del concreto. Inician donde está mis pies y se extienden casi tres metros. Eran dos, tomados o tomadas de la mano, con los cuerpos ligeramente separados pero las cabezas juntas, quizás besándose, quizás mirándose en el momento final antes de que la ola de fuego y radiación los alcanzara.
No hay espectros que tenga alas ni que canten al amanecer desde hace medio siglo. Menos de los que quedaron atrás en un último adiós.
2 6 de enero de 2092, 11:57 hrs.
Kethian camina por el boulevard principal. Cada paso que da hace que broten emojis y avatares del suelo ofreciendo links y productos diversos. No la llaman la atención, ella está sumergida en la música del reencuentro de Luna Sea tras el debatido tratamiento gerontológico de cada miembro de la banda. Música de viejitos le han dicho siempre sus buddies pero a ella no le importa. Es mucho mejor lo que comparte su abuela Mikhal que la nanomusik tan de moda, pieza de dos o tres segundos que generan tendencias que no duran más de un día.
Se detiene junto a una de las sequoias que surgen cada cinco metros y toma asiento en una de las bancas desocupadas. Trata de alcanzar con la vista donde termina el árbol pero la distraen las torres que bordean cada lado de la avenida con sus 200 ó 300 metros de altura. A pesar de sus dimensiones, el paseo arbolado palidece al lado de las superestructuras, cada una un centro comercial habitable que es la aspiración de vida de los buddies. Dentro lo aburrido de una vida real queda supeditada a una emocionante vida 3D conectada directamente al 10G de la neonet.
Por el momento, para los que viven fuera de esos castillos de acero, cristal y bits, las paredes proyectan emojinuncios, el último grito de la moda nanomusik, notas de los hi-fluencers e invitaciones para unirte a los cyberclans de cada edificio si cuentas con el perfil esperado.
—¡Holalis! Llegaste temprano, santa puntualidad —suena una musical voz a un costado. Es Myanwë quien saluda efusivamente detrás del filtro gatuno con el que viste. Kethian apaga los implantes cocleares y el visualizador en su córnea, los regalos de mamá Semia al concluir los estudios previos a la Metaversidad. No le ve mucho sentido cursar una carrera de dos años pero la abuela ha insistido, “ya ves a la tía Zarahaí, ¿no es un orgullo para nuestra familia?”
—No manchegues, Myan. Quedamos a las doce y es casi la una.
—¿Qué? ¿No te enteraste? Los Mantíkhoran están en primer lugar con su “Pa’que tempranis baby”. Toda una revoltion en la nanomusic. Y es inmoda llegar tarde: #tardisbaby es tendencia.
—¿Desde qué hora? —preguntó Kethian mientras pedía un resumen de modas y tendencias en la última hora.
—Como a las nueve inició…
—Vaya que dura más que una clase, y no baja en las charts.
—Nopnop, vámonos que quiero llegar y ganar lugar, Keth.
—¿Y la moda qué wave?
—Esa es la digivida, en la realife mis nachas necesitarán asiento.
3 16 de agosto de 2142, 8:32 hrs.
—Karent, ¿dónde vagas? —suena por mi radio. Es Yulie, nuestra coordinadora maestra, preocupada por saber de todo su rebaño
—En el mirador, quise salir a pasear.
—¿Insomnio otra vez?
—Como todas desde el accidente. Por fortuna hemos regresado.
Era un decir, fue asunto de trabajo en equipo de las treinta tripulantes y Aracné, la red de inteligencias artificiales de la nave. Lástima que Myan y Savant no sobrevivieron a sus heridas cuando salieron a apagar los motores de salto. Luego transcurrieron dos años de mucho esfuerzo y sacrificios reparándolos en un lugar de la galaxia a más de cien años luz de nuestro hogar.
Tuve que atender a la mayoría como a algunas de las IAs. En una situación desesperada el enojo, la frustración, la depresión y la desesperanza son habituales, más cuando ocurrió un accidente en un viaje de prueba que solo duraría dos semanas y cerca de la Tierra.
—Se que es duro, pero te necesito… te necesitamos por acá. Por favor, no salgas sola. No podemos arriesgarnos a perder una más. Ya sabes, no puedo perderte.
—Me regreso por la autopista del sur —respondo después de prender mi baliza. Todos necesitamos ciertas palabras como reafirmación de los hechos. Antes de tomar mi camino vuelvo a mirar la ciudad que semeja una cicatriz retorcida de acero y cristal. De forma impulsiva suelto un “Hasta el rato” a sombra de la pareja que está el piso.
4 6 de enero de 2092, 14:00 hrs.
La cúpula está activa y el día se ha oscurecido casi en su totalidad. Myanwë no cabe de gozo, alcanzaron lugar en uno de los cuadros de césped de la plaza central. Kethian está a su lado y también mira el enorme holo que se despliega en el aire al centro del lugar. Allí se proyecta el conteo final de la espacionave Spérant en su viaje de ida y vuelta a la Luna como parte del programa espacial de la UE. Ambas tienen apagados sus implantes y dispositivos para charlar a gusto, como solo los viejos lo hacen.
—So? ¿Enterarás a la Meta? Mejor vámonos de voyaj, conozcamos el mundo —propone Myanwë
—Es lo que la abue Mikhal quiere, que aproveche que estoy joven y le dedique a la Meta —responde Kethian—. ¿Sabes? Aún da clases de biologic y le writea.
—Vaya con la prix de tu abu, tenemos años y un siécle adelante. Ya sabes Pa’que tempranis baby, si nos queda una vidis…
—¡Ya cállate! –exclama y ríe Kethian—. En verdad va de bad a malmalest los Mantíkhoran. ¿Calidad quieres? From my heart, i want to tell you, If i can see your smile forever… —canta a capella, Myanwë voltea y le roza la mano que apoya en el césped. Kethian, quien mira al aire, calla de súbito y la palidez inunda su rostro.
—¿Qué pas… —alcanza a articular Myanwë al tiempo de mirar al aire. El holo muestra en recuadro a la Spérant con las ventanillas iluminadas. Frente a ella hay un enorme vórtice, su borde, lleno de polvo y luces, gira como si fuera una galaxia. El holo principal muestra el puente de comando donde las starnautas hablan entre ellas y gesticulan con fuerza.
Casi al mismo tiempo Kethian y Myanwë activas sus implantes cocleares y oculares.
10…
Myan, ¡apaga los motores de salto!
No me deja la navegación de Aracné, dice que están apagados.
9…
¿Cómo? ¿Y eso que tenemos enfrente?
Según navegación, es una simulación.
8…
Karent, convence a Aracné de que está en un error.
Aye, Savant, es lo que trato e insiste que están apagados. Que solo están encendidos en un simulacra… intentaré algo más…
7…
Yulie, ¿entraron a ingeniería? ¿Pueden cortar el flujo? Usen un hacha…
Nos tiene fuera, selló las puertas…
6…
Savant, ya percibió que está en un error…
Gracias, Gran Gaia, gracias
5…
…pero no tiene tiempo de parar el salto
¿Cómo?
4…
Tripulación, sujétense y que la suerte nos acompañe…
3…
Gracias a todas.
2…
El holo del puente es sustituido por la vista externa de la Spérant y el vórtice.
1…
0…
La nave sale disparada, penetra el negro centro rodeado por el borde giratorio que colapsa sobre sí mismo y desaparece. Sobre la superficie terrestre, cerca de donde estaba el límite del vórtice, se ven varios hongos de fuego, polvo y cenizas.
Informan de varias explosiones en Kamchatka, Corea y Japón. Aún se desconoce su origen y características, dice una voz en off mientras en el holo las bolas de fuego ascienden para toparse con la parte superior de la atmósfera y salir eyectadas al espacio. Avisan que mantengan la calma en lo que el gobierno emite su postura oficial.
El holo se apaga al igual que la oscuridad de la cúpula. La multitud alrededor grita, gesticula, varios lloran y muchos más echan a correr.
—¿Qué hacemos? —pregunta Myanwë con enorme angustia tras ponerse de pie.
—Ven, hagamos un pequeño viaje, juntas —contesta Kethien y la toma de la mano.
5 18 de agosto de 2142, 7:00 hrs.
Escucho los pasos a mis espaldas mientras contemplo de nuevo la ciudad.
—Sabía que aquí estarías, Karent. ¿Ya tomaste tu decisión? Tu voto es el que decidirá todo.
—Mal nombre le diste, no somos las siete Evas, Yulie. Somos veinte por cuestiones de edad y salud. Tenemos óvulos suficientes entre todas para procrear a varias decenas y usar a Aracné para variabilidad genética. Digo, no pensaba tener hijos, no era necesario y no estoy muy convencida. ¿Alguna Eva tuvo que decidir en continuar o extinguirse? Y mira el resultado del antes –le señalo la ciudad.
—Sabes lo que encontramos en las bitácoras estación espacial, no fuimos nosotras ni el motor de salto. Alguien saboteó las IAS, otros se sintieron amenazados y lanzaron un ataque preliminar con bombas de plasma. Luego todo escaló. Creo que será mejor la próxima vez: tenemos herramientas, tecnología, conocimientos y sabemos qué ocurrió aunque desconocemos a los culpables.
—Tengo miedo, Yulie.
—Todas tenemos pavor por la responsabilidad. Pero es envejecer y morir, dar saltos en la galaxia para ver si encontramos otro lugar. O reintentar aquí, ahora. ¿Qué decides?
6 7 de enero de 2092, 7:00 hrs.
—En neta es beauty —expresa Myanwë, arrobada por el amanecer en el mirador. Los pájaros las sobrevuelan y cantan mientras las crías llaman desde el bosque—. Aunque hace frío.
—Siempre le likeó a la tía Zarahaí y a la abu Mikhal. Me traían seguido desde peque.
—¿Tu tía era la que estaba allí, en la…
—Sipsip, era ella.
—Ya verás, en un tris prix regresará. Oye, ¿y cómo seguía esa canción que te cuttearas?
—From my heart —canta Kethian—, i love you, I want to take away those tears, all of them. I for you…
Nerviosa Myanwë besa a Kethian quien cierra los ojos y mantiene el contacto entre los labios en una eternidad personal. Sobre la ciudad surge una enorme luz seguida de una ola de fuego. Las aves, los bosques, el beso y ellas se evaporan.
7 18 de agosto de 2142, 7:05 hrs.
Sorprendida veo cómo dos pares de alas cruzan el horizonte. Detrás las siguen una bandada.
—Entonces, Zarahaí, ¿qué decides? —insiste Yulie.
—Intentemos —respondo mientras abrazo a mi compañera y acerco mi rostro al de ella.
Alcanzo a ver, a nuestro costado, las sombras de la pareja que estuvo aquí como si fueran las nuestras. Mientras cierro los ojos, se que los espectros del pasado también le cantaron al amanecer.
